De la Cámara Oscura a la Postal Global
La revolución silenciosa que democratizó nuestra historia visual
Imaginemos por un momento el estupor de los transeúntes en la Barcelona de 1839. En una mañana fría de noviembre, un grabador llamado Ramón Alabern apuntaba con una extraña caja de madera hacia la Casa Xifré. Veinte minutos de exposición bajo la atenta mirada de la Real Academia de Ciencias fueron necesarios para obrar el milagro. El resultado no fue solo una imagen fija sobre una placa de cobre plateado; fue el nacimiento de una nueva forma de recordar. Aquel daguerrotipo inauguró en España la era de la "memoria objetiva", un fenómeno que transformaría para siempre nuestra relación con el pasado y con la propia identidad.
La ruptura del monopolio de la palabra
Durante siglos,
la historia fue propiedad exclusiva de la palabra escrita. Los legajos, las
crónicas reales y los documentos notariales dictaban lo que merecía ser
recordado, dejando fuera a la inmensa mayoría de la población y de la vida
cotidiana. La imagen era un lujo inalcanzable, reservada a óleos aristocráticos
o grabados imprecisos que dependían de la destreza del artista. La fotografía
rompió este monopolio elitista de manera radical. De repente, la realidad no
necesitaba ser interpretada por la pluma de un escribano o el buril de un
grabador; podía ser "capturada" con una fidelidad científica.
Este cambio no
fue inmediato, pero sí imparable. Lo que comenzó como una curiosidad científica
—el invento de Mr. Daguerre— pronto se bifurcó en dos caminos divergentes: el
arte de autor, que buscaba la belleza estética, y la fotografía documental,
que buscaba la verdad testimonial. Es en este segundo camino donde la historia
encontró su aliado más fiel, permitiendo que por primera vez los rostros
anónimos y los paisajes cotidianos entraran en el archivo de la humanidad.
De la placa única a la fiebre de la
cartofilia
Si el
daguerrotipo era un objeto único, precioso y no reproducible, la verdadera
revolución social llegó con la reproductibilidad técnica. La aparición de la tarjeta
postal ilustrada a finales del siglo XIX supuso el "internet" de
la época victoriana. La postal no es un invento aislado, sino el resultado de
una colisión histórica entre la química, la mecánica y la burocracia. Antes de
que el mundo se llenara de imágenes turísticas a bajo precio, fue necesaria una
revolución silenciosa en los laboratorios fotográficos y en las oficinas de
correos.
Esta historia
comienza realmente en 1854 con una patente parisina. André Adolphe Eugène
Disdéri no inventó la fotografía, pero sí inventó la manera de venderla
masivamente. Su creación, la carte de visite, transformó el retrato en
una mercancía industrial. Al reducir drásticamente los costes mediante una
cámara de múltiples lentes, Disdéri democratizó la imagen: la clase media podía
por fin permitirse lo que antes era un lujo aristocrático. El éxito fue tan
rotundo que, en la década de 1860, Francia producía ya 400 millones de estas
tarjetas al año.
El motor del cambio: Tecnología y
Ferrocarril
Para que la
postal triunfara definitivamente, la fotografía tuvo que liberarse de su peso.
El paso del engorroso colodión húmedo al carrete de celuloide de George
Eastman (1889) permitió que la imagen saliera del estudio. Con la cámara
Kodak, la fotografía se volvió portátil y omnipresente. Paralelamente, el mundo
se encogía gracias al vapor. El ferrocarril trajo consigo el turismo de
masas y la necesidad de certificar el viaje con imágenes.
Pero las
imágenes no podían viajar solas: necesitaban un pasaporte. Ese pasaporte fue el
Tratado de Berna (1874), que creó la Unión Postal Universal. Este
acuerdo burocrático estandarizó las tarifas y garantizó que una cartulina
pudiera cruzar fronteras sin perderse en aduanas, condición sine qua non
para el comercio global. La postal nació oficialmente por una cuestión de
ahorro gracias al economista Emanuel Hermann, pero alcanzó su madurez
visual en la Exposición Colombina de Chicago (1893), donde las máquinas
expendedoras de Charles W. Goldsmith dispararon el consumo de postales
cromolitográficas.
