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17/1/26

21. LA POSTAL ILUSTRADA: SÍNTESIS MATERIAL DE LA CONVERGENCIA TECNOLÓGICA Y CRÍTICA DE LA CIVILIZACIÓN TÉCNICA (1869-1914)

La tarjeta postal ilustrada nació entre 1869 y 1900 como un pequeño cartón barato que condensaba una gran revolución: el cambio hacia una tecnología basada en ciencia, organización y sistemas globales, y no solo en el ingenio de artesanos aislados (Mokyr, 1998). Este objeto cotidiano se convirtió en un microcosmos de la Segunda Revolución Industrial, donde la convergencia tecnológica y la crítica a la civilización técnica se cruzan en apenas unos centímetros de cartulina.

La postal ilustrada, surgida entre 1869 y 1914, condensa la transformación tecnológica y cultural de la Segunda Revolución Industrial al integrar ciencia, industria y comunicación de masas en un objeto cotidiano accesible a las clases trabajadoras. Gracias a la cromolitografía y al fotocromo, la reproducción en color se volvió precisa, barata y escalable, mientras las redes postales y ferroviarias permitieron una circulación global sin precedentes. Este soporte estandarizado democratizó la cultura visual, impulsó el coleccionismo popular y creó un mercado internacional de imágenes que anticipa la industria cultural de masas. Desde Heidegger hasta Kittler, diversos marcos críticos permiten ver la postal como dispositivo que reconfigura el ser-con-otros, materializa el desfase entre cambio técnico y apropiación social, y produce nuevas formas de subjetividad, memoria e identidad. Su legado paradigmático reside en haber inaugurado una lógica de personalización masiva, saturación visual y globalización comunicativa que define la modernidad tecnológica contemporánea.

 1. De reforma administrativa a sistema tecnológico

La idea de la tarjeta postal no fue un capricho administrativo, sino el núcleo de un sistema tecnológico integrado diseñado por el economista austríaco Emmanuel Herrmann, que aprovechó a la vez el ferrocarril, la reorganización del servicio postal, la reducción de costes y la estandarización de formatos (Headrick, 1991; Hughes, 1983). La primera tarjeta oficial austriaca de 1869 mostró que una simple pieza de cartulina podía optimizar todo un sistema de comunicación, anticipando los grandes sistemas tecnológicos estudiados más tarde por Thomas P. Hughes (Hughes, 1983).

Esta innovación descansaba en una convergencia sistémica: estandarización de calibres ferroviarios, voltajes eléctricos y formatos postales, mejora de los transportes y apertura de tecnologías antes reservadas a élites económicas y cultas (Mokyr, 1998). En ese contexto, la postal dejó de ser un experimento marginal para convertirse en un dispositivo central de comunicación diaria.

2. El color que cambió la postal

Las primeras postales oficiales eran, según los propios contemporáneos, “monótonas y aburridas”, simples cartones impresos sin valor decorativo (Twyman, 1998). La revolución llegó con la cromolitografía de los años 1890, que aplicó ciencia sistemática para resolver problemas de color, registro y estabilidad que habían frustrado a impresores durante décadas (Twyman, 1998).

Esta nueva técnica se basaba en una química del color capaz de explicar cómo los pigmentos molidos en aceite de linaza interactuaban con distintos papeles y condiciones ambientales, garantizando colores estables y brillantes en el tiempo (Brunello, 1973). Los impresores debían conocer no solo las propiedades físicas de cada pigmento, sino también sus reacciones químicas al superponerse en varias capas (Brunello, 1973).

Al mismo tiempo, la física de la separación de colores permitía reproducir cualquier tono mediante la combinación de unos pocos colores básicos, lo que exigía tallar una piedra litográfica diferente para cada color y mantener un registro perfecto entre ellas (Griffiths, 1996). Para evitar el desajuste que arruinaría la imagen final, se necesitaba maquinaria de alta precisión capaz de trabajar con tolerancias de fracciones de milímetro durante tiradas de millones de ejemplares (Griffiths, 1996).

Frente al antiguo modelo basado en el “oficio” transmitido oralmente entre maestros y aprendices, la postal cromolitográfica dependía de documentación técnica exacta, fórmulas estandarizadas y procedimientos reproducibles, lo que permitía una producción industrial de gran escala (Eisenstein, 1983).

3. Fotocromo: la ciencia entra en la imprenta

El siguiente salto llegó con el proceso fotocromático desarrollado por Hans Jakob Schmid en la década de 1880, un ejemplo perfecto del “nuevo inventor” formado científicamente que describe Mokyr (Mokyr, 1998). Schmid trabajaba en Orell Gessner Füssli, una empresa suiza con larga tradición científica, con acceso a laboratorios, bibliotecas y redes internacionales de conocimiento, lejos de la figura del autodidacta aislado (Gernsheim, 1969).

