2. PRIMEROS EDITORES Y ETAPA PIONERA (1890–1896): DE LA
EXPERIMENTACIÓN GRÁFICA A LA MERCANCÍA CULTURAL
El periodo 1890–1896 resulta
decisivo en la transformación de la tarjeta postal en España: la postal supera
su función de instrumento de correspondencia y deviene producto
editorial, soporte de reproducción de imágenes y objeto de consumo
cultural, merced a la confluencia de una red postal establecida, nuevas técnicas
de impresión, la iniciativa de editores privados y el interés público por
adquirir y enviar imágenes de ciudades, monumentos y paisajes. Esta etapa
sienta las bases de la expansión comercial de la tarjeta postal
ilustrada: aunque aún no existe la producción masiva del siglo XX,
se definen la selección de motivos, la reproducción seriada, la
identificación editorial, la distribución y la imagen como vehículo de
recuerdo y comunicación (Teixidor Cadenas, 1999; Guereña, 2005; López Hurtado,
2013). El IV Centenario del Descubrimiento (1892) acrecienta el interés
por la historia y el patrimonio español; las conmemoraciones crean un
contexto favorable para editar imágenes del pasado, monumentos y lugares de significado
nacional (BNE, 2012; Muñoz Burbano, 2021), no como causas únicas sino como entorno
cultural que estimula producción y consumo de imágenes conmemorativas.
2.1. La transición del entero oficial a la edición privada
La postal ilustrada privada
surge del entero postal oficial: un formato reconocido por Correos
ofrecía un soporte práctico, económico y transportable para imágenes
destinadas a un público interesado en la cultura visual, reuniendo dos
posibilidades: transmitir mensaje escrito y conservarse como recuerdo.
La transformación clave es la autonomía del editor: si el entero oficial
dependía de normas administrativas, la edición privada permite elegir el
motivo ilustrado, encargar o adquirir fotografías, incorporar leyendas,
seleccionar procedimientos de impresión y organizar series comerciales;
la postal deja de ser solo soporte de escritura y se vuelve mercancía
cuya imagen determina la decisión de compra. Conviene distinguir tres
momentos no coincidentes —autorización administrativa, fabricación
material y circulación efectiva—, pues figurar en un catálogo o tener fecha
aproximada no prueba comercialización ese año; reconstruir su historia
exige examinar ejemplares conservados, marcas editoriales, leyendas, numeraciones
y matasellos, evitando atribuciones categóricas (López Hurtado, 2013).
2.2. El problema historiográfico de las primeras postales
Identificar las primeras
tarjetas privadas es uno de los problemas más complejos de la postal
española. Los estudios sobre sus orígenes citan Abelardo de Carlos,
A. Emperaile y el Doctor Thebussem (Mariano Pardo de Figueroa) como antecedentes
y debates, pero no toda tarjeta ilustrada, estampa o impreso de pequeño
formato equivale a postal circulada por Correos. Establecer una prioridad
histórica requiere criterios documentales y materiales: 1)
características físicas de tarjeta postal, no de estampa suelta o tarjeta
publicitaria; 2) identificar editor o impresor por marcas, monogramas
o pies de imprenta; 3) datación basada en evidencias verificables (inscripción
contemporánea, registro editorial, matasellos legible); 4) indicios
de función postal (sellos, direcciones manuscritas, marcas de
tránsito). Este método separa antecedentes gráficos de tarjetas
propiamente dichas y evita tornar atribución tradicional en certeza
documental, pues fecha de impresión, comercialización y circulación
difieren; la investigación debe precisar qué evidencia sostiene cada datación
(Teixidor Cadenas, 1999; López Hurtado, 2013). Algunas referencias tempranas
piden cautela: Carreras Candi (1903) menciona dos fototipias de Granada
impresas en Alemania hacia 1890, sin acreditar comercialización
ni circulación como tarjetas postales; distinguir impresión, venta
y circulación es esencial.
