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25/1/26

Listado de Samsot y Missé Hermanos: (1870-1920)

Fototipia artesanal y memoria visual de la Barcelona del cambio de siglo (1870-1920)

Introducción: más allá de los gigantes industriales

La historia de la tarjeta postal ilustrada española ha privilegiado tradicionalmente las narrativas de las grandes empresas centralizadas como Hauser y Menet en Madrid, cuya producción alcanzaba los cinco millones de tarjetas anuales en 1905, o la Fototipia Thomas en Barcelona, que llegó a acumular 22.000 negativos fotográficos documentando la península. Sin embargo, esta concentración historiográfica en los gigantes de la industria fotomecánica ha oscurecido el papel fundamental que jugaron talleres medianos de artes gráficas como Samsot y Missé Hermanos, cuya aportación al patrimonio visual catalán resulta insustituible tanto por la calidad técnica de sus fototipias como por su capacidad de documentar la transformación urbana, cultural e identitaria de Cataluña entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.f

La firma Samsot y Missé Hermanos, cuyas variantes documentales incluyen las denominaciones "Samsot y Missé Hs. Barna" y "Samsot y Missé Gerns. Barna" —esta última utilizando la abreviatura catalana Germans (Hermanos)—, operó como establecimiento híbrido de fototipia, edición postal y artes gráficas en Barcelona durante un período que las fuentes sitúan aproximadamente entre 1870 y 1920, con un núcleo de actividad intensiva concentrado entre 1895 y 1910. A diferencia de los pequeños editores provinciales que subcontrataban la impresión a terceros, Samsot y Missé disponía de capacidad técnica propia para la fototipia, lo que les permitió controlar íntegramente el proceso productivo desde la selección del negativo fotográfico hasta la elección del soporte de cartulina y el acabado final.

La fototipia, ese procedimiento fotomecánico inventado en 1856 por el francés Louis Alphonse Poitevin y perfeccionado posteriormente por Joseph Albert —razón por la cual también recibió el nombre de Albertipo—, constituía una tecnología compleja que requería inversión en maquinaria especializada y conocimientos técnicos avanzados. El proceso como ya hemos visto, consistía en extender sobre una matriz de vidrio una capa de emulsión fotosensible de gelatina bicromatada sometida a cocción, que posteriormente se impresionaba mediante contacto con el negativo fotográfico. La gelatina se tornaba más insoluble en las zonas transparentes del negativo, permitiendo que la tinta se absorbiera con mayor facilidad en esas áreas. Esta técnica ofrecía una riqueza tonal y una nitidez superiores a otros procedimientos de reproducción masiva, aunque presentaba la limitación de deteriorarse la gelatina durante el proceso de impresión, perdiendo nitidez tras aproximadamente 500 copias. Esta restricción obligaba a las empresas fototípicas a operar con tiradas controladas y a renovar constantemente las placas matrices, lo que encarecía la producción, pero garantizaba una calidad constante.

El posicionamiento estratégico: fototipia artesanal frente a producción industrial

Mientras Hauser y Menet operaba desde Madrid como una auténtica "fábrica de imágenes" estandarizada que hacia 1905 había completado su célebre "Serie General" con 2.078 postales numeradas de toda España, Samsot y Missé adoptó una estrategia de diferenciación por contenido y calidad en el mercado barcelonés. La comparación entre ambos modelos empresariales resulta reveladora de las distintas vías de explotación comercial de la imagen postal en la España del cambio de siglo.

Hauser y Menet, fundada en 1890 por los suizos Oscar Hauser Müller y Adolfo Menet Kürsteiner, representaba el modelo de producción industrial centralizado: una empresa que había alcanzado tal perfección técnica en la fototipia que imprimía no solamente sus propias series, sino también las de cientos de pequeños editores provinciales que carecían de medios para la reproducción fotomecánica. Su catálogo era enciclopédico y sistemático, documentando exhaustivamente cada provincia española con una numeración continua que facilitaba la colección y el intercambio postal. Su estética fototípica era estandarizada y predecible: tono uniforme, encuadre documental, grano fino industrial, calidad constante, pero sin experimentación. Este modelo respondía a la lógica de la producción en serie y a la demanda de un mercado masivo de viajeros, turistas y coleccionistas que buscaban postales como souvenirs genéricos de los lugares visitados.

Frente a este gigante madrileño, Samsot y Missé se posicionó como un atelier fototípico especializado que ofrecía un producto más curado, dirigido al coleccionismo culto y al sentimiento de pertenencia local vinculado al catalanismo cultural de la época. Su producción no aspiraba a la cobertura sistemática de todo el territorio español, sino que se concentraba en series temáticas y retrospectivas de alto valor documental e identitario: la Barcelona anterior a las transformaciones urbanas del Eixample, los monumentos medievales catalanes, las vistas del Tibidabo que documentaba el ocio burgués, o las series de Manresa y otras poblaciones de la Cataluña interior.

Esta estrategia de diferenciación se manifestaba también en los acabados técnicos: mientras las postales de Hauser y Menet presentaban un acabado satinado o calandrado que reflejaba la producción industrial optimizada, las de Samsot y Missé solían utilizar cartulina con textura ligeramente más porosa o mate, de alto gramaje (entre 280 y 350 g/m², según los estándares técnicos del papel para tarjetas postales de la época), buscando emular la calidad del grabado antiguo y reforzar su perfil "artístico"Este detalle aparentemente menor constituía una declaración de intenciones estéticas que situaba sus postales en un registro distinto al de la producción industrial estandarizada.

La memoria urbana: Barcelona Antigua y la nostalgia como estrategia editorial

Una de las aportaciones más significativas de Samsot y Missé Hermanos al patrimonio visual catalán fue su célebre serie "Barcelona Antigua", que incluía postales con la leyenda "Barcelona, año 1870". Esta colección retrospectiva documentaba la ciudad amurallada y los espacios urbanos previos a la expansión del Eixample, ofreciendo un producto que Hauser y Menet, con su obsesión por la modernidad y el progreso, no podía replicar con la misma sensibilidad local.

El contexto histórico de esta estrategia editorial resulta fundamental para comprender su impacto. A mediados del siglo XIX, Barcelona experimentaba una transformación urbana sin precedentes impulsada por la industrialización y el crecimiento demográfico. Las estrechas calles medievales del Barri Gòtic resultaban insuficientes para albergar a una población en rápido aumento, lo que condujo al derribo de las murallas (ejecutado en diferentes fases entre 1854 y la década de 1880) y a la implementación gradual del Plan Cerdà a partir de la década de 1860. Ildefons Cerdà había diseñado un espacio urbano innovador basado en una cuadrícula que transformó radicalmente el paisaje barcelonés, creando el distrito del Eixample que con el tiempo se convertiría en el barrio emblemático de la burguesía modernista.

En este contexto de acelerada transformación urbana, la serie "Barcelona Antigua" de Samsot y Missé recuperaba imágenes de la ciudad que estaba desapareciendo, respondiendo a una demanda de nostalgia urbana entre los barceloneses que veían esfumarse su ciudad tradicional. Piezas como el Paseo de las Magnolias (n.º 40) o el Puerto y Aduana (n.º 31) capturaban la vida cotidiana con gran detalle, funcionando como documentos históricos de primer orden. Al atacar el mercado emocional del barcelonés que añoraba su ciudad antigua, Samsot y Missé explotaba un nicho que una empresa centralizada de Madrid difícilmente podía comprender o satisfacer con la misma autenticidad.

La estrategia de utilizar sistemas de numeración secuencial para sus series urbanas (ej. n.º 9 Lonja, n.º 31 Puerto, n.º 46 Plaza del Teatro) facilitaba la ordenación y el coleccionismo sistemático, adoptando una práctica que Hauser y Menet había popularizado, pero aplicándola a contenidos de mayor especificidad local. Esta numeración sugiere que Samsot y Missé aspiraba a construir series completas y coherentes sobre temáticas concretas, más que a inundar el mercado con vistas dispersas de múltiples localidades.

Documentando la modernidad burguesa: el Tibidabo y el ocio de las élites

Si la serie "Barcelona Antigua" miraba al pasado, la documentación del Tibidabo representaba el registro de la modernidad burguesa en tiempo real. A principios del siglo XX, la montaña del Tibidabo se convirtió en símbolo del ocio y el progreso técnico de la burguesía barcelonesa. El Funicular del Tibidabo, inaugurado el 29 de octubre de 1901 como el primer funicular de España, respondía al proyecto urbanizador del farmacéutico Salvador Andreu, que vio en las alturas de la montaña el potencial para un área de expansión y recreo de las clases acomodadas.