Su técnica combinaba principios fotográficos establecidos por Niepce y Daguerre con teorías litográficas de Senefelder, apoyándose en experimentos minuciosos sobre temperatura, humedad, tiempos de exposición y concentraciones químicas (Bann, 1998). Este método encarna la nueva metodología racional de la Segunda Revolución Industrial, donde cada innovación se apoya en ciencia y experimentación controlada (Mokyr, 1998).

Para explotar el fotocromo, Orell Füssli creó Photochrom Zürich, una empresa dedicada específicamente a convertir investigación en producto, anticipando el modelo moderno de compañías basadas en I+D (Chandler, 1977). Las licencias concedidas a Detroit Photographic Company en Estados Unidos y a Photochrom Company en Londres articularon una verdadera red tecnológica global, comparable a las que se estaban formando en torno a la electricidad (Headrick, 1988).

En su momento de máxima actividad, Detroit Photographic Company llegó a producir hasta siete millones de impresiones fotocromáticas al año, una escala imposible sin la combinación de ciencia, ingeniería de precisión, organización industrial y coordinación internacional (Newhall, 1982).

4. Una tecnología avanzada al alcance del obrero

La postal ilustrada supuso un cambio clave: por primera vez, una tecnología visual avanzada resultaba accesible a las clases trabajadoras (Mokyr, 1998). Al costar aproximadamente la mitad que una carta, hacía posible que un obrero enviara una imagen cromolitográfica de alta calidad por el equivalente a media hora de salario (Vincent, 1989).

Además, la postal requería solo un nivel mínimo de lectura, pero ofrecía una auténtica alfabetización visual, enseñando geografía, historia, arte y costumbres internacionales a través de imágenes (Burke, 2001). Esa educación visual masiva preparó a toda una generación para las nuevas industrias del cine, la fotografía, la publicidad y los medios gráficos del siglo XX (Burke, 2001).

En las grandes ciudades, la existencia de múltiples repartos diarios permitía comunicaciones casi instantáneas entre barrios, lo que transformó la organización de la vida urbana y facilitó nuevas formas de coordinación familiar, social y comercial (Kern, 1983).

5. Un mapa tecnológico que se desplaza

La historia de la postal pone de relieve el desplazamiento del liderazgo tecnológico desde Gran Bretaña hacia un mapa más disperso, centrado en Austria, Alemania, Suiza y Estados Unidos (Mokyr, 1998). El propio concepto de tarjeta postal nació en Viena, no en Londres, cuestionando la supuesta hegemonía británica en materia de innovación (Siegert, 1999).

Alemania y Suiza se situaron a la cabeza de la cromolitografía gracias a su sólida formación científica y técnica, mientras que Estados Unidos destacó por su organización industrial aplicada a la producción masiva, como en el caso de Detroit Photographic Company (Eisenstein, 1983; Newhall, 1982). La conjunción de técnicas cromolitográficas germánicas, organización industrial norteamericana y sistemas administrativos austriacos generó híbridos tecnológicos que anticipaban los modelos globales del siglo XX (Mokyr, 1998).

6. Un laboratorio de la civilización técnica

Varios pensadores ayudan a entender por qué la postal es algo más que un simple recuerdo de viaje. Heidegger ve en la técnica moderna un Gestell, un marco que ordena el mundo y uniformiza la experiencia, algo que la postal ejemplifica al transformar la correspondencia en un proceso estandarizado (Heidegger, 1954).

Mumford sitúa la postal en la transición de la fase paleotécnica a la neotécnica, donde conviven mecanización masiva, democratización tecnológica y fuertes desfases culturales entre innovación y usos sociales (Mumford, 1934). Postman, por su parte, la considera un eslabón entre la tecnocracia y la tecnópolis, un mundo donde la tecnología reorganiza por completo la cultura y la política (Postman, 1992). Y Kittler interpreta la tarjeta como un medio de inscripción que articula texto, imagen y circulación, produciendo nuevas formas de subjetividad y memoria (Kittler, 1985).

7. Un legado que llega hasta hoy

La postal ilustrada prefiguró la industria cultural de masas, al crear un mercado internacional de imágenes estandarizadas reproducidas en millones de ejemplares (Benjamin, 1936). También inauguró la personalización masiva, al permitir que cada sujeto escribiera un mensaje único sobre un soporte producido en serie, una lógica que define hoy muchas prácticas digitales (Pine, 1993).

Al mismo tiempo, inventó una forma de turismo visual en la que se podían “visitar” lugares lejanos a través de la imagen antes del viaje o sin realizarlo, anticipando la virtualización de la experiencia que hoy asociamos a pantallas y realidad virtual (Urry, 1990).

En suma, entre 1890 y 1914 cada postal cromolitográfica enviada —en apariencia un objeto humilde— documentó la entrada en una era de innovación tecnológica sistemática, interdisciplinar y global, que aún estructura la relación contemporánea entre tecnología y vida cotidiana (Mokyr, 1998; Castells, 1996).