2.3. «Recuerdo de Madrid» (1892): un hito de la postal
ilustrada
Entre los ejemplares más conocidos
destaca «Recuerdo de Madrid», atribuida a Hauser y Menet y
circulada el 21 de octubre de 1892, considerada uno de los testimonios
más tempranos de la tarjeta postal ilustrada comercial en España. Reúne
varias vistas de la capital en una superficie, según el modelo europeo Gruss
aus («Recuerdo de»), que presenta distintos lugares en una sola tarjeta
(López Hurtado, 2013). Su interés excede la fecha: muestra la imagen urbana
convertida en producto transportable y comercializable; el comprador
adquiere una representación condensada de Madrid, escribe un mensaje y
la envía; la imagen no es decoración, sino motivo visual e información
del lugar.
2.4. La expansión geográfica de las primeras ediciones
La producción se extiende a otras ciudades
españolas, probando la viabilidad del modelo editorial y
comercial. Hauser y Menet publica Recuerdo de Barcelona; Landaburu
Hermanas comercializa Recuerdo de Bilbao (1893); el formato de
varias vistas se adapta a cada localidad seleccionando edificios y espacios
reconocibles para una imagen sintética. Se conocen tarjetas de Valencia
(1894) y Las Palmas (1895), con la catedral y el Hotel Santa
Catalina, este último con litografías de la firma suiza Thellung
Zürich, circulación documentada desde marzo de 1893, evidenciando la
relación entre producción de imágenes y promoción de destinos
turísticos y establecimientos hoteleros. En San Sebastián hay tarjetas
con dibujos; el Grand Hotel de Oriente de Barcelona edita hacia 1895 dos
composiciones de vistas urbanas y fachada, impresas en Leipzig
por Louis Glaser (Carrasco Marqués, 2005). La participación de imprentas
extranjeras muestra que la producción española no dependía solo de talleres
nacionales: los editores recurrían a empresas europeas especializadas.
En conjunto, la postal se vuelve instrumento para difundir imágenes de
ciudades, promocionar atractivos económicos y turísticos y construir representación
visual; la expansión geográfica revela un modelo comercial
adaptable a grandes capitales, ciudades históricas, destinos y hoteles. Por
ello, «uno de los ejemplares más tempranos» es metodológicamente
más preciso que una afirmación absoluta sobre la primera postal ilustrada
española: la prioridad depende de qué se entienda por postal
ilustrada y de pruebas materiales de impresión, comercialización y
circulación, cuestión documental que exige contrastar ejemplares y
bibliografía (Teixidor Cadenas, 1999; López Hurtado, 2013).
2.5. Hauser y Menet y la organización de una industria
gráfica
Hauser y Menet ocupa un lugar central:
constituida en Madrid en 1890 por los impresores suizos Oscar
Hauser y Adolf Menet, su relevancia no estriba solo en editar primeras
tarjetas ilustradas de gran difusión, sino en consolidar una organización
industrial capaz de reproducir imágenes en series y atender un
mercado en ampliación (Teixidor Cadenas, 1999). La edición de postales
coordinaba fases: disponer imágenes, preparar originales, adaptar
composiciones al formato, reproducirlas, incorporar leyendas y
referencias editoriales, organizar la venta; la postal se integra en una lógica
de producción seriada. La fototipia cobra especial importancia:
procedimiento de impresión fotomecánica que reproduce imágenes con gradaciones
tonales, trasladando la apariencia de una fotografía a papel o
cartulina, facilitando vistas urbanas y monumentales sin copia
fotográfica individual (Teixidor Cadenas, 1999). Cabe distinguir editor,
impresor y fotógrafo: la marca de Hauser y Menet no
implica que sus fundadores hicieran la fotografía original; las
imágenes podían proceder de colaboradores, encargos o fondos
fotográficos anteriores, revelando una temprana división del trabajo
en la industria gráfica y desaconsejando atribuir autoría fotográfica
solo por la marca editorial.
2.6. Técnicas de reproducción y análisis material
Entre 1890 y 1896 coexisten procedimientos
gráficos: litografía y cromolitografía para dibujos y
composiciones en color; fotolitografía y fotograbado para
incorporar imágenes fotográficas; fototipia para vistas. No hubo sustitución
ordenada: la elección dependía de coste, tirada, calidad y recursos del taller
(Teixidor Cadenas, 1999; López Hurtado, 2013). El análisis parte de la observación
conjunta de anverso y reverso: en el anverso, imagen,
leyenda, composición, numeración y marcas editoriales; en el reverso,
distribución del espacio, indicaciones postales, sellos, matasellos y
anotaciones manuscritas, diferenciando características de fabricación de
huellas de uso. La numeración editorial sirve para reconstruir
series y relacionar ejemplares dispersos, pero no garantiza datación
exacta: una tarjeta pudo imprimirse, distribuirse y circular en momentos
diferentes y una imagen reimprimirse años después; las fechas se fijan
combinando evidencias materiales y documentales, no solo por
numeración o atribución estilística. Conviene separar color impreso de coloreado
manual: una postal coloreada no prueba cromolitografía; la identificación
técnica exige examinar el ejemplar y contrastarlo con información editorial
o bibliográfica, tratando como hipótesis lo que no sea certeza.