Samsot y Missé documentó intensamente este proceso de urbanización, produciendo postales sobre el funicular y el "Gran Café Restaurant" de la cima que constituyen testimonios visuales clave del ocio burgués de principios del XX. Estas piezas destacaban por su excelente factura técnica, resaltando la ingeniería del funicular mediante encuadres que enfatizaban la inclinación de las vías y la tecnología del transporte de montaña. Simultáneamente, la burguesía barcelonesa desarrollaba el hábito de las villas de veraneo en zonas elevadas como La Bonanova, Vallcarca o la Font d'en Fargues, buscando escapar del calor y las epidemias urbanas. Las postales del Tibidabo de Samsot y Missé capturaban este fenómeno social emergente, documentando no solamente la infraestructura técnica sino también las prácticas de ocio de las élites urbanas.  

Esta línea de producción conectaba con el desarrollo del excursionismo científico y cultural catalán, un movimiento fundamental para comprender el contexto en que operaban los editores de postales. En 1876 se había fundado la Associació Catalanista d'Excursions Científiques, refundida en 1891 como Centre Excursionista de Catalunya, una entidad que funcionaba como auténtica universidad popular dedicada a dar a conocer el país y fomentar el hábito de recorrerlo y descubrirlo. Este excursionismo, más cultural y patriótico (catalanista) que lúdico o deportivo, generaba una demanda específica de documentación visual del territorio catalán que editores como Samsot y Missé satisfacían mediante series monográficas de alto valor local.

Ediciones territoriales y colaboraciones institucionales

La actividad de Samsot y Missé no se limitó a la capital catalana. Entre sus producciones territoriales destaca el "Álbum Manresa a la vista" (ca. 1895), joya del reportaje urbano temprano que documenta la ciudad de Manresa en un momento de transición tras la crisis provocada por la filoxera y la pérdida de las colonias de ultramar. Manresa había alcanzado en 1910 el mínimo poblacional de todo el siglo, recuperándose solamente a partir de los años veinte. El álbum de Samsot y Missé captura esta ciudad en crisis, pero aun arquitectónicamente íntegra, con vistas como la "Vista general presa des de Sant Pau" que ofrecen un documento urbanístico de primer orden.

Las ediciones del Monasterio de San Juan de las Abadesas en el Ripollès respondían al interés excursionista y turístico por el patrimonio medieval catalán. El monasterio, fundado hacia 885 por el conde Wifredo el Velloso y destinado a su hija Emma como primera abadesa, representaba un hito de la historia condal catalana que el movimiento de la Renaixença había puesto en valor como elemento identitario. Las postales de Samsot y Missé sobre este monasterio circulaban entre los excursionistas y coleccionistas interesados en el patrimonio románico catalán, contribuyendo a su difusión y conocimiento.

Particularmente significativas resultan las series sobre la Alhambra de Granada, postales coloreadas con fondos blancos específicamente diseñados para resaltar la arquitectura nazarí. Estas piezas demuestran que Samsot y Missé, aunque concentrado en el mercado catalán, realizaba también encargos para instituciones y destinos turísticos fuera de Cataluña. El interés por la Alhambra en la segunda mitad del siglo XIX era enorme: declarado monumento nacional el 12 de julio de 1870, representaba el exotismo orientalista que fascinaba a viajeros y fotógrafos. Las postales coloreadas de la Alhambra tuvieron tal éxito que el compositor francés Claude Debussy llegó a componer preludios inspirado únicamente por las postales que Manuel de Falla le enviaba desde Granada.

El aspecto más relevante de la producción de Samsot y Missé, sin embargo, reside en sus colaboraciones con entidades culturales catalanistas. La empresa imprimió material para la Associació Protectora de l'Ensenyança catalana (APEC), fundada en 1899 por Francesc Flos i Calçat con el objetivo de expandir la lengua catalana y conseguir la escuela catalana. La APEC utilizó postales como fuente de financiación, vendiendo series cuyo beneficio se destinaba a "fomentar y sostener escuelas catalanas", como rezaba explícitamente en el reverso de las postales. Estas postales utilizaban clisés de reconocidos excursionistas, amateurs de la fotografía y socios del Centre Excursionista de Catalunya, estableciendo una red de colaboración entre fotógrafos aficionados cultos, instituciones culturales catalanistas y talleres de impresión como Samsot y Missé.

Igualmente, significativa fue la colaboración con el Orfeó Català, la célebre entidad coral fundada en 1891 que constituía uno de los pilares del catalanismo cultural. Samsot y Missé imprimió postales del Orfeó, incluyendo vistas de la Sala de Juntes, que funcionaban como material de promoción y difusión de la entidad. Estas colaboraciones proporcionaban a Samsot y Missé un sello de legitimidad cultural que convertía sus postales en objetos de identidad nacional catalana, no meramente en productos turísticos genéricos Este posicionamiento como "imprenta de la cultura catalana" diferenciaba radicalmente a la empresa de los talleres puramente comerciales centrados exclusivamente en el mercado turístico masivo.

La producción de cromos para cajas de cerillas: diversificación industrial

Samsot y Missé Hermanos desarrolló paralelamente a su actividad postal una importante línea de cromos fototípicos para cajas de cerillas, un rasgo distintivo que posicionó a la empresa en la intersección entre artes gráficas industriales y edición de calidad sobre cartulina. Esta producción se inscribe en el contexto del monopolio estatal creado en 1892 mediante Real Decreto de 30 de junio, que estableció que "la fabricación y venta de las cerillas fosfóricas y toda clase de fósforos constituirán desde el 1º de Julio de 1892 un monopolio del Estado".

El Estado contrató con el Gremio de Fabricantes de Fósforos de España el aprovechamiento de este monopolio, reduciendo gradualmente el número de fábricas a aproximadamente 55 establecimientos. En 1897, buscando incrementar los ingresos para el Tesoro Público, el Gremio decidió incluir cartulinas coleccionables (fototipias) en las cajas de cerillas tipo "gomitas", esperando que el atractivo coleccionista aumentara las ventas. La estrategia generó un fenómeno de coleccionismo masivo que se mantuvo hasta 1908, cuando finalizó el contrato del Gremio.

Los cromos se organizaban en series completas de 75 números con temáticas variadas: artistas, cupletistas, toreros, miembros de la realeza, figuras políticas y personajes de la sociedad de los siglos XIX-XX. Las fototipias eran obra principalmente de dos talleres: J. Thomas y Samsot y Missé Hermanos, siendo esta última responsable de la Serie 5 de "Artistas y cupletistas", colecciones que circularon masivamente y hoy constituyen valiosos documentos de la cultura popular y la industria del espectáculo.

La versatilidad productiva de Samsot y Missé queda patente en esta doble vía: no se limitaban al nicho del coleccionismo postal culto, sino que participaban en la producción industrial masiva de materiales efímeros para consumo popular cotidiano. La Biblioteca Nacional de España conserva en su "Álbum de cromos de cerillas" ejemplares de estas series fechados entre 1870 y 1920, aunque la datación "1870" debe interpretarse con cautela, ya que la producción del Gremio comenzó en 1897 y fechas anteriores probablemente corresponden a temáticas retrospectivas.

En el mercado coleccionista se documentan lotes como "75 fototipia caja de cerillas, artistas y cupletistas, serie 5. Samsot y Misse. Completa" o "59 frontales de cromos cerillas, serie 5 Artistas y cupletistas, Samsot y Missé H Barna", todos en pequeño formato (4,5 × 3,5 cm o 5 × 3 cm) y técnica fototípica frontal figurativa de notable calidad técnica considerando su carácter efímero. La Biblioteca Digital Hispánica agrupa estos materiales bajo epígrafes como "Etiquetas de cajas de cerillas. Retratos de…", mencionando explícitamente a "Samsot y Missé, Hnos. (Barcelona)" como responsable de parte de la producción.

Esta línea de trabajo garantizaba a la empresa tanto volumen de producción como visibilidad en el mercado popular, consolidando su posición como taller gráfico capaz de satisfacer tanto encargos institucionales de postales como demandas industriales masivas del sector fosforero.

Técnicas y materiales: la artesanía de la fototipia coloreada

El dominio técnico de Samsot y Missé se manifestaba en su capacidad para trabajar tanto la fototipia en blanco y negro como las ediciones coloreadas mediante procedimientos manuales y cromolitográficos. La fototipia básica era monocromática: blanco y negro o bien impresiones en tinta verde, azul u otros colores. Sin embargo, podían colorearse posteriormente a mano mediante la aplicación manual de pigmentos diluidos en agua o anilinas, técnica que requería habilidad artesanal y que proporcionaba a cada postal un carácter único.