VERSION

1. La Convergencia Tecnológica y el Nacimiento de la Postal Ilustrada

1.1. La postal ilustrada como microcosmos del nuevo paradigma tecnológico

La tarjeta postal ilustrada surge entre 1869 y 1900 como una manifestación paradigmática de la transformación en la naturaleza del cambio tecnológico propia de la Segunda Revolución Industrial (Mokyr, 1998). Este pequeño objeto de cartulina no puede entenderse únicamente como una innovación comunicativa menor, sino como un microcosmos del nuevo paradigma de desarrollo tecnológico que se consolida entre 1870 y 1914, basado en la articulación sistemática entre conocimiento científico formal y aplicación técnica organizada (Mokyr, 1998). En este contexto, la postal ilustrada se sitúa en el punto de cruce entre la historia de las comunicaciones, la historia de la tecnología y la historia de la cultura visual, condensando en un soporte banal los rasgos estructurales de la civilización técnica emergente (Mumford, 1934; Burke, 2001).

La especificidad de este objeto radica en que su producción y circulación dependen de la existencia de una infraestructura industrial y científica altamente desarrollada, al tiempo que su uso cotidiano se integra en prácticas populares de comunicación y consumo cultural (Mokyr, 1998; Burke, 2001). La postal ilustrada, por tanto, permite observar cómo la nueva racionalidad tecnocientífica penetra en ámbitos de la vida diaria que antes quedaban relativamente al margen de la mecanización y de la estandarización técnica (Mumford, 1934; Kern, 1983).

1.2. La reforma de Emmanuel Herrmann como diseño de un sistema tecnológico

La llamada “revolución postal” iniciada por el economista austríaco Emmanuel Herrmann no consistió en introducir un simple formato alternativo a la carta, sino en diseñar un sistema tecnológico integrado que reorganizaba el conjunto del servicio postal (Headrick, 1991). Herrmann propone aprovechar simultáneamente las posibilidades del transporte ferroviario, la reorganización administrativa de la oficina de correos, la reducción de costes unitarios y la estandarización de formatos para incrementar la eficiencia y masificar el uso del correo (Headrick, 1991; Carrasco Marqués, 1992).

La primera tarjeta postal oficial emitida en Austria el 1 de octubre de 1869 representa, así, no una invención aislada, sino la optimización de un sistema postal completo, en el que la innovación reside tanto en el soporte como en la reconfiguración del conjunto de la infraestructura comunicativa (Headrick, 1991). Este enfoque anticipa el concepto de “grandes sistemas tecnológicos” desarrollado décadas después por Thomas P. Hughes, quien subraya la importancia de las interdependencias entre artefactos, organizaciones, normas e infraestructuras en la evolución de la tecnología moderna (Hughes, 1983).

En este sentido, la tarjeta postal se convierte en un elemento clave de un sistema sociotécnico que articula tecnologías de transporte, normas tarifarias, organización burocrática y prácticas culturales de escritura y lectura, de modo que el análisis del objeto individual remite inevitablemente a la estructura sistémica en la que se inscribe (Hughes, 1983; Castells, 1996).

1.3. Convergencia sistémica, estandarización y democratización tecnológica

La emergencia de la postal ilustrada es inseparable de un proceso más amplio de convergencia sistémica, en el que tecnologías previamente separadas pasan a operar como partes de sistemas integrados que requieren coordinación institucional y estandarización técnica (Mokyr, 1998). En el ámbito postal, esta convergencia se manifiesta en la unificación de los calibres ferroviarios, la fijación de voltajes eléctricos para los sistemas de comunicación, la normalización de formatos postales y la creación de normas internacionales que facilitan el intercambio de correspondencia entre países (Mokyr, 1998; Headrick, 1991).

La tarjeta postal, en su aparente simplicidad, se beneficia directamente de estos procesos de unificación técnica y de la mejora exponencial de los transportes, que permiten reducir tiempos de entrega y abaratar los costes de circulación de la información (Mokyr, 1998; Kern, 1983). Al mismo tiempo, la postal participa de la democratización del acceso a las tecnologías de comunicación, al ofrecer un soporte más económico que la carta tradicional y, posteriormente, un vehículo de acceso popular a imágenes de alta calidad técnica (Mokyr, 1998; Vincent, 1989).

Este conjunto de transformaciones muestra que el desarrollo de la postal ilustrada no puede atribuirse a la casualidad empírica ni a la iniciativa aislada de un inventor, sino que responde a la acumulación sistemática de conocimiento útil y a la consolidación de una nueva cultura de la innovación basada en la interacción entre ciencia, tecnología e instituciones (Mokyr, 1998; Hughes, 1983).

1.4. De las tarjetas “monótonas y aburridas” a la postal ilustrada

Las primeras tarjetas postales oficiales fueron descritas por los contemporáneos como “monótonas y aburridas”, meros cartones con texto impreso sin ningún atractivo visual, lo que refleja su carácter todavía estrictamente administrativo (Twyman, 1998). La verdadera mutación cultural se produce cuando, a partir de la década de 1890, se introduce la cromolitografía en la producción postal, convirtiendo el reverso en soporte de imágenes a color de alta calidad técnica (Twyman, 1998; Guereña, 2005).