Testigos mudos de la historia
Gracias a casas
editoriales pioneras como Hauser y Menet en España —cuya producción
alcanzó el medio millón de ejemplares mensuales en 1902—, un campesino en un
pueblo remoto podía ver la Puerta del Sol o la Alhambra con un realismo
inédito. Hoy, cuando sostenemos una de esas postales, asistimos a una verdadera
"resurrección" visual. La legislación española reconoció en 1985 que
estas imágenes son Documentos con mayúscula, tan válidos legal e
históricamente como cualquier pergamino medieval. Son la prueba irrefutable de
que el pasado existió tal y como fue, capturando la textura de la vida
cotidiana que la historia oficial solía ignorar.
TEXTO 2:
La Fotografía como Fuente Histórico-Artística y
Etnográfica en Relación con las Tarjetas Postales Ilustradas
1. Introducción: La Construcción de un
Paradigma Visual Documental
La emergencia
de la fotografía como fuente histórico-artística y etnográfica representa uno
de los fenómenos epistemológicos más significativos de la modernidad cultural, estableciendo
nuevos horizontes metodológicos para la comprensión del pasado (Pantoja Chaves,
2007). Esta transformación paradigmática, que sitúa la imagen fotográfica
en el centro del discurso historiográfico contemporáneo, encuentra en las tarjetas
postales ilustradas uno de sus vehículos de democratización y difusión más
potentes. Estas no deben considerarse meros objetos de coleccionismo, sino que
constituyen un fenómeno complejo de comunicación de masas que redefinió las
relaciones entre cultura visual, turismo incipiente y memoria colectiva en el
tránsito crítico entre los siglos XIX y XX (Rius, 2017).
La fotografía
documental, desde su invención oficial en 1839, estableció una dicotomía
operativa que marcaría su desarrollo. Por un lado, surgió una vertiente
esteticista, vinculada a la fotografía creativa de autor o pictorialista; por
otro, se consolidó una praxis documentalista orientada a testimoniar
acontecimientos determinados y registrar la realidad física y social con
voluntad de archivo (Fernández, 2023). Las tarjetas postales ilustradas se
insertaron casi exclusivamente en esta segunda vertiente, operando como
documentos históricos de primer orden. Al cubrir un espectro temporal
ininterrumpido y masivo (c. 1890-1939), estos artefactos culturales
simbolizaron el desarrollo de la sociedad industrial, convirtiéndose en
depósitos de memoria visual que permiten hoy reconstruir la evolución del
paisaje urbano y antropológico de la España contemporánea con una precisión
inalcanzable para las fuentes escritas.
2. Fundamentos Epistemológicos de la
Fotografía como Documento Histórico
2.1. La Superación del Paradigma Textual
en la Historiografía
La tradición
académica positivista, consolidada durante el siglo XIX mediante el predominio
absoluto de las fuentes escritas y narrativas, ocupó durante décadas una
posición hegemónica en la jerarquía fontal historiográfica (Dialnet, 2021). La
historia se escribía fundamentalmente a partir de lo que se leía. No obstante,
la ampliación de la temática susceptible de ser historiada —impulsada
posteriormente por corrientes como la Escuela de los Annales o la Nueva
Historia Cultural— aparejó un debilitamiento de esta concepción logocéntrica.
Este giro visual introdujo de manera definitiva la cultura material, la vida
cotidiana, las mentalidades y las representaciones visuales en el núcleo del
discurso histórico académico.
Esta
transformación epistemológica elevó a la categoría de testimonio histórico
cualquier rastro del pasado, universalizando el concepto de fuente (Pantoja
Chaves, 2007). En este contexto, la imagen fotográfica no es meramente
ilustrativa o subsidiaria del texto, sino probatoria y autónoma. Las tomas
fotográficas de acontecimientos contemporáneos ofrecen al historiador una
oportunidad hermenéutica inédita: la posibilidad de asistir virtualmente a los
eventos estudiados, superando la mediación subjetiva del cronista textual.
2.2. Marco Legal y Conceptual del
Documento Fotográfico en España
La validación
institucional de la fotografía como fuente primaria en España posee un sólido
respaldo jurídico contemporáneo. La Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico
Español reconoce formalmente su valor al definir como documento "toda
expresión en lenguaje natural o convencional y cualquier otra expresión
gráfica, sonora o en imagen recogida en cualquier tipo de soporte
material" (Ley de Patrimonio Histórico Español, 1985). En el ámbito de la
archivística técnica, la fotografía se clasifica taxativamente dentro de los documentos
iconográficos, definidos como aquellos que emplean la imagen, signos no
textuales y colores para representar información (Sánchez Vigil, 2021). Esta
categorización legal establece un marco normativo que legitima la utilización
de la fotografía y la tarjeta postal como fuentes documentales prioritarias en
la investigación.