La cromolitografía, procedimiento más complejo y costoso, permitía reproducir imágenes multicolores mediante la impresión con matrices diferentes y sucesivas, llegándose a aplicar hasta dieciséis colores distintos separadamente. Entre 1880 y 1900, la cromolitografía revolucionó la industria postal al permitir reproducir imágenes con una viveza tonal y profundidad que rivalizaba con las obras pictóricas. El proceso requería una meticulosa preparación: cada plancha litográfica debía alinearse perfectamente para que los colores se superpusieran sin desfase, un desafío técnico que demandaba habilidades artesanales avanzadas. Samsot y Missé experimentó con ambas técnicas —coloreado manual y cromolitografía— adaptándose a las demandas específicas de cada encargo y tiraje.

El fotocromo, variante técnica desarrollada en Suiza que aplicaba entre 4 y 18 planchas litográficas sobre fotografías en blanco y negro, permitía capturar monumentos y paisajes con una fidelidad cromática sin precedentes. Aunque no hay evidencia documental específica de que Samsot y Missé utilizara el procedimiento fotocromo suizo, sus postales coloreadas de la Alhambra con "fondos blancos para resaltar la arquitectura" sugieren una sofisticación técnica en el tratamiento del color que iba más allá del simple coloreado manual aleatorio.

La elección del soporte de papel constituía otro elemento distintivo. Mientras la producción industrial de Hauser y Menet utilizaba papeles de acabado satinado o calandrado optimizados para la velocidad de impresión, Samsot y Missé prefería cartulinas de textura ligeramente porosa o mate, de alto gramaje (entre 280 y 350 g/m², estándar para papel de tarjetas postales de la época). Esta cartulina, con su superficie rugosa y áspera, proporcionaba un tacto artesanal y una absorción de tinta diferente que producía tonalidades más suaves y transiciones más orgánicas, emulando la estética del grabado tradicional.

El contexto competitivo: convivencia asimétrica en el mercado barcelonés

El mercado barcelonés de la fototipia entre 1895 y 1920 presentaba una estructura de convivencia asimétrica entre productores de distintas escalas y orientaciones. J. Thomas Fototipia, fundada entre 1879 y 1880 por Josep Thomas i Bigas, dominaba el sector con instalaciones modernistas en la calle Mallorca 293, edificio diseñado en 1895 por Lluís Domènech i Montaner. Thomas desarrolló una red de fotógrafos propios y alcanzó tal volumen de producción que su archivo llegó a contener aproximadamente 22.000 negativos fotográficos. La empresa se especializó en trabajos para tabacaleras, fosforeras, edición de libros y tiradas de postales, manteniendo su actividad hasta los años 1950 bajo control familiar a través de tres generaciones.

Lucien Roisin, fotógrafo y editor francés nacido en París en 1884 y establecido en Barcelona hacia 1917-1918, representaba otro modelo empresarial: el del fotógrafo-viajero que creaba un vasto archivo fotográfico comercializado desde un establecimiento propio. Roisin fundó "La Casa de la Postal" en la Rambla de Santa Mónica de Barcelona, donde comercializaba las miles de fotografías que había realizado en sus viajes por toda España. Su archivo llegó a contener unas 40.000 imágenes, con un valor histórico incalculable al retratar paisajes de toda la península, muchos de los cuales habían desaparecido cuando el archivo fue finalmente depositado en el Institut Fotogràfic de Catalunya.

Frente a estos competidores —Thomas con su estructura industrial integrada verticalmente y Roisin con su modelo de fotógrafo-editor viajero—, Samsot y Missé ocupaba un espacio intermedio caracterizado por: (1) capacidad técnica propia para la fototipia, lo que les daba independencia respecto a los grandes talleres de impresión; (2) especialización temática en la documentación de Cataluña, sin aspirar a la cobertura sistemática de toda España que caracterizaba a Roisin o a Hauser y Menet; (3) colaboración con instituciones culturales catalanistas, lo que proporcionaba legitimidad y diferenciación identitaria; y (4) versatilidad productiva que incluía tanto postales de coleccionismo como cromos industriales para cajas de cerillas.

Esta estrategia de nicho de mercado especializado permitió a Samsot y Missé mantener su actividad durante décadas sin entrar en competencia frontal con los gigantes industriales. No aspiraban a los contratos masivos con el Gremio de Fabricantes de Fósforos (aunque sí participaban en la producción de cromos) ni a la cobertura enciclopédica de todo el territorio español. Su valor residía en la calidad artesanal, el conocimiento local profundo y la vinculación con el movimiento cultural catalanista, atributos que los grandes talleres centralizados no podían replicar fácilmente.

Conclusiones: el valor patrimonial de la fototipia "menor"

La trayectoria de Samsot y Missé Hermanos demuestra que la historia de la tarjeta postal ilustrada española no puede comprenderse únicamente a través de las narrativas de los grandes productores industriales. Los talleres medianos de artes gráficas con capacidad técnica propia jugaron un papel fundamental en la documentación de las identidades locales y regionales, ofreciendo productos diferenciados por su sensibilidad cultural, su calidad artesanal y su vinculación con los movimientos intelectuales y políticos de su entorno.

Las postales de Samsot y Missé constituyen hoy documentos históricos de primer orden para el estudio de la transformación urbana de Barcelona, las prácticas de ocio de la burguesía catalana, el desarrollo del excursionismo científico, el movimiento cultural catalanista y la evolución del patrimonio monumental catalán. Su serie "Barcelona Antigua" captura una ciudad que estaba desapareciendo bajo el ímpetu modernizador del Eixample; sus vistas del Tibidabo documentan el nacimiento del turismo de montaña burgués; sus álbumes de Manresa y otras poblaciones catalanas preservan la memoria de transformaciones urbanas que las fotografías oficiales de las grandes casas editoriales frecuentemente ignoraban.

La colaboración con entidades culturales como la Associació Protectora de l'Ensenyança Catalana o el Orfeó Català sitúa a Samsot y Missé en el corazón del catalanismo cultural de cambio de siglo, demostrando que las postales no eran meramente objetos de consumo turístico, sino vectores de identidad nacional y herramientas de financiación de proyectos educativos y culturales. Esta dimensión política y cultural de la producción postal ha sido frecuentemente subestimada por una historiografía centrada en los aspectos técnicos y comerciales de la industria.

Finalmente, la versatilidad productiva demostrada por Samsot y Missé —combinando postales de coleccionismo culto, series documentales, colaboraciones institucionales y cromos industriales para cajas de cerillas— revela la complejidad económica de los talleres de artes gráficas del período. La supervivencia empresarial requería diversificación, adaptabilidad técnica y capacidad para moverse simultáneamente en mercados de distinto nivel cultural y económico, desde el coleccionismo burgués hasta el consumo popular masivo.

La desaparición gradual de empresas como Samsot y Missé tras 1920, en un contexto de concentración industrial creciente y transformación de los hábitos de comunicación postal, no debe oscurecer su aportación fundamental al patrimonio visual catalán. Las postales que produjeron entre 1895 y 1920 constituyen, para los investigadores contemporáneos, una fuente primaria insustituible para el estudio de la Barcelona del cambio de siglo, comparable en valor documental a las fotografías de archivo de los grandes fotógrafos profesionales, pero con la ventaja adicional de haber circulado masivamente entre la población contemporánea, funcionando como auténticos agentes de construcción de memoria colectiva. Recuperar y visibilizar la producción de estos talleres "menores" constituye, por tanto, una tarea historiográfica tan necesaria como el estudio de los grandes gigantes industriales de la fototipia española.

 Sobre Hauser y Menet y las primeras postales ilustradas en España

  • Carrasco Marqués, M. (1992). Catálogo de las primeras tarjetas postales de España: impresas por Hauser y Menet, 1892‑1905. Madrid: Casa Postal.bilbaomuseoa+1
  • Museo Nacional del Prado. (s. f.). Hauser y Menet [Ficha de autor]. Museo Nacional del Prado. Recuperado de https://www.museodelprado.es[museodelprado]​
  • Robisco, A. (2019, 7 de mayo). Hauser y Menet. Documentos. Colección de fotografía antigua. https://photoblog.alonsorobisco.es[photoblog.alonsorobisco]​
  • Sobre la tarjeta postal ilustrada en España
  • López Hurtado, M. (2014, 14 de julio). Las tarjetas postales en el Servicio de Cartografía de la BNE. Real Casa de la Geografía. https://rcg.cat[rcg]​
  • (Autor/a). (2025, 21 de noviembre). Evolución cronológica de la tarjeta postal ilustrada en España (1869‑1939

Sobre Fototipia Thomas y el contexto fotomecánico barcelonés

  • Belmonte, A. (2022). La fototipia Thomas: La aventura de recuperar colectivamente un patrimonio fotográfico disgregado. Madrid: Fundación Anastasio de Gracia.marcialpons+1
  • Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya. (2024). Col·lecció Thomas [Base de datos en línea]. IEFC. https://www.iefc.cat[iefc]​
  • Fototipia Thomas. (2022, 12 de abril). Origen e historia. https://www.fototipiathomas.es[fototipiathomas]​

Sobre fototipia y técnicas de impresión

Sobre excursionismo catalán, turismo y contexto cultural

CATÁLOGO SAMSOT Y MISSÉ HERMANOS (Barna)

Postales ilustradas 18701920


A. GUÍA METODOLÓGICA

Identificación del editor

Razón social: Samsot y Missé Hermanos / Samsot y Missé Hs. Barna
Variantes registradas
: Samsot y Missé Gerns. Barna
Actividad
: Fototipia, impresión de postales, cromos y material comercial
Ubicación: Barcelona (Barna)
Período de actividad
: ca. 1870–1920 (núcleo intenso: 1895–1910)





20/1/26

LA EVOLUCIÓN DE LA INDUSTRIA DE LA IMPRESIÓN

Durante el siglo XIX, la evolución de la industria de la impresión desempeñó un papel fundamental en la expansión de la comunicación visual y escrita, transformando productos específicos como las tarjetas postales. Inicialmente concebidas como simples medios de correspondencia, las postales evolucionaron rápidamente hasta convertirse en objetos culturales apreciados y en una forma accesible de arte visual y comunicación, gracias a las innovaciones tecnológicas en las técnicas de impresión.