Esta transformación ilustra de manera ejemplar el cambio señalado por Mokyr entre la Primera y la Segunda Revolución Industrial: el paso de unas técnicas que “se sabía que funcionaban, pero rara vez se entendía por qué” hacia procesos fundamentados en una comprensión teórica profunda de los fenómenos naturales implicados en la producción (Mokyr, 1998, p. 217). La cromolitografía postal deja de ser experimentación artesanal y se convierte en ciencia aplicada, que exige dominio simultáneo de química de pigmentos, física óptica, ingeniería mecánica de precisión y organización industrial de gran escala (Twyman, 1998; Brunello, 1973; Griffiths, 1996).

En consecuencia, la postal ilustrada cristaliza una doble lógica: por un lado, la racionalización tecnocientífica de los procesos de impresión y, por otro, la integración de esa racionalidad en la vida cotidiana, mediante un objeto de bajo coste que circula masivamente entre amplios sectores de la población (Mokyr, 1998; Burke, 2001).


2. La Cromolitografía como Expresión del Nuevo Paradigma Científico-Tecnológico

2.1. Cromolitografía y dirección científica del desarrollo tecnológico

La transformación de la tarjeta postal oficial en tarjeta postal ilustrada durante la última década del siglo XIX constituye un ejemplo privilegiado de cómo el conocimiento científico formal comienza a dirigir y acelerar el desarrollo tecnológico (Twyman, 1998). La cromolitografía, desarrollada inicialmente por Godefroy Engelmann en la década de 1830, es perfeccionada sistemáticamente en el marco de la Segunda Revolución Industrial, pasando de ser una técnica relativamente empírica a una tecnología basada en principios científicos precisos aplicados a problemas industriales complejos (Twyman, 1998; Brunello, 1973).

En el caso postal, la cromolitografía permite producir imágenes en color con una calidad visual elevada y una estabilidad aceptable, a un coste suficientemente bajo como para hacer viable su distribución masiva (Twyman, 1998; Golden, 1992). De este modo, la postal se convierte en una de las primeras manifestaciones de una industria cultural seriada sustentada en procedimientos tecnocientíficos sofisticados, anticipando desarrollos posteriores en la reproducción mecánica de imágenes (Benjamin, 1936; Baxandall, 1985).

2.2. Química de pigmentos, física del color y estabilidad cromática

La base científica del color en la producción cromolitográfica exige el dominio de múltiples disciplinas, en particular la química de tintas y pigmentos y la física de la percepción cromática (Brunello, 1973; Griffiths, 1996). Desde el punto de vista químico, resulta imprescindible comprender cómo los pigmentos, molidos en aceite de linaza hervido u otros aglutinantes, interactúan con papeles de distinta composición y en condiciones ambientales diversas, con el fin de garantizar una estabilidad cromática aceptable a largo plazo (Brunello, 1973).

Los impresores deben conocer no solo las propiedades físicas —granulometría, opacidad, poder colorante— de cada pigmento, sino también sus reacciones químicas mutuas cuando se superponen en múltiples capas, para evitar problemas de decoloración, craquelado o migración de color (Brunello, 1973; Twyman, 1998). Paralelamente, la física de la separación de colores requiere un conocimiento preciso de cómo el ojo humano percibe las combinaciones cromáticas y de cómo es posible reproducir cualquier tono mediante la superposición controlada de un número limitado de colores básicos (Griffiths, 1996).

Esta comprensión científica se traduce en la necesidad de producir una piedra litográfica separada para cada color, con una imagen tallada que, al imprimirse sucesivamente, reconstruya la imagen final mediante la suma de capas (Twyman, 1998; Griffiths, 1996). El resultado es un proceso altamente complejo en el que la apariencia final depende de la interacción entre química, física y técnica de impresión, lo que refuerza el carácter interdisciplinario del nuevo paradigma tecnológico (Mokyr, 1998; Brunello, 1973).

2.3. Ingeniería de precisión, maquinaria avanzada y codificación del conocimiento técnico

La necesidad de alinear con precisión microscópica cada una de las piedras litográficas convierte la cromolitografía en un ámbito de ingeniería de precisión (Griffiths, 1996). Un mínimo desajuste en el registro de los colores produce halos, duplicaciones o borrosidad que arruinan la imagen, de manera que la calidad final depende de la capacidad de la maquinaria para mantener tolerancias de fracciones de milímetro durante tiradas de miles o millones de ejemplares (Griffiths, 1996; Twyman, 1998).