2.7. La construcción de una imagen visual de España
Las imágenes convierten la
postal en medio de representación del territorio: ciudades, monumentos y
paisajes circulan fuera de su lugar de origen y llegan a quienes
no los visitaron; la tarjeta permite enviar una imagen de plaza, estación o edificio
monumental, conservarla como recuerdo y contemplarla después. Los motivos
seleccionados responden a criterios editoriales y comerciales: vistas
urbanas, monumentos históricos, plazas y paisajes, reconocibles,
despiertan el interés de compradores y viajeros; la selección no es neutral
—cada editor decide qué elementos aparecen y qué representa mejor
una localidad—, ofreciendo una imagen parcial y construida del
territorio, con espacios de mayor visibilidad (Guereña, 2005). Las composiciones
de varias vistas, como «Recuerdo de Madrid», refuerzan el mecanismo:
la ciudad se resume en fragmentos visuales como síntesis iconográfica;
el comprador recibe una representación organizada según el mercado, no
una descripción completa; la repetición de monumentos y paisajes
consolida imágenes reconocibles y estables. Importan también las ausencias:
la preferencia por monumentos y vistas pintorescas relega barrios
populares, espacios industriales, viviendas modestas y condiciones
cotidianas, sin voluntad explícita de ocultación, pero marcando los límites
de la representación comercial: la postal selecciona lo atractivo,
identificable y vendible.
2.8. Usos sociales, memoria y coleccionismo
La postal ilustrada modifica
la experiencia de la correspondencia al permitir escoger una imagen
antes de escribir: el remitente envía una vista para comunicar
dónde está, compartir un recuerdo o expresar afecto; la imagen impresa
aporta información visual y un significado que el texto manuscrito, por
su brevedad, no desarrolla. La tarjeta asume funciones simultáneas:
comunicación, recuerdo, regalo, coleccionismo y consumo cultural;
una pieza comprada en un viaje, enviada a un familiar y conservada en un álbum
cambia de significado a lo largo de su trayectoria, del uso postal
a la colección privada o institucional, integrándose en prácticas
sociales (Rogan, 2005; Guereña, 2005). El coleccionismo favorece la conservación
de ejemplares y la formación de conjuntos por ciudades, temas,
editores o series; aunque su auge llega después, ya en esta etapa
se adquieren imágenes no solo para enviarlas, sino para reunirlas y clasificarlas.
No todos los grupos sociales participan por igual: precio, acceso
a puntos de venta, alfabetización y posibilidades de viajar condicionan
adquisición y uso; la postal amplió la comunicación visual, pero su utilización
quedó ligada a las condiciones económicas y culturales de cada usuario
(López Hurtado, 2013).
2.9. El contexto internacional y la expansión del formato
La evolución española forma
parte de un proceso internacional. En las últimas décadas del siglo
XIX, las Exposiciones Universales y los grandes acontecimientos
públicos favorecen la circulación de imágenes impresas: pabellones,
monumentos y espacios expositivos se vuelven motivos reproducibles y
vendibles como recuerdos; la tarjeta postal conecta innovación
gráfica con turismo, publicidad y consumo de imágenes
(Greenhalgh, 1988; Rydell, 1984). La Exposición Universal de París de 1889
y la Exposición Mundial Colombina de Chicago de 1893 ilustran esta cultura
visual: las imágenes de edificios y monumentos adquieren función
conmemorativa y comercial, y la postal permite llevarse una representación
del acontecimiento y compartirla con no asistentes. La difusión
internacional consolida un mercado donde la imagen reproducida
deviene recuerdo y mercancía; en España, exposiciones, conmemoraciones,
actividad editorial y turística favorecen la incorporación progresiva de
las tarjetas ilustradas a la vida cotidiana.