VERSIÓN

Del grabado a la pantalla: Un viaje por las técnicas que transformaron las postales

Las tarjetas postales han sido testigos silenciosos de nuestra historia. Desde finales del siglo XIX, estos pequeños rectángulos de cartón evolucionaron de simples medios de correspondencia a verdaderas obras de arte que capturaban paisajes, monumentos y momentos cotidianos. Detrás de cada postal hay una historia tecnológica fascinante: la de las técnicas de impresión que revolucionaron nuestra forma de comunicarnos visualmente.

Los colores vivos de la cromolitografía

Entre 1880 y 1900, la cromolitografía cambió las reglas del juego. Esta técnica permitió reproducir imágenes multicolores mediante la superposición de varias planchas litográficas, cada una con un color diferente. El resultado era asombroso: paisajes vibrantes, escenas románticas y motivos florales que rivalizaban con pinturas al óleo. Talleres como los de Louis Prang en Estados Unidos democratizaron el acceso al arte, convirtiendo las postales en objetos de deseo para turistas y coleccionistas. Las postales dejaron de ser monocromas para transformarse en ventanas coloridas al mundo.

Cuando la fotografía se tiñó de color

A partir de 1890, el fotocromo dio un paso adelante al aplicar entre 4 y 18 planchas litográficas sobre fotografías en blanco y negro. Nacida en Suiza, esta técnica permitió capturar monumentos y paisajes con una fidelidad cromática sin precedentes. En España, empresas como Purger & Co. comercializaron postales fotocromáticas que se convirtieron en recuerdos imprescindibles de lugares emblemáticos como la Alhambra de Granada o el Acueducto de Segovia.

La elegancia del blanco y negro

Entre 1880 y 1920, la fototipia conquistó el mercado gracias a su capacidad para reproducir imágenes con una calidad casi fotográfica. Mediante gelatina bicromatada sobre placas metálicas, esta técnica lograba transiciones tonales suaves y una gran definición. Editoras españolas como Hauser & Menet aprovecharon la fototipia para crear postales de ciudades históricas que funcionaban como documentos visuales de una época.

En paralelo, las fotopostales o Real Photo Postcards revolucionaron el concepto mismo de la postal. Con la llegada de cámaras portátiles como la Folding Pocket Kodak en 1903, cualquier persona podía fotografiar su entorno y revelar las imágenes directamente en formato postal. Estas postales capturaban celebraciones familiares, ferias locales y escenas cotidianas, convirtiéndose en testimonios personales únicos e irrepetibles.

Técnicas de lujo para coleccionistas

En las décadas de 1910 y 1920, el huecograbado elevó la postal a categoría artística. Grabando minúsculos huecos de profundidad variable en planchas de cobre, esta técnica creaba imágenes con sombras aterciopeladas y una riqueza tonal excepcional. Aunque su alto coste limitaba su uso a ediciones especiales, las postales huecograbadas se convirtieron en piezas de colección altamente valoradas.

El heliograbado, introducido en 1923, perfeccionó aún más este proceso mediante cilindros de cobre grabados mecánicamente. Con una resolución altísima y tonos vibrantes, permitió combinar calidad artística con mayor eficiencia de producción, consolidándose como técnica preferida para postales de lujo.

En los años 50, el bromuro aportó un nuevo estilo: imágenes en blanco y negro con alto contraste y nitidez incomparable. Estas postales, con su estética atemporal, evitaban incluir elementos que pudieran envejecer, convirtiéndose en "ventanas universales" hacia lugares icónicos.

La revolución del color masivo

Desde 1920, la impresión offset transformó la industria. Al transferir la imagen desde una plancha metálica a un cilindro de caucho y luego al papel, el offset permitió la producción masiva de postales a todo color mediante cuatricromía (CMYK). Empresas como Curt Teich en Alemania y Ediciones Arribas en España lanzaron series enormes que democratizaron las postales, haciéndolas accesibles para todos. El offset se convirtió en la técnica hegemónica del siglo XX.

La era digital: personalización absoluta

Desde los años 90, la impresión digital marcó el inicio de una nueva era. Sin necesidad de planchas físicas, las imágenes se transfieren directamente desde archivos digitales al papel. Esta tecnología permite personalización total, tiradas cortas e incluso producción bajo demanda de una sola postal. La integración de códigos QR y realidad aumentada ha fusionado lo tangible con lo digital, modernizando las postales para el siglo XXI.

Un legado vivo

Cada técnica de impresión respondió a las necesidades de su época, desde la viveza del color cromolitográfico hasta la versatilidad digital. Aunque hoy convivamos con medios digitales veloces, la postal conserva su encanto tangible: ese objeto que puede guardarse, tocarse y atesorarse como acto de memoria y cercanía. La historia de las postales es la historia de cómo vemos, recordamos y compartimos el mundo que nos rodea.


VERSIÓN 

Las técnicas de impresión en la evolución de las tarjetas postales: De la cromolitografía a la era digital (1880-2000)

Introducción

Durante el siglo XIX, la evolución de la industria de la impresión desempeñó un papel fundamental en la expansión de la comunicación visual y escrita, transformando productos específicos como las tarjetas postales. Inicialmente concebidas como simples medios de correspondencia, las postales evolucionaron rápidamente hasta convertirse en objetos culturales apreciados y en una forma accesible de arte visual y comunicación, gracias a las innovaciones tecnológicas en las técnicas de impresión (Twyman, 2013; Meggs, 1998).

A lo largo de más de un siglo, las tarjetas postales han sido vehículos de comunicación, arte y memoria colectiva. Su evolución está estrechamente unida a los adelantos de la industria de la impresión, que han permitido reproducir imágenes con cada vez mayor fidelidad, rapidez y variedad cromática. Desde la última década del siglo XIX, estos pequeños rectángulos de cartón pasaron de ser simples tarjetas monocromas a verdaderas obras en miniatura, que permitían reproducir paisajes, monumentos, escenas históricas y retratos con niveles asombrosos de detalle (Cornell, 2005; Clarke, 2019).

El impacto cultural y social de cada tecnología de impresión se aprecia en cómo moldeó la difusión de imágenes en cada época, transformando las postales de simples medios de correspondencia a objetos artísticos y de coleccionismo que capturaban la imaginación de una sociedad en expansión. El presente trabajo analiza las principales técnicas de impresión que dieron forma a las postales tal como las conocemos hoy, subrayando las ventajas de cada sistema y el tipo de producto que hicieron posible.

1. Cromolitografía (1880-1900)

1.1. Orígenes y desarrollo técnico

Durante el siglo XIX, la cromolitografía emergió como una de las técnicas de impresión más innovadoras y revolucionarias, marcando un antes y un después en la producción de tarjetas postales. Originada como una evolución de la litografía tradicional, la cromolitografía permitió la reproducción masiva de imágenes en color con una fidelidad y riqueza tonal sin precedentes (Twyman, 2013; Towner, 1970).

La litografía, desarrollada a finales del siglo XVIII por Alois Senefelder, fue el precursor de la cromolitografía. Este método utilizaba piedras calizas o planchas metálicas entintadas para crear impresiones detalladas, permitiendo la reproducción de imágenes con un alto grado de precisión. Sin embargo, la litografía tradicional tenía limitaciones en cuanto a la diversidad y profundidad de colores que podía ofrecer (Carter, 1969). Fue en el siglo XIX cuando la litografía evolucionó hacia la cromolitografía, una variante que incorporaba múltiples planchas litográficas, cada una destinada a un color específico. Este proceso permitía la creación de imágenes vibrantes y multicolores, con transiciones suaves que evocaban la apariencia de pinturas al óleo o acuarelas (Salvador, 1995).