A diferencia del modelo artesanal tradicional, basado en conocimiento tácito transmitido oralmente entre maestros y aprendices, la cromolitografía postal exige documentación técnica precisa, fórmulas químicas estandarizadas y procedimientos de trabajo detallados que puedan seguir operarios formados, pero no necesariamente pertenecientes a una tradición gremial específica (Eisenstein, 1983). Esta codificación del conocimiento técnico permite la escalabilidad industrial, convirtiendo la impresión en color en un proceso reproductible que puede exportarse y replicarse en distintos talleres y países (Eisenstein, 1983; Hughes, 1989).

La postal ilustrada es, así, el resultado de una convergencia entre maquinaria avanzada, procedimientos normalizados y conocimientos científicos codificados, que sitúa la producción de imágenes impresas en el centro de la nueva cultura de la innovación sistemática (Mokyr, 1998; Baxandall, 1985).

2.4. Estandarización internacional y coordinación institucional: la Unión Postal Universal

La expansión de la postal ilustrada se apoya en una infraestructura institucional que responde a la lógica de la coordinación sistémica propia del nuevo paradigma tecnológico (Mokyr, 1998). La creación y consolidación de la Unión Postal Universal (UPU), especialmente a partir de las decisiones de 1878, establece la estandarización internacional de los formatos postales, lo que facilita la circulación transnacional de tarjetas y cartas (Headrick, 1991).

Como subraya Mokyr, los gobiernos y las instituciones líderes se ven obligados a intervenir para fijar parámetros técnicos —como calibres ferroviarios, voltajes eléctricos, distribución de teclados o reglas de circulación— que permitan el funcionamiento integrado de sistemas tecnológicos complejos (Mokyr, 1998). La postal ilustrada depende de manera directa de este entorno de normas y acuerdos multilaterales, que garantizan la interoperabilidad entre servicios postales nacionales y convierten a la red postal en un auténtico sistema global de comunicación (Headrick, 1991; Castells, 1996).

En este marco, la cromolitografía aplicada a la postal no es solo un logro técnico, sino un elemento de un ecosistema institucional y tecnológico que articula ciencia, industria e infraestructuras de comunicación de alcance mundial (Mokyr, 1998; Headrick, 1991).


3. El Proceso Fotocromático y la Institucionalización de la Investigación

3.1. Hans Jakob Schmid y la figura del “nuevo inventor” científico

El desarrollo del proceso fotocromático por Hans Jakob Schmid en la década de 1880 representa una culminación emblemática de la transformación en la naturaleza del cambio tecnológico y encarna la figura del “nuevo inventor” descrita por Mokyr (Mokyr, 1998). Schmid no es un artesano que experimenta por ensayo y error en un pequeño taller, sino un ingeniero científicamente formado que trabaja en el seno de una empresa con larga tradición científica, la casa suiza Orell Gessner Füssli (Gernsheim, 1969).

La trayectoria de Schmid se apoya en décadas de investigación fotográfica acumulada y en las teorías cromáticas desarrolladas en universidades alemanas y francesas, de modo que su labor se inscribe en una red internacional de conocimiento más que en una historia local de oficio (Gernsheim, 1969). Esta figura de inventor profesional con acceso a laboratorios, bibliotecas especializadas y circuitos académicos constituye un rasgo distintivo de la Segunda Revolución Industrial frente a las etapas tecnológicas anteriores (Mokyr, 1998).

3.2. Metodología racional: combinación de conocimiento formal y experimentación controlada

El método fotocromático combina principios fotográficos derivados de los trabajos de Niepce y Daguerre, teorías litográficas sistematizadas por Senefelder y un conjunto de procedimientos de experimentación controlada que registran detalladamente las condiciones de producción (Bann, 1998). Schmid incorpora mediciones precisas de parámetros como la temperatura, la humedad, los tiempos de exposición, la concentración química de las soluciones y las técnicas de aplicación de color, generando un cuerpo de conocimiento que puede ser replicado y perfeccionado (Bann, 1998).

Esta combinación de conocimiento formal y conocimiento práctico sistematizado se corresponde con la nueva metodología de innovación que Mokyr considera característica de la Segunda Revolución Industrial, en la que la ciencia y la técnica dejan de ser esferas separadas para integrarse en un proceso continuo de retroalimentación (Mokyr, 1998). El fotocromo postal es, en este sentido, un producto paradigmático de la tecnociencia moderna, que convierte la imagen en resultado de una operación racionalmente controlada sobre la luz, los materiales y los procedimientos de impresión (Bann, 1998; Gernsheim, 1969).

3.3. Sistemas tecnológicos integrados y complejidad del nuevo paradigma

El proceso fotocromático requiere la coordinación de múltiples sistemas tecnológicos integrados, lo que refleja la complejidad estructural del nuevo paradigma de la civilización técnica (Hughes, 1989). En primer lugar, exige equipos de fotografía en blanco y negro de alta precisión óptica, capaces de registrar detalles finos y contrastes adecuados para la posterior traducción cromática (Gernsheim, 1969; Newhall, 1982). En segundo lugar, depende de un análisis cromático científico apoyado en teorías espectrales avanzadas, que permite descomponer la imagen en componentes de color reproducibles (Bann, 1998).