2.10. Balance final: los fundamentos de la expansión
posterior
El periodo 1890–1896 fue una
etapa pionera que estableció las bases editoriales, técnicas y sociales
de la tarjeta postal ilustrada en España: empresas especializadas,
fototipia, vistas urbanas y series comerciales preparan la
expansión. La aportación de Hauser y Menet es decisiva, sin ocultar a
otros impresores, fotógrafos, editores y distribuidores;
la extensión a Barcelona, Bilbao, Valencia, Las Palmas
y San Sebastián prueba la adaptabilidad del modelo y la función de
promoción urbana y turística de la postal.
Los pioneros de la edición de postales en España
A finales del siglo XIX, la tarjeta
postal ilustrada transforma la manera de representar y difundir las
ciudades: la cartulina envía algo más que palabras —comparte una calle, un
monumento, una obra de arte—, fruto del trabajo de impresores, fotógrafos,
libreros y editores que hallan en ella una oportunidad comercial
y cultural. Los primeros impulsores vinieron de Europa: Miesler, impresor
alemán, autor de las primeras postales ilustradas hacia 1870;
el suizo Kunzli, ligado a las Grüss aus (vistas de ciudades por litografía,
desde ~1883), consolidando un modelo que halla nuevos escenarios en España.
Profesionales propios desarrollan ediciones: en Barcelona, Hermenegildo
Miralles y la Litografía M. Pujadas; en Madrid, López
Editor y Policarpio Sanz Calleja (Museo de Pinturas, Recuerdo
de Madrid, ~1900); en Valencia, Ramón Ortega; en Tenerife,
la Litografía Romero: la expansión dependió de una red de
iniciativas, no de una sola empresa. Los contenidos se amplían a obras de
arte y colecciones pictóricas: en 1897, la Librería Romo y Füssel
encarga ediciones de Rubens, Velázquez, Murillo, Rafael,
Van Dyck, Tiziano y Juan de Juanes; la Fototipia
Lacoste (Madrid) produce Cuadros del Museo del Prado y Goya en el
Escorial; en 1902, G. B. Morales publica una colección del
escultor Mariano Benlliure. Detrás de las imágenes, los fotógrafos
itinerantes recorrían ciudades y pueblos captando vistas para los catálogos
editoriales, cuyas fotografías eran la base de las tarjetas; al cambio de
siglo, algunos profesionales pasan de hacer fotografías a editar postales
de sus negativos, entrelazando las funciones de fotógrafo, impresor y editor:
talleres litográficos y de fototipia reproducen en cantidad, librerías y
editores hallan nuevos públicos, y la postal confluye en innovación técnica,
iniciativa comercial e interés por la imagen. Al comenzar el siglo XX,
las tarjetas dejan de ser solo correspondencia: son recuerdos de viaje, reproducciones
artísticas y testimonios de la transformación urbana; cada editor aporta su
mirada y cada ciudad se presenta ante desconocidos, creando impresores,
fotógrafos y libreros un archivo visual de España destinado a circular y
conservarse tras su función postal. En perspectiva material, la tarjeta
incorporó técnicas de reproducción y marcas editoriales que permiten estudiar
su fabricación; en visual, difundió representaciones de ciudades y paisajes; en
social, combinó correspondencia, recuerdo, regalo y coleccionismo: estos tres
aspectos explican su lugar relevante en la cultura visual
contemporánea. La etapa siguiente, 1897–1900, traerá
producción más organizada, ampliación de catálogos y consolidación de series
comerciales, confirmando que la tarjeta era, a la vez, medio de comunicación y
producto editorial de amplia aceptación.
Referencias
bibliográficas
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Nacional de España. (2012). El IV Centenario del Descubrimiento de
América en la prensa y la edición. BNE.
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Marqués, F. (2005). Historia de la tarjeta postal en España.
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Henrich y Cía.
- Greenhalgh, P.
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- López Hurtado,
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- Rogan, B.
(2005). An entangled object: The picture postcard as souvenir and
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- Rydell, R. W.
(1984). All the World's a Fair: Visions of Empire at American
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- Teixidor
Cadenas, C. (1999). La tarjeta postal en España, 1892–1915. Espasa
Calpe.