1.2. Proceso técnico y ventajas

El proceso de cromolitografía requería una meticulosa preparación y un alto nivel de precisión. Cada plancha litográfica debía alinearse perfectamente para que los colores se superpusieran sin desfase, un desafío técnico que demandaba habilidades artesanales avanzadas (Fernández de Corda, 2004). A pesar de su complejidad, la cromolitografía ofrecía una viveza de tonos y la capacidad de reflejar escenas con un detalle asombroso, permitiendo la impresión de postales con paisajes idealizados, composiciones románticas y motivos florales que capturaban la imaginación del público (Twyman, 2013).

Esta técnica no solo hacía posible producir imágenes con una riqueza cromática inigualable, sino que también redujo significativamente los costos de producción, lo que permitió la distribución masiva de postales a un público más amplio (Meggs, 1998). La gran ventaja de la cromolitografía residía en su capacidad para capturar y reproducir colores intensos y profundos, lo que resultaba especialmente atractivo para temas turísticos y artísticos. Las postales cromolitográficas podían representar desde exuberantes paisajes naturales hasta elegantes escenas urbanas y monumentos históricos, todo ello con una calidad visual que rivalizaba con las obras de arte pintadas a mano (Cornell, 2005).

1.3. Impacto cultural y democratización del arte

En Europa y Estados Unidos, talleres pioneros como los de Louis Prang en Estados Unidos y el Gabinete de Imágenes de Épinal en Francia, así como editores en Alemania, Suiza y Reino Unido, adoptaron y perfeccionaron la cromolitografía, explotando su potencial comercial y artístico (Adams, 2001). Estos talleres no solo producían postales turísticas vibrantes, sino que también utilizaban las postales como herramientas publicitarias, promocionando destinos turísticos, eventos culturales y productos comerciales (Ruiz, 2008).

La cromolitografía jugó un papel crucial en la democratización del acceso al arte, ya que permitió la reproducción de obras pictóricas y escenas exóticas a un costo accesible (Burke, 2000). Esto hizo que las postales no solo fueran recuerdos personales, sino también reproducciones artísticas que podían ser apreciadas por personas de diversas clases sociales. La capacidad de producir postales en colores vivos y con gran detalle hizo que el arte visual se volviera más accesible, fomentando una cultura visual popular y expandiendo el alcance de la comunicación visual (Ballasteros, 2002).

2. Fotocromo (1890-1910)

2.1. Innovación técnica y características

Esta técnica revolucionaria surgió con el propósito de dar color a las fotografías en blanco y negro sin comprometer el realismo que caracterizaba a las imágenes fotográficas de la época. Originada en Suiza, el fotocromo permitió una reproducción más fiel y vibrante de las escenas, capturando la esencia y los matices de los colores de una manera que las técnicas anteriores no habían logrado (Naranjo, 2005).

El fotocromo se basaba en la aplicación de entre 4 y hasta 18 planchas litográficas sobre una fotografía original. Cada plancha estaba dedicada a un color específico, lo que permitía reproducir colores intensos y detallados en las postales (Salvador, 1995). Este proceso no solo mejoraba el realismo de las imágenes, sino que también ampliaba significativamente la gama cromática, permitiendo representaciones más precisas y atractivas de monumentos, paisajes y escenas urbanas (Sánchez, 2013).

2.2. Aplicaciones y desarrollo en España

Una de las principales ventajas del fotocromo era su capacidad para mejorar el realismo de las imágenes. Las postales fotocromáticas podían capturar detalles arquitectónicos y paisajísticos con una fidelidad inédita, haciendo que los monumentos y paisajes parecieran casi fotografías en color (Cornell, 2005). Esta precisión visual resultó ser un gran atractivo para turistas y coleccionistas, quienes buscaban conservar recuerdos de sus viajes de una manera más económica y visualmente atractiva.

En España, la empresa Purger & Co. se destacó notablemente por su adopción y perfeccionamiento de la técnica fotocromática. A partir de principios del siglo XX, Purger & Co. comenzó a comercializar postales fotocromáticas que rápidamente ganaron popularidad entre los turistas y coleccionistas locales e internacionales. Estas postales no solo ofrecían una intensidad de color superior y una precisión arquitectónica que realzaba la belleza de los destinos representados, sino que también impulsaron el turismo al permitir a los visitantes llevarse consigo recuerdos visuales detallados de sus experiencias (Ruiz, 2008). Las imágenes de la Alhambra de Granada, el Acueducto de Segovia y otros monumentos emblemáticos fueron reproducidas con una calidad que reflejaba fielmente su majestuosidad y detalle.

2.3. Impacto en la democratización visual

Además, el fotocromo facilitó la democratización del acceso al arte visual, ya que permitía la producción masiva de postales coloridas sin incurrir en los altos costos asociados a técnicas anteriores como la cromolitografía (Meggs, 1998). Esto hizo que las postales fotocromáticas fueran accesibles para un público más amplio, no solo para los coleccionistas de élite, sino también para el turista común que deseaba conservar un recuerdo tangible y estéticamente agradable de sus viajes (Clarke, 2019).

La precisión y la vivacidad de los colores logrados mediante el fotocromo también permitieron una mayor versatilidad temática en las postales. No solo se podían representar paisajes y monumentos, sino también escenas cotidianas y eventos culturales, lo que enriqueció el repertorio de imágenes disponibles para los usuarios (Sánchez, 2013). Esto contribuyó a que las postales se convirtieran en vehículos efectivos para la difusión cultural y turística, promoviendo destinos y eventos de manera visualmente impactante.

3. Fototipia (1880-1920)

3.1. Fundamentos técnicos

La fototipia, también conocida como colotipia, se destacó por su gran fidelidad tonal y su apariencia cercana a la fotografía pura, convirtiéndose en una de las opciones preferidas para la reproducción de imágenes detalladas y realistas en las postales (Gómez, 2011). La fototipia se fundamentaba en la aplicación de gelatina bicromatada sobre placas metálicas o de piedra. Este proceso comenzaba con la preparación de una placa cubierta con una capa de gelatina bicromatada, que luego se exponía a la luz en contacto directo con un negativo fotográfico (Salvador, 1995).

Las áreas expuestas a la luz se endurecían, mientras que las zonas protegidas por las sombras del negativo permanecían blandas. Posteriormente, al lavar la placa con agua pura, solo quedaba la gelatina endurecida, formando un cliché de la imagen original (Martínez de la Riva, 2006). Esta placa grabada se utilizaba entonces para imprimir la imagen sobre papel mediante una prensa tipográfica, donde la tinta se adhería únicamente a las áreas endurecidas, creando así transiciones tonales suaves y una alta definición sin las clásicas tramas visibles que caracterizaban a otros métodos de impresión de la época (Twyman, 1970).

3.2. Ventajas y aplicaciones

Una de las principales ventajas de la fototipia residía en su capacidad para producir imágenes altamente detalladas y con transiciones tonales fluidas, lo que permitía una reproducción visualmente cercana a la fotografía original (Salvador, 1995). Esta característica hizo que las postales fototípicas fueran especialmente apreciadas para representar monumentos, paisajes y escenas urbanas con una nitidez y realismo excepcionales (Gómez, 2011). Además, la fototipia permitía la producción de tiradas razonablemente grandes sin comprometer la calidad de la imagen, lo que la hacía viable para la distribución masiva de postales (Casado, 1994).

En la práctica, la fototipia se convirtió en una técnica famosa para la producción de postales de monumentos y paisajes en Europa. Editoras como Hauser & Menet y Thomas en España aprovecharon esta tecnología para ofrecer vistas de ciudades históricas, monumentos patrimoniales y panorámicas naturales con una gran definición y precisión (Ruiz, 2008). Estas postales no solo servían como recuerdos visuales para los turistas, sino que también funcionaban como documentos históricos y estéticos, capturando la esencia de lugares emblemáticos con una claridad que pocas técnicas podían igualar (Cornell, 2005).

3.3. Desafíos técnicos y legado cultural

Sin embargo, la fototipia no estaba exenta de desafíos. Esta técnica era extremadamente sensible a la humedad, lo que exigía condiciones de trabajo muy cuidadosas para evitar que la gelatina bicromada se deteriorara o que la imagen final perdiera calidad (Martínez de la Riva, 2006). Además, la manipulación de las placas requería una precisión meticulosa y un control riguroso durante todo el proceso de impresión. A pesar de estos retos, la fototipia logró elevar el nivel de la postal a la categoría de pieza coleccionable y documento histórico, especialmente a finales del siglo XIX y en las primeras dos décadas del siglo XX (Naranjo, 2005).