En tercer lugar, se apoya en una litografía de precisión que integra las exigencias de registro ya presentes en la cromolitografía con los nuevos desafíos de traducir información fotográfica a superficies impresas (Twyman, 1998). En cuarto lugar, utiliza química de tintas avanzada, con formulaciones desarrolladas en laboratorios especializados para asegurar tanto la fidelidad cromática como la resistencia de las imágenes (Brunello, 1973). Finalmente, se inscribe en una producción industrial masiva inspirada en el Sistema Americano de manufactura, con líneas de trabajo especializadas, control de calidad sistemático y búsqueda de economías de escala (Hughes, 1989; Newhall, 1982).

La postal fotocromática se convierte así en un nodo donde convergen óptica, química, mecánica de precisión y organización industrial, ejemplificando la naturaleza interdisciplinaria y altamente organizada de la tecnología de finales del siglo XIX (Mokyr, 1998; Hughes, 1989).

3.4. Empresa de I+D, licencias internacionales y redes tecnológicas globales

La institucionalización de la investigación y el desarrollo (I+D) se hace evidente en la forma en que Orell Füssli organiza la explotación del proceso fotocromático (Chandler, 1977). La creación de Photochrom Zürich como empresa específica dedicada a la explotación comercial del fotocromo establece un modelo de organización corporativa que separa claramente la investigación básica, el desarrollo aplicado, la ingeniería de producción y la comercialización internacional (Chandler, 1977).

El otorgamiento de licencias internacionales del proceso a empresas como Detroit Photographic Company en Estados Unidos y Photochrom Company en Londres configura una auténtica red tecnológica global, comparable a las redes eléctricas o de telecomunicaciones que analizan Headrick y Hughes (Headrick, 1988; Hughes, 1983). Esta red coordina la investigación técnica, el intercambio de personal especializado, la estandarización de equipos y procedimientos y la distribución comercial de imágenes a escala mundial (Headrick, 1988; Castells, 1996).

En su período de máxima actividad, Detroit Photographic Company alcanza una producción anual de hasta siete millones de impresiones fotocromáticas, cifra que ilustra la escalabilidad industrial del nuevo paradigma tecnológico y su capacidad para multiplicar la circulación de imágenes (Newhall, 1982). Tal volumen de producción habría sido inconcebible en un régimen artesanal y solo resulta comprensible a partir de la combinación de conocimiento científico, ingeniería de precisión, organización industrial y coordinación internacional (Newhall, 1982; Hughes, 1989).

En conjunto, el proceso fotocromático aplicado a la tarjeta postal revela la consolidación de un modelo de empresa tecnológica y de red global de innovación que anticipa las formas de la modernidad técnica del siglo XX, situando a la postal ilustrada en el corazón de la transformación de la relación entre imagen, tecnología y sociedad (Mokyr, 1998; Castells, 1996)

 

4. La Democratización Tecnológica y la Transformación Social

4.1. La postal ilustrada como primera tecnología avanzada accesible a las clases trabajadoras

La tarjeta postal ilustrada constituye uno de los primeros ejemplos de tecnología avanzada que se hace accesible de manera masiva a las clases trabajadoras, en lugar de permanecer restringida a élites económicas y educativas (Mokyr, 1998). Esta democratización tecnológica confirma la observación de Mokyr de que, durante la Segunda Revolución Industrial, las nuevas tecnologías “llegaron como nunca antes a la vida diaria de las clases medias y trabajadoras” al integrarse en objetos cotidianos de bajo coste (Mokyr, 1998).

La postal ilustrada sitúa así la alta tecnología de reproducción visual –cromolitografía, fotocromo, redes postales globales– al alcance de sectores que hasta entonces apenas tenían acceso a imágenes impresas de calidad (Twyman, 1998; Burke, 2001). De este modo, la tarjeta se convierte en un puente entre la infraestructura tecnocientífica y la experiencia cotidiana de amplios grupos sociales, desempeñando un papel clave en la configuración de una cultura visual verdaderamente masiva (Burke, 2001; Guereña, 2005).

4.2. Accesibilidad económica y ampliación del consumo visual

La accesibilidad económica constituye un factor decisivo en la expansión social de la postal ilustrada, ya que su tarifa se sitúa en torno a la mitad del precio de una carta estándar, lo que facilita su adopción por familias de ingresos modestos (Carrasco Marqués, 1992; Mokyr, 1998). Un trabajador industrial podía enviar una postal cromolitográfica de alta calidad técnica por el equivalente a aproximadamente media hora de salario, algo impensable en el caso de productos visuales encargados a artistas o fotógrafos para uso privado (Vincent, 1989; Golden, 1992).

Esta reducción de los costes de acceso produce una expansión notable del consumo visual entre las clases trabajadoras, que empiezan a incorporar la imagen impresa como parte habitual de su vida cotidiana, tanto en la comunicación epistolar como en prácticas de colección y exhibición doméstica (Burke, 2001; Staff, 1979). La postal ilustrada actúa, por tanto, como un dispositivo que generaliza el acceso a bienes culturales visuales en una escala desconocida hasta entonces, anticipando la lógica de la cultura de masas del siglo XX (Benjamin, 1936; Guereña, 2005).