3. Desarrollo Histórico de la Fotografía
Documental en España
3.1. Los Pioneros de la Fotografía
Documentalista (1839-1900)
La historia de
la fotografía en España se inaugura oficialmente en enero de 1839 con la
publicación en Madrid de las primeras noticias sobre el invento de Louis
Daguerre, descrito técnicamente como un método físico-químico para fijar las
imágenes proyectadas en la cámara oscura (López-Mondéjar, 2005). El hito
fundacional de la praxis fotográfica peninsular tuvo lugar en Barcelona el 10
de noviembre de 1839, cuando el grabador Ramón Alabern y Casas realizó
el primer daguerrotipo documentado frente a la Casa Xifré (Rius, 2017).
Esta etapa
inicial estuvo marcada por la itinerancia y la transferencia tecnológica
foránea. Los primeros daguerrotipistas profesionales fueron mayoritariamente
extranjeros, destacando figuras como Charles Clifford, el Conde de Lipa
o los hermanos Lorichon. Estos pioneros actuaron como vectores de conocimiento,
impartiendo cursos acelerados que formaron a la primera generación de
fotógrafos autóctonos (Fernández, 2023). Clifford estableció un modelo de
"fotógrafo de Corte" y documentalista de grandes obras públicas que
sentaría las bases del reportaje monumental en España, vinculando la fotografía
al concepto de progreso industrial.
3.2. Evolución Técnica: Del Objeto Único
a la Reproductibilidad Masiva
El desarrollo
técnico de la fotografía durante el siglo XIX experimentó transformaciones
extraordinarias que ampliaron sus capacidades documentales. Si el daguerrotipo
producía una imagen única, positiva y no reproducible, la introducción del calotipo
(o talbotipo) hacia 1850 marcó el inicio de la era del negativo-positivo,
permitiendo por primera vez la multiplicación de copias idénticas en papel.
Posteriormente, el proceso de colodión húmedo, desarrollado en 1851 por
Frederick Scott Archer, supuso un avance crítico al reducir significativamente
los tiempos de exposición y mejorar la nitidez, aunque exigía una logística
compleja de procesamiento in situ (Sougez, 2011).
En el contexto
español, esta vocación documental cristalizó en la labor de grandes gabinetes
industriales como el de J. Laurent. Sus campañas fotográficas generaron
un archivo inigualable sobre la España isabelina y de la Restauración. La
transición hacia la tarjeta postal ilustrada a finales de siglo se nutrió
directamente de estos archivos preexistentes, utilizando técnicas de impresión
fotomecánica para transformar la fotografía de archivo en un objeto de consumo
masivo. Casas editoriales como Hauser y Menet industrializaron esta
mirada documental, convirtiendo la fotografía en la koiné o lengua
franca de la modernidad española.
9. Genealogía Visual y Técnica del Medio
(1854-1939)
La emergencia
de la postal ilustrada no debe interpretarse como una innovación aislada, sino
como el punto de convergencia sistémica de tres macrotendencias del siglo XIX:
la estandarización industrial de la imagen, la globalización de las redes
logísticas y la democratización del consumo visual.
9.1. Antecedentes Fotográficos y Cultura
de la Imagen Impresa (1854-1869)
El antecedente
morfológico directo de la postal ilustrada se encuentra en la carte de
visite, patentada en París por André Adolphe Eugène Disdéri en 1854.
Disdéri revolucionó la economía de la imagen mediante una innovación técnica en
la cámara oscura: la incorporación de múltiples lentes que permitían
impresionar varias exposiciones en una única placa de vidrio al colodión
húmedo (McCauley, 1985; Hacking, 2007). Esta innovación introdujo el
principio de economía de escala en la fotografía. Al permitir el
positivado por contacto de múltiples copias simultáneas, el coste unitario del
retrato se redujo drásticamente, permitiendo el acceso de la burguesía media a
la autorrepresentación visual (Freund, 1976).
Simultáneamente,
la técnica de las albúminas fotográficas, dominante entre 1850 y 1880,
permitió la primera sistematización visual del territorio. Fotógrafos como Jean
Laurent (1816-1886) crearon un archivo sistemático de monumentos y tipos
populares que funcionaría como un "banco de imágenes" inagotable para
la futura industria postal (Teixidor, 1999). Estos archivos de albúminas
funcionaron como el stock visual reutilizable necesario para la industria
posterior.