La fototipia no solo mejoró la fidelidad visual de las postales, sino que también contribuyó al realce cultural de este medio de comunicación. Al permitir la reproducción precisa de patrimonio cultural y urbano, las postales fototípicas se convirtieron en una herramienta valiosa para la promoción turística y la difusión cultural (Clarke, 2019). Los viajeros podían llevar consigo imágenes detalladas de sus destinos, mientras que las editoriales podían ofrecer una amplia gama de postales que reflejaban la diversidad y riqueza visual de diferentes lugares y eventos.

4. Fotopostal (1900s-1920s)

4.1. Democratización de la fotografía

Las fotopostales, también conocidas como Real Photo Postcards (RPPC), emergieron a principios del siglo XX, impulsadas por la llegada de cámaras portátiles como la Folding Pocket Kodak de 1903, que democratizó la fotografía al permitir que cualquier persona, sin necesidad de equipos complejos ni conocimientos técnicos avanzados, pudiera capturar y revelar sus propias imágenes (Andrews, 2017).

La fotopostal representó una revolución en el mundo de las postales, ya que permitía la creación de tarjetas absolutamente personales. Con esta técnica, cualquier individuo podía tomar instantáneas de su entorno, ya fuera de su comunidad, sus viajes o eventos cotidianos, y revelarlas directamente en papel con reverso postal para enviarlas a amigos y familiares (Andrews, 2017). Este proceso eliminó la necesidad de intermediarios como editoriales o impresores, otorgando a las postales un carácter único y personalizado.

4.2. Contenido y testimonios visuales

Las fotopostales capturaban desde celebraciones familiares y escenas rurales hasta ferias locales, fiestas patronales y retratos de personas queridas, convirtiéndose en testimonios visuales de la vida diaria y en documentos históricos que reflejaban la diversidad y riqueza de las comunidades de la época (Andrews, 2017). Una de las principales ventajas de las fotopostales era su inmediatez y personalización. A diferencia de las postales producidas por técnicas más tradicionales, que requerían procesos complejos y eran menos adaptables a las necesidades individuales, las fotopostales permitían a los usuarios imprimir directamente sus propias fotos en formato de tarjeta postal (Clarke, 2019).

Esto no solo facilitó la creación de recuerdos personalizados, sino que también fomentó una forma de expresión individual a través de la imagen impresa. Las personas podían compartir aspectos íntimos y auténticos de sus vidas, desde momentos especiales hasta escenas cotidianas, lo que fortaleció el vínculo emocional entre el remitente y el destinatario (Andrews, 2017).

4.3. Papel de empresas y preservación cultural

En España, empresas como Purger & Co. desempeñaron un papel crucial en la popularización de las fotopostales. Aprovechando la accesibilidad que ofrecía la cámara Folding Pocket Kodak, estas compañías comenzaron a comercializar postales fotocromáticas que se convirtieron en productos muy populares entre turistas y coleccionistas (Ruiz, 2008). La intensidad del color y la precisión arquitectónica de las imágenes capturadas mediante fotocromo hicieron que estas postales fueran especialmente atractivas, ya que permitían a los visitantes conservar recuerdos visuales detallados de sus viajes de manera económica y visualmente impresionante.

El impacto de las fotopostales en la sociedad fue significativo. Al democratizar la fotografía, esta técnica permitió que cualquiera pudiera ser fotógrafo y compartir su visión del mundo, sin depender de grandes editoriales o imprentas (Andrews, 2017). Esto no solo enriqueció la oferta de postales disponibles, sino que también fomentó una cultura visual más inclusiva y diversa, donde cada individuo podía contribuir con su propia perspectiva y experiencias. Las fotopostales se convirtieron en pequeñas ventanas hacia la vida de otras personas, facilitando una interacción visual y emocional que trascendía las barreras geográficas y sociales (Clarke, 2019).

Además, las fotopostales jugaron un papel crucial en la preservación del patrimonio cultural. Al capturar imágenes de monumentos, paisajes y escenas urbanas con una gran precisión y detalle, estas tarjetas servían como documentos históricos que preservaban la memoria visual de lugares y eventos que podrían cambiar o desaparecer con el tiempo (Cornell, 2005).

5. Huecograbado (1910s-1920s)

5.1. Características técnicas

El huecograbado, también conocido en sus aplicaciones artísticas como heliograbado, representó un salto cualitativo en la capacidad de reproducir imágenes con una gran fidelidad tonal y una riqueza de detalles inigualables (Gómez, 2011). Esta técnica, perfeccionada entre las décadas de 1910 y 1920, se basa en el grabado de una placa metálica, generalmente de cobre, mediante la creación de minúsculos huecos de profundidad variable (Martínez de la Riva, 2006).

Estos huecos se llenan de tinta, que al transferirse al papel, recrea matices de luz y sombra con una sutileza impresionante. La profundidad de cada hueco determina la cantidad de tinta retenida, lo que resulta en una gradación tonal excelente y una textura aterciopelada en las áreas oscuras (Gómez, 2011). Esta característica distintiva hizo que el huecograbado se convirtiera en la técnica predilecta para la producción de postales de lujo, retratos de alta calidad y ediciones destinadas a coleccionistas (Naranjo, 2005).

5.2. Ventajas y limitaciones

Una de las grandes ventajas del huecograbado era la suavidad de sus sombras y la textura aterciopelada que presentaba en las áreas oscuras, lo que confería a las imágenes una profundidad y realismo excepcionales (Gómez, 2011). Estas cualidades lo hacían ideal para escenas con fuertes contrastes, reproducciones de obras de arte y fotografías formales que requerían una fidelidad minuciosa a la imagen original. Además, el huecograbado permitía una gran riqueza tonal, lo que resultaba en postales con una dimensión visual superior, casi museística en su calidad (Naranjo, 2005).

No obstante, el huecograbado también presentaba desafíos significativos. El coste elevado asociado a la creación de las planchas grabadas y la lentitud del proceso de impresión limitaban su uso a tiradas pequeñas o ediciones especiales, lo que confería a estas postales un aire de exclusividad y prestigio (Martínez de la Riva, 2006). Este factor restrictivo impedía que el huecograbado se utilizara para producciones en masa, reservando su aplicación para series limitadas destinadas a un público selecto que valoraba la alta calidad y la unicidad de cada pieza (Naranjo, 2005).

5.3. Aplicaciones y consolidación cultural

En el contexto de la reproducción fotográfica en blanco y negro, el huecograbado se destacó especialmente para la representación de monumentos, grandes obras arquitectónicas y escenas artísticas que requerían una profundidad y detalle excepcionales (Cornell, 2005). Las postales producidas con esta técnica capturaban la esencia de los sujetos con una claridad y precisión que pocas otras técnicas podían igualar. Empresas y talleres especializados, conscientes del valor añadido que aportaba el huecograbado, invirtieron en esta tecnología para ofrecer postales que no solo servían como recuerdos visuales, sino también como obras de arte coleccionables (Naranjo, 2005).

El impacto del huecograbado en la industria de las tarjetas postales fue profundo. Al elevar el nivel de detalle y riqueza tonal de las imágenes reproducidas, esta técnica contribuyó a la consolidación de las postales como objetos de lujo y arte popular (Cornell, 2005). Los coleccionistas apreciaban enormemente las postales huecograbadas por su calidad casi museística, que capturaban con exactitud y belleza la esencia de los lugares y eventos representados.

6. Heliograbado (1923)

6.1. Perfeccionamiento técnico

Introducido de manera más amplia en 1923, el heliograbado perfeccionó la técnica del huecograbado, ofreciendo una impresión calcográfica de alta gama que elevó el estándar de calidad en la producción de postales (Gómez, 2011). Esta técnica utilizaba cilindros de cobre grabados de manera mecánica o fotográfica, lo que garantizaba una resolución altísima y un control muy preciso del color en cada celda de impresión (Martínez de la Riva, 2006).

Una de las principales ventajas del heliograbado era su detalle excepcional y la capacidad de imprimir con tonos vibrantes, lo que lo hacía ideal para postales que buscaban una máxima fidelidad en retratos y panorámicas (Naranjo, 2005). A diferencia de su predecesor, el huecograbado, el heliograbado permitía una imprenta más eficiente y rápida, lo que reducía los costes de producción en grandes tiradas (Casado, 1994).

6.2. Evolución y maduración

Esta eficiencia, combinada con la alta calidad de impresión, permitió a las imprentas producir postales fotográficas y artísticas en cantidades considerables, satisfaciendo la creciente demanda del mercado turístico y de coleccionistas exigentes (Cornell, 2005). Aunque en sus inicios el heliograbado enfrentó ciertos problemas con los tintes de moda, como sepia, verde y morado, que con el tiempo se deterioraban, la técnica maduró rápidamente. Los impresores aprendieron a seleccionar tintes más duraderos y a perfeccionar el proceso de grabado, lo que consolidó al heliograbado como sinónimo de calidad y exclusividad en el mundo de las postales (Sánchez, 2013).