4.3. Alfabetización visual, educación informal y preparación para las industrias visuales

La expansión de la postal ilustrada impulsa una forma de alfabetización visual que excede ampliamente a las élites educadas tradicionales, al proporcionar a públicos con baja escolarización acceso regular a imágenes de ciudades, monumentos, escenas históricas y tipos humanos diversos (Burke, 2001; Guereña, 2005). Los estudios contemporáneos han mostrado que las postales “exigían solo niveles mínimos de alfabetización textual” pero ofrecían una educación visual sofisticada sobre geografía, historia, arte y costumbres internacionales, a través de series temáticas y colecciones organizadas (Burke, 2001; Staff, 1979).

Este aprendizaje visual no formalizado prepara a amplias capas de la población para la recepción de las industrias visuales del siglo XX, como el cine, la fotografía de prensa, la publicidad y los medios gráficos, al familiarizar a los usuarios con códigos iconográficos, convenciones de encuadre y principios de serialidad visual (Burke, 2001; Benjamin, 1936). La postal puede considerarse así un precursor pedagógico de la cultura mediática moderna, en la medida en que contribuye a configurar un público capaz de interpretar y consumir imágenes en gran escala (Burke, 2001; Guereña, 2005).

4.4. Aceleración comunicativa y modernización de la vida urbana

El sistema de comunicación de masas facilitado por las postales transforma de manera significativa las prácticas sociales urbanas, especialmente en las grandes ciudades con varios repartos diarios (Carrasco Marqués, 1992; Kern, 1983). La posibilidad de “múltiples entregas postales diarias” permite que un mensaje enviado por la mañana pueda ser recibido y respondido en el mismo día, lo que introduce nuevas temporalidades en la organización de la vida familiar, social y comercial (Kern, 1983).

Esta aceleración comunicativa contribuye a la modernización de la vida urbana, al hacer posibles formas de coordinación cotidiana –citas, avisos, encargos– que habrían sido impensables con sistemas postales menos frecuentes o más costosos (Kern, 1983; Carrasco Marqués, 1992). La postal, en tanto que soporte de comunicación rápida y barata, se convierte en un elemento central de la nueva cultura del tiempo y el espacio que caracteriza al cambio de siglo, marcada por la compresión temporal y la intensificación de las redes de contacto social (Kern, 1983).

4.5. Innovación colectiva y régimen de microinnovaciones continuas

El análisis de la evolución de la tarjeta postal pone de manifiesto que no fue “inventada” por una sola persona mediante un acto de inspiración, sino que surgió de una innovación colectiva que combinó aportaciones técnicas, organizativas y comerciales procedentes de múltiples actores (Mokyr, 1998; Hughes, 1983). Esta dinámica coincide con la descripción de Mokyr sobre el surgimiento de sistemas tecnológicos integrados que requieren coordinación entre ingenieros, administradores, industriales y legisladores para consolidar una infraestructura funcional (Mokyr, 1998).

Tras la macroinvención inicial, se desencadena un régimen de microinnovaciones continuas que ilustran cómo el nuevo paradigma genera un mejoramiento técnico sostenido (Mokyr, 1998; Golden, 1992). Entre estas microinnovaciones destacan la normalización de formatos por la Unión Postal Universal en 1878, la introducción del reverso dividido en 1907 –que separa claramente el espacio de la dirección del espacio del mensaje–, las mejoras constantes en calidad cromática y la diversificación temática hacia “vistas fotográficas”, “tipos del país” y postales “artísticas” (Golden, 1992; Guereña, 2005).

Este proceso revela un modelo de innovación institucionalizada, en el que el objeto postal se encuentra sometido a un ciclo permanente de ajustes y mejoras, muy diferente de los desarrollos técnicos esporádicos que habían predominado en fases anteriores de la historia de la técnica (Mokyr, 1998; Hughes, 1989).

4.6. Mercado masivo de productos culturales y coleccionismo popular

La transformación de las prácticas de consumo asociadas a la postal ilustrada resulta igualmente significativa desde la perspectiva de la historia cultural (Staff, 1979; Guereña, 2005). Las tarjetas ilustradas dan lugar al primer mercado masivo de productos culturales estandarizados, en el que imágenes de ciudades, monumentos o escenas costumbristas circulan en tiradas de cientos de miles o millones de ejemplares, anticipando las lógicas de las futuras industrias del entretenimiento (Benjamin, 1936; Golden, 1992).

Las familias de clase trabajadora comienzan a coleccionar imágenes de forma sistemática, ordenándolas en álbumes o cajas, y desarrollan criterios estéticos y conocimientos geográficos internacionales que antes requerían educación formal o viajes costosos (Staff, 1979; Burke, 2001). Este coleccionismo popular convierte la postal en una herramienta de construcción de memoria personal y colectiva, al tiempo que refuerza la internalización de una visión del mundo mediada por la reproducción técnica de imágenes (Benjamin, 1936; Guereña, 2005).


