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3/11/26

CAPÍTULO 5. (1869-1887). EL NACIMIENTO DE LA TARJETA POSTAL Y SU IMPLANTACIÓN EN ESPAÑA
El periodo comprendido entre 1869 y 1887 constituye una etapa fundamental para comprender el nacimiento de la tarjeta postal y su incorporación a los sistemas de comunicación modernos. Durante estos años se produjo una transformación progresiva de la correspondencia tradicional, impulsada por la búsqueda de medios más económicos, sencillos y accesibles. La aparición de la tarjeta postal en Europa y su posterior introducción en España establecieron las bases de un nuevo sistema que, con el tiempo, adquiriría una importante dimensión visual, comercial y documental.
La evolución de este medio debe analizarse desde dos procesos diferenciados: la implantación del entero postal como documento oficial y la posterior apertura a la producción privada. En esta fase inicial, la función comunicativa prevaleció sobre cualquier finalidad artística. La tarjeta era, ante todo, un instrumento para facilitar el intercambio de mensajes breves. Su desarrollo dependió de los cambios administrativos, las innovaciones técnicas y la extensión de los servicios postales, modificando las prácticas de comunicación al ofrecer una alternativa eficiente a la carta tradicional.

5.1. 1869-1873. EL NACIMIENTO EUROPEO Y LA INTRODUCCIÓN EN ESPAÑA

5.1.1. El origen europeo

La tarjeta postal moderna surgió en Austria en 1869, gracias a la propuesta del economista Emanuel Herrmann. Su iniciativa respondía a la necesidad práctica de disponer de un medio más económico que la carta convencional, utilizando una cartulina con el franqueo integrado. Esta innovación representó un cambio significativo en los hábitos sociales, demostrando la existencia de una demanda de correspondencia menos compleja (Guereña, 2005; López Hurtado, 2013).
A diferencia de la carta, la tarjeta tenía un carácter abierto, lo que condicionaba la extensión y el contenido del mensaje hacia fórmulas concisas. Es crucial distinguir este modelo funcional de la posterior tarjeta ilustrada; en 1869, el objetivo era simplificar el servicio postal, no difundir imágenes.

5.1.2. Introducción en España (1871-1873)

En España, la implantación estuvo ligada a la modernización de Correos. Aunque los trámites administrativos iniciaron en 1871, la circulación efectiva no comenzó hasta 1873 (López Hurtado, 2013). Este retraso favoreció iniciativas privadas precedentes. Comerciantes y libreros como Abelardo de Carlos y Almansa, Agustín Emperaile y Juan Bastinos exploraron el formato. Destacó también Mariano Pardo de Figueroa (Doctor Thebussem), quien defendió su utilidad e imprimió tarjetas personales en Cádiz en mayo de 1873, evidenciando el interés intelectual y comercial previo (Boix Felip, 2002).
El 1 de diciembre de 1873 entraron en circulación las primeras tarjetas oficiales, fabricadas por la Fábrica Nacional del Sello. Se trataba de enteros postales que incorporaban el franqueo impreso directamente en el soporte, eliminando la necesidad de sellos adhesivos. El diseño incluía la inscripción «República Española» y espacios definidos para dirección y mensaje. Estos modelos oficiales normalizaron el documento, facilitando su identificación en la red postal, aunque mantenían una finalidad estrictamente funcional sin aspiraciones ilustradas.

5.1.3. Características técnicas y usos sociales

La primera tarjeta era un documento compuesto por cartulina, impresión administrativa y espacios de escritura. La calidad del papel y la tipografía eran esenciales para su validez postal. Las huellas de circulación, como matasellos y marcas de tránsito, son vitales para su estudio histórico, debiendo distinguirse la fecha de uso de la de fabricación (López Hurtado, 2013).
Visualmente, predominaba lo institucional. Socialmente, la tarjeta facilitó una comunicación cotidiana y económica. La ausencia de sobre exponía el mensaje, favoreciendo saludos y noticias breves, pero integrando la escritura en una red de sociabilidad moderna (Guereña, 2005). Entre 1869 y 1873, se consolidó un soporte normalizado que sirvió de antecedente necesario para las transformaciones futuras.

5.2. 1873-1887. CONSOLIDACIÓN DEL ENTERO Y APERTURA PRIVADA

5.2.1. Predominio oficial y regulación

Tras 1873, la administración estatal mantuvo el monopolio de la producción. Correos editó modelos uniformes donde el anverso se destinaba a la dirección y el reverso al mensaje. Este control buscaba garantizar la eficiencia del servicio, pero limitó severamente la edición privada. El Estado consideraba el entero postal como un documento fiscal y administrativo que debía cumplir estándares rígidos, restringiendo la participación de editores particulares.

5.2.2. Conflictos y límites de la edición privada

Las restricciones estatales generaron tensiones con la iniciativa privada. A pesar de las limitaciones, existía un interés creciente por desarrollar modalidades alternativas. La demanda de un medio sencillo y las nuevas posibilidades de impresión impulsaron la búsqueda de soluciones al margen del modelo oficial. Este conflicto entre regulación pública e iniciativa editorial marcó la etapa, mostrando que la tarjeta excedía ya su mera función administrativa.

5.2.3. La reapertura de 1887

El año 1887 marca un hito crucial: se autorizó nuevamente la circulación de tarjetas privadas. Esta medida permitió a impresores y editores participar en el mercado, diversificando formatos y diseños dentro de las normas postales. Sin embargo, no debe interpretarse retrospectivamente como el inicio inmediato de la postal ilustrada masiva; esa expansión correspondería a fases posteriores. En 1887, lo fundamental fue la creación de un espacio editorial que permitiera la transformación progresiva de la tarjeta en un producto visual y comercial (Teixidor Cadenas, 1999; Guereña, 2005).

5.2.4. Evolución técnica y dimensión social

Durante este periodo, el soporte material mantuvo su estructura básica, pero la entrada de productores privados introdujo variaciones en calidad y presentación. Para su estudio, es vital distinguir entre enteros oficiales y tarjetas privadas, analizando franqueos y matasellos.
Socialmente, la tarjeta reforzó su papel en las relaciones personales. Su bajo coste y facilidad de uso fomentaron una correspondencia frecuente entre familiares y amigos. El documento adquirió valor testimonial, registrando desplazamientos y vínculos afectivos. Aunque la intimidad seguía limitada por su carácter abierto, la tarjeta se integró en los hábitos cotidianos como un medio de intercambio directo. La posibilidad futura de elegir imágenes permitiría combinar texto y representación visual, evolucionando hacia un objeto de memoria y difusión cultural.

5.2.5. Balance final

Entre 1873 y 1887 se consolidó el modelo oficial y se negoció la entrada de la iniciativa privada. La administración proporcionó la estructura normativa, mientras que la apertura de 1887 diversificó la producción. Desde el punto de vista material, prevaleció la funcionalidad; visualmente, el carácter administrativo; y socialmente, se afianzó como herramienta de comunicación cotidiana. La fecha de 1887 cierra la etapa fundacional, dejando a la tarjeta postal preparada para su transformación en un soporte ilustrado capaz de difundir imágenes de la vida urbana y cultural española.

BIBLIOGRAFÍA

  • Boix Felip, J. (2002). La tarjeta postal en España. Valencia: Edicions Alfons el Magnànim.
  • Guereña, J.-L. (2005). Imagen y memoria: La tarjeta postal a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Berceo, (149), 35-58.
  • López Hurtado, M. (2013). La tarjeta postal en España: Usos y tendencias. Revista General de Información y Documentación, 23(2), 437-453. https://doi.org/10.5209/rev_RGID.2013.v23.n2.43136
  • Teixidor Cadenas, C. (1999). La tarjeta postal en España: 1892-1915. Madrid: Espasa Calpe.