Esta evolución permitió que el heliograbado reemplazara gradualmente a la fototipia y al huecograbado clásico, ofreciendo una mejor relación coste-eficiencia sin comprometer la fidelidad y el detalle de las imágenes (Casado, 1994).

6.3. Impacto comercial y coleccionismo

El heliograbado se destacó especialmente en la reproducción de imágenes en blanco y negro con una gran definición y una amplia gama tonal. Las postales producidas mediante esta técnica eran altamente valoradas por su nitidez y realismo, capturando con precisión los matices de luz y sombra que daban vida a retratos detallados y paisajes urbanos majestuosos (Naranjo, 2005). La transición fluida entre tonos de gris y la textura aterciopelada de las áreas oscuras conferían a estas postales una profundidad visual que pocas técnicas podían igualar.

En el ámbito comercial, el heliograbado ofreció una oportunidad invaluable para que muchas imprentas se situaran a la vanguardia tecnológica. Al combinar la suntuosidad del huecograbado con la versatilidad y eficiencia que exigía la demanda comercial, el heliograbado permitió a las empresas de impresión expandir su producción y diversificar su oferta (Meggs, 1998). Esto no solo aumentó la disponibilidad de postales de alta calidad, sino que también ampliaron el alcance de estas tarjetas, haciéndolas accesibles a un público más amplio sin sacrificar la exclusividad que caracterizaba a las ediciones especiales y de coleccionista (Cornell, 2005).

7. Bromuro (1950)

7.1. Innovación de los años cincuenta

En la década de 1950, surge una innovación que transformó significativamente la producción de tarjetas postales: el bromuro. Este proceso, aunque muy parecido a la fotografía clásica, ofrecía un contraste elevado y una apariencia elegante en imágenes en blanco y negro que lo distinguieron de otras técnicas de impresión de la época (Sánchez, 2013). El bromuro implicaba la impresión directa a partir de un negativo fotográfico sobre papel sensible de alta calidad, tratado con sales de plata que garantizaban una claridad superior y un nivel de detalle excepcional (Salvador, 1995).

7.2. Ventajas estéticas y aplicaciones

La principal ventaja del bromuro residía en su capacidad para producir imágenes con una nitidez incomparable y una gran riqueza de detalles. Al exponer directamente el negativo sobre el papel bromurado, se lograba una reproducción fiel y elegante de la imagen original, destacando por sus altos niveles de contraste que acentuaban las diferencias entre luces y sombras (Sánchez, 2013). Esta característica hacía que las postales impresas con bromuro fueran excepcionalmente claras y definidas, ideales para representar paisajes urbanos y naturales con una fidelidad visual impresionante.

El bromuro se asoció fuertemente con el auge de las postales de paisajes y vistas urbanas durante los años 50. Muchas veces, estas postales se diseñaban con una intención de atemporalidad, evitando la inclusión de personas, vehículos u otros elementos que pudieran fechar el contenido y disminuir su relevancia con el paso del tiempo (Cornell, 2005). Este enfoque permitió que las postales bromuradas sirvieran como "ventanas universales" hacia lugares icónicos, capturando la esencia y la belleza de los destinos sin comprometer su perdurabilidad estética.

7.3. Limitaciones y prestigio

Además de su uso en postales turísticas, el bromuro también se empleó en la producción de cromos coleccionables y productos publicitarios. La alta calidad y detalle de las imágenes bromuradas las hacían perfectas para materiales promocionales que requerían una presentación visualmente impactante y sofisticada (Sánchez, 2013). Sin embargo, debido a su coste elevado y a la complejidad del proceso, el bromuro se reservó principalmente para tiradas de prestigio y series limitadas destinadas a un público asegurado que valoraba la exclusividad y la alta calidad de estos productos (Naranjo, 2005).

El proceso de bromuro requería un control riguroso durante la exposición y el secado de las imágenes. La manipulación delicada de los negativos y el papel bromurado era esencial para evitar imperfecciones y asegurar que cada imagen mantuviera su claridad y nitidez (Salvador, 1995). Las postales bromuradas se destacaron por su elegancia visual y su gran nivel de detalle, convirtiéndose en objetos de colección altamente valorados tanto por turistas como por coleccionistas.

8. Impresión Offset (desde la década de 1920 en adelante)

8.1. Revolución técnica

En la década de 1920 y a partir de entonces, la impresión offset revolucionó por completo la industria de la impresión, marcando un antes y un después en la producción de tarjetas postales (Meggs, 1998). Este método se basa en un proceso indirecto donde la imagen se transfiere primero desde una plancha metálica a un cilindro de caucho y, posteriormente, de este al papel. Esta innovación permitió optimizar tanto el registro de colores como la velocidad de producción, transformando la manera en que se fabricaban y distribuían las postales (Casado, 1994).

Una de las ventajas fundamentales de la impresión offset es su capacidad para trabajar con cuatricromía (CMYK: cian, magenta, amarillo y negro), lo que permite la creación de imágenes a todo color con una gran precisión y a costos asequibles (Chappell & Bringhurst, 1999). A diferencia de la litografía tradicional, donde la imagen se transfiere directamente desde la plancha al papel, el offset utiliza un cilindro de caucho que actúa como intermediario, reduciendo el desgaste directo de la plancha y permitiendo una reproducción más duradera y eficiente (Meggs, 1998).

8.2. Producción masiva y democratización

La impresión offset facilitó enormemente la producción en masa de postales, lo que permitió abaratar los precios y hacer que las postales fueran accesibles para un público más amplio (Cornell, 2005). Empresas pioneras como Curt Teich en Alemania, la Detroit Publishing Company en Estados Unidos y Ediciones Arribas en España aprovecharon esta técnica para lanzar series enormes de postales que cubrían una amplia variedad de diseños y destinos (Ruiz, 2008). La capacidad de producir grandes volúmenes de postales de manera rápida y económica transformó a las tarjetas postales en un fenómeno de masas, donde casi cualquier persona que viajaba podía adquirir postales de cualquier rincón del planeta y enviarlas con rapidez y facilidad.

Además, la versatilidad de la impresión offset permitió la incorporación de nuevos acabados como barnices, laminados y papeles especiales que realzaron la apariencia y durabilidad de las postales (Meggs, 1998). Estos acabados no solo mejoraron la estética de las tarjetas, haciéndolas más atractivas y resistentes al desgaste, sino que también contribuyeron a la democratización del medio. Gracias a estos avances, casi todos podían adquirir postales coloridas y de alta calidad, lo que incrementó su popularidad y presencia en el mercado global (Clarke, 2019).

8.3. Versatilidad y avances tecnológicos

La impresión offset también permitió una mayor variedad de diseños y temáticas en las postales, adaptándose a los gustos cambiantes de los consumidores y a las tendencias culturales de cada época (Adams, 2001). Desde paisajes turísticos vibrantes y vistas urbanas detalladas hasta diseños artísticos modernos, la impresión offset ofreció una flexibilidad gráfica que enriqueció la oferta de postales disponibles. Esta versatilidad fue clave para satisfacer la demanda creciente de postales personalizadas y temáticas, consolidando al offset como la técnica hegemónica en la segunda mitad del siglo XX (Meggs, 1998).

Además de su impacto en el diseño y la producción, la impresión offset integró nuevas tecnologías que mejoraron aún más su eficiencia y calidad. La automatización de la preimpresión, la separación de colores automática y la mejora de las planchas fotopolímeras permitieron una mayor rapidez y precisión en el proceso de impresión (Chappell & Bringhurst, 1999). Estos avances tecnológicos no solo aumentaron la capacidad de producción, sino que también permitieron la creación de postales de edición limitada con colores más vivos y detalles específicos, como la aplicación de barnices metálicos o tintas especiales, que enriquecían aún más el atractivo visual de las tarjetas (Meggs, 1998).

9. Impresión Digital (desde la década de 1990 en adelante)

9.1. Adaptación a la era informática

En la década de 1990 y en adelante, la impresión digital irrumpió en el mundo de la producción de tarjetas postales, marcando una transformación radical que adaptó este medio a la era informática (Walker, 2006). A diferencia de las técnicas tradicionales de impresión, la impresión digital eliminó por completo la necesidad de planchas o fotolitos, permitiendo que la imagen se transfiera directamente desde un archivo digital al papel, utilizando impresoras de inyección de tinta o láser (Meggs, 1998).

Este avance tecnológico no solo revolucionó la manera en que se producían las postales, sino que también redefinió su propósito y funcionalidad, adaptándolas a las demandas de un mundo cada vez más digitalizado y personalizado (Clarke, 2019).

9.2. Personalización y producción bajo demanda

Una de las ventajas más destacadas de la impresión digital es la personalización absoluta que ofrece. Este sistema permite realizar tiradas cortas, incluso de una sola copia, con datos o diseños específicos para cada cliente (Walker, 2006). Esta capacidad de personalización cambió por completo la dinámica de producción, permitiendo que las postales se conviertan en objetos únicos que reflejan las preferencias individuales de los usuarios. Ya no es necesario producir grandes volúmenes para que el proceso sea rentable; en su lugar, se pueden crear postales altamente personalizadas que capturan momentos específicos, eventos únicos o mensajes personales, adaptándose a las necesidades particulares de cada remitente (Clarke, 2019).

Gracias a la impresión bajo demanda, se lograron reducir significativamente los costes y se evitó el sobrestock de productos no vendidos. Este método no solo optimiza los recursos económicos, sino que también contribuye a una producción más sostenible, minimizando el desperdicio de materiales y permitiendo una respuesta ágil a las fluctuaciones de la demanda (Walker, 2006).

9.3. Calidad, interactividad y sustentabilidad

Además, la calidad de la imagen en las postales digitales ha equiparado e incluso superado en algunos casos a las técnicas tradicionales. La impresión digital es capaz de reproducir colores muy vivos y detalles precisos, asegurando que cada tarjeta mantenga una alta calidad visual independientemente de la cantidad producida (Meggs, 1998). Otra característica innovadora de la impresión digital es la facilidad para combinar texto, fotografía e interactividad. Esta capacidad ha permitido que las postales retomen un carácter creativo y modernizado, fusionando lo tangible con lo digital (Clarke, 2019).

Por ejemplo, es posible integrar códigos QR o elementos de realidad aumentada que redirigen a contenido digital adicional, como videos, galerías de fotos o mensajes interactivos. Esta interactividad agrega una nueva dimensión a las postales, transformándolas en medios de comunicación multifuncionales que no solo sirven para enviar mensajes, sino también para ofrecer experiencias enriquecidas y personalizadas (Walker, 2006).

La impresión digital ha abierto también nuevas oportunidades de diseño y experiencia del usuario, permitiendo a los usuarios experimentar con una variedad infinita de opciones creativas. Desde la creación de postales artísticas con diseños únicos hasta la incorporación de elementos gráficos complejos, la impresión digital ha ampliado las posibilidades estéticas de las tarjetas postales (Adams, 2001). Este aspecto creativo ha hecho que las postales digitales se conviertan en plataformas de expresión personal, donde cada tarjeta puede ser una obra de arte personalizada que refleja la individualidad y el estilo del remitente.

Además, la impresión digital ha tenido un impacto significativo en la sustentabilidad de la industria de la impresión. Al permitir la producción bajo demanda, se reduce la necesidad de grandes tiradas que a menudo resultan en excedentes y desperdicio de papel (Walker, 2006). Asimismo, muchas de las tintas utilizadas en la impresión digital son ecológicas y a base de agua, lo que contribuye a una producción más respetuosa con el medio ambiente.

Conclusión

Cada técnica de impresión —desde la cromolitografía hasta la impresión digital— ha dejado una huella indeleble en la historia de las tarjetas postales. Cada una de estas innovaciones respondió a necesidades específicas de su época, adaptándose a los avances tecnológicos y a las cambiantes preferencias culturales (Meggs, 1998; Cornell, 2005). Algunas técnicas priorizaron la viveza del color, otras la fidelidad fotográfica, mientras que otras se enfocaron en la velocidad y la producción masiva. Las más recientes, como la impresión digital, han llevado la personalización y la adaptabilidad a un mundo cada vez más digitalizado (Walker, 2006; Clarke, 2019).

La postal, en esencia, es un reflejo de los avances técnicos y de la sensibilidad artística de cada momento histórico. Con la cromolitografía, se popularizaron las ilustraciones detalladas y coloridas, permitiendo que las postales fueran vistas como pequeñas obras de arte accesibles a un público masivo (Twyman, 2013). Esta técnica no solo democratizó el acceso a imágenes vibrantes, sino que también estableció las bases para que las postales se convirtieran en recuerdos turísticos y coleccionables valorados por su belleza visual (Cornell, 2005).

La fototipia y el huecograbado representaron avances significativos en términos de realismo y lujo. La fototipia permitió la reproducción de imágenes con una gran fidelidad tonal y una apariencia cercana a la fotografía pura, elevando la postal a la categoría de pieza coleccionable y documento histórico (Salvador, 1995; Naranjo, 2005). Por otro lado, el huecograbado ofreció una riqueza en los tonos y una textura aterciopelada que lo hicieron ideal para postales de lujo y ediciones destinadas a coleccionistas exigentes (Gómez, 2011). Estas técnicas no solo capturaron con precisión detalles arquitectónicos y paisajes, sino que también preservaron la esencia cultural y urbana de los lugares representados, convirtiéndose en testimonios visuales de una época en constante evolución.

La introducción del heliograbado en 1923 perfeccionó aún más estas técnicas, ofreciendo una impresión calcográfica de alta gama que combinaba detalle excepcional y tonos vibrantes (Martínez de la Riva, 2006). El heliograbado permitió la producción de postales con una fidelidad fotográfica y una definición visual que rivalizaban con las obras de arte más sofisticadas, consolidándose como la técnica preferida para postales de alta calidad tanto en el mercado turístico como entre coleccionistas (Naranjo, 2005). Su capacidad para producir tiradas grandes a un costo más eficiente sin sacrificar la calidad de imagen hizo que el heliograbado se convirtiera en una tecnología dominante, permitiendo que las postales fueran producidas en cantidades considerables sin perder su exclusividad artística (Casado, 1994).

En la década de 1950, el bromuro introdujo una nueva dimensión en la impresión de postales, ofreciendo imágenes en blanco y negro con un alto contraste y una gran nitidez (Sánchez, 2013). Esta técnica se destacó por su claridad superior y su apariencia elegante, siendo ideal para postales que buscaban una estética atemporal. Al enfocarse en paisajes y vistas urbanas sin elementos que pudieran envejecer, como personas o vehículos, el bromuro permitió que las postales conservaran una belleza inalterable a lo largo del tiempo (Cornell, 2005).

Finalmente, con la llegada de la impresión digital en la década de 1990, las tarjetas postales experimentaron una transformación radical que las adaptó a la era informática (Walker, 2006). La impresión digital eliminó la necesidad de planchas físicas, permitiendo que la imagen se transfiriera directamente desde un archivo digital al papel mediante impresoras de inyección de tinta o láser. Esta innovación no solo facilitó la personalización absoluta, permitiendo la creación de postales únicas con diseños específicos para cada cliente, sino que también optimizó la eficiencia de producción al permitir tiradas cortas o incluso una sola copia sin incurrir en costos prohibitivos (Clarke, 2019).

La impresión digital también abrió la puerta a la integración de elementos interactivos, como códigos QR y realidad aumentada, que fusionaron lo tangible con lo digital, modernizando la postal y ampliando sus posibilidades creativas y funcionales (Walker, 2006). La impresión digital no solo mejoró la calidad de imagen hasta niveles comparables o superiores a las técnicas tradicionales, sino que también revolucionó la dinámica de producción al permitir una respuesta ágil a las demandas del mercado y a las tendencias culturales (Meggs, 1998).

En conjunto, cada uno de estos sistemas —cromolitografía, fotocromo, fototipia, fotopostal, huecograbado, heliograbado, bromuro, offset y digital— no solo transformó el modo de producir postales, sino que también configuró la manera en la que millones de personas vieron y representaron su realidad y la de lugares lejanos. Las técnicas más artesanales, con su minuciosa separación de colores o su grabado manual, quedaron como herencia artística de alta sofisticación (Twyman, 2013). Por otra parte, las tecnologías más ágiles, como el offset y la impresión digital, hicieron factible que las postales se convirtieran en uno de los soportes de comunicación más populares y democráticos del último siglo (Meggs, 1998; Clarke, 2019).

Esta evolución permitió que mensajes, saludos y recuerdos se difundieran con facilidad, acercando a la gente a través de imágenes que, en muchos casos, capturaron el alma de un lugar o de un momento histórico. En definitiva, la historia de la tarjeta postal está profundamente unida a la historia de la imprenta y de la cultura visual contemporánea. Es un testimonio de cómo el avance tecnológico ha repercutido en nuestras formas de ver, recordar y compartir el mundo que nos rodea (Burke, 2000). Y aunque hoy en día convivamos con medios digitales infinitamente más veloces, la postal conserva su atractivo tangible, ese encanto de imagen impresa que puede guardarse, tocarse y atesorarse, recordándonos que lo impreso también es un acto de memoria y cercanía con los demás.

Con ello, se confirma la vigencia de estos procesos técnicos que, lejos de desaparecer, se han combinado y adaptado para que la postal siga siendo una pequeña pero potente ventana hacia la belleza, el patrimonio y la esencia de cada momento en el tiempo.

Bibliografía

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