5. El Cambio Geográfico del Liderazgo Tecnológico en la Industria Postal

5.1. Desplazamiento del foco de liderazgo tecnológico

El desarrollo de la tarjeta postal ilustrada documenta de forma precisa el cambio geográfico en el liderazgo tecnológico que Mokyr identifica como rasgo fundamental de la Segunda Revolución Industrial (Mokyr, 1998). Según este autor, el período desplaza el foco de liderazgo “lejos de Gran Bretaña hacia un locus más disperso”, aunque el control sobre la innovación continúa siendo patrimonio del mundo occidental industrializado (Mokyr, 1998, p. 218).

En el caso de la postal, esta redistribución se hace evidente en el papel pionero de Austria en la conceptualización del sistema, de Alemania y Suiza en el perfeccionamiento de la cromolitografía y la química del color, y de Estados Unidos en la organización industrial de la producción masiva (Headrick, 1991; Newhall, 1982). El resultado es un mapa tecnológico multipolar que cuestiona la imagen de una hegemonía británica incuestionable en materia de innovación, al menos en este sector (Mokyr, 1998; Landes, 1969).

5.2. Innovación administrativa austriaca y descentralización de la creatividad

La innovación sistémica austriaca en el concepto original de la tarjeta postal contradice las expectativas habituales de que las principales novedades tecnológicas del periodo debían surgir de Gran Bretaña, considerada tradicionalmente la “cuna” de la Revolución Industrial (Landes, 1969; Siegert, 1999). El hecho de que fuera el economista Emmanuel Herrmann, en Viena, quien diseñara el sistema postal integrado que transformaría las comunicaciones a escala global indica que la creatividad tecnológica se había extendido ya a centros universitarios e industriales del continente europeo (Headrick, 1991; Siegert, 1999).

Esta descentralización de la innovación se corresponde con el desarrollo de nuevas instituciones de enseñanza técnica y con la consolidación de redes científicas internacionales que superan los límites del modelo británico centrado en el empirismo y la experiencia práctica (Mokyr, 1998; Landes, 1969). La postal ilustrada se convierte así en un caso de estudio privilegiado para entender cómo la geografía del conocimiento técnico se diversifica y complejiza en las últimas décadas del siglo XIX (Mokyr, 1998; Castells, 1996).

5.3. Supremacía técnica germánica y metodología científica sistemática

La supremacía técnica germánica en la cromolitografía postal resulta especialmente significativa porque ilustra las ventajas de la metodología científica sistemática que Mokyr identifica como fortaleza distintiva de Alemania (Mokyr, 1998). Los técnicos alemanes y suizos no dependen de “golpes maestros ocasionales”, sino de la búsqueda paciente y sistemática de soluciones por parte de personas con formación científica y técnica formal, tal como ocurre en la industria química alemana (Mokyr, 1998; Brunello, 1973).

Esta superioridad metodológica se traduce en una dominancia técnica duradera en campos como la producción de pigmentos, la ingeniería de precisión de las prensas litográficas y el desarrollo de procedimientos reproducibles para la impresión en color (Eisenstein, 1983; Griffiths, 1996). En el ámbito postal, esta hegemonía se refleja en la alta calidad de las series cromolitográficas producidas en talleres alemanes y suizos, que se convierten en referencia internacional para editores y coleccionistas (Twyman, 1998; Golden, 1992).

5.4. Redes tecnológicas globales y corporaciones multinacionales

El desarrollo de redes tecnológicas globales coordinadas desde múltiples centros nacionales refleja la internacionalización del conocimiento técnico característica del periodo, especialmente en sectores intensivos en ciencia como el de la impresión y la fotografía (Headrick, 1988; Castells, 1996). Los sistemas de patentes y licencias globales, la estandarización internacional de formatos, el intercambio científico-técnico entre países y la coordinación de sistemas postales nacionales configuran una infraestructura transnacional que anticipa la forma de las corporaciones multinacionales del siglo XX (Headrick, 1991; Chandler, 1977).

En el ámbito de la postal ilustrada, estas redes permiten que innovaciones técnicas desarrolladas en centros europeos sean explotadas industrialmente en Estados Unidos, mientras que prácticas organizativas estadounidenses influyen en la racionalización de la producción en Europa (Headrick, 1988; Newhall, 1982). La tarjeta postal se convierte así en mercancía global, producida y distribuida por empresas que operan a escala internacional y que dependen de una densa red de acuerdos, normas y cooperaciones tecnológicas (Castells, 1996; Golden, 1992).

5.5. Industrialización americana de la producción postal y el “Sistema Americano”

La industrialización americana de la producción postal masiva constituye otro rasgo clave del cambio geográfico del liderazgo tecnológico (Hughes, 