9.2. Condiciones Técnicas y Culturales:
La Sincronía Tecnológica
Para que la
imagen pudiera circular masivamente, era necesario superar las limitaciones
físicas del colodión húmedo. La invención de las placas secas al gelatina-bromuro
de plata y, fundamentalmente, la introducción del soporte flexible de
celuloide por George Eastman en 1889, liberaron a la fotografía de su
dependencia del laboratorio in situ (Coe, 1989). La comercialización del
sistema Kodak en 1888 transformó la base sociológica de la producción de
imágenes, convirtiendo la fotografía en una práctica amateur accesible (West,
2000).
Esta demanda
visual estaba intrínsecamente ligada a la revolución del transporte
ferroviario. El tren comprimió la percepción del espacio-tiempo, fomentando
un incipiente turismo burgués (Schivelbusch, 1986). La postal ilustrada surgió
como el artefacto necesario para certificar este desplazamiento. Sin embargo,
la circulación global requería una infraestructura administrativa: la fundación
de la Unión Postal Universal (UPU) tras el Tratado de Berna de
1874 estandarizó dimensiones y tarifas, eliminando las barreras aduaneras
(Staff, 1912).
9.3. El Nacimiento del Icono y su
Evolución Industrial
La emergencia
de la postal se produjo en la intersección de estas tecnologías. El formato
postal fue propuesto en 1869 por el economista austríaco Emanuel Hermann
con la creación de la Correspondenz-Karte (Rogl, 1975). La integración
plena de la imagen llegó con la Exposición Colombina de Chicago de 1893,
donde el empresario Charles W. Goldsmith introdujo máquinas automáticas
que dispensaban postales cromolitográficas multicolor (Badger, 1979).
9.1.5 Fotografía y Construcción de Nuevas
Visualidades
El desarrollo de la fotografía
durante este período estuvo íntimamente relacionado con la emergencia de la
postal ilustrada. La práctica fotográfica amateur, desarrollada en sociedades
fotográficas y círculos excursionistas, proporcionó una importante base de
imágenes que posteriormente fueron utilizadas en la producción comercial de
tarjetas postales (Sekula, 1989).
La diferenciación entre fotografía
amateur y profesional que se consolida durante este período refleja
transformaciones más amplias en la división social del trabajo cultural.
Mientras los fotógrafos aficionados exploraban el potencial artístico y
documental del medio, los profesionales desarrollaron técnicas y procedimientos
orientados hacia la producción comercial masiva.
El uso de la fotografía para la construcción del otro durante el siglo XIX revela cómo este medio fue instrumentalizado para ilustrar y legitimar discursos científicos, políticos y culturales. La fotografía se convirtió en una herramienta de conocimiento y poder que permitía documentar, clasificar y representar la diversidad humana según criterios establecidos por las élites intelectuales y políticas (Palermo, 2020).
Referencias Bibliográficas (Selección
Harvard)
- Badger, R.R. (1979). The Great American Fair:
The World's Columbian Exposition and American Culture. Chicago: Nelson
Hall.
- Coe, B. (1989). The Birth of Photography: The Story of
the Formative Years, 1800-1900. Londres: Ash & Grant.
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histórico. [En línea].
- Fernández, J. (2023). Historia de la fotografía
en España: de los daguerrotipos a la era digital. OkDiario.
- Freund, G. (1976). La fotografía como
documento social. Barcelona: Gustavo Gili.
- Gascoigne, B. (1986). How to Identify Prints: A
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- Hacking, J. (2007). Photography: The Whole
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- Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio
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- López-Mondéjar, P. (2005). Historia de la fotografía
en España. Lunwerg Editores.
- McCauley, E.A. (1985). A.A.E. Disdéri and the
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- Morán Turina, M. (1995). 'Hauser y Menet y la tarjeta
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- Newhall, B. (1982). The History of
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- Pantoja Chaves, A. (2007). El valor documental de la
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- Rius, N. (2017). El primer fotógrafo
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- Rogl, H. (1975). Die Correspondenz-Karte.
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- Sánchez Vigil, J.M. (2021). El documento iconográfico
en archivos y bibliotecas. Serie Bibliotecología.
- Schivelbusch, W. (1986). The Railway Journey: The
Industrialization of Time and Space in the 19th Century. Berkeley:
University of California Press.
- Staff, F. (1912). The Picture Postcard
& Its Origins. Nueva York: Lutterworth Press.
- Teixidor, C. (1999). La fotografía en España
en el siglo XIX. Madrid: Espasa.
- West, N.M. (2000). Kodak and the Lens of
Nostalgia. Charlottesville: University Press of Virginia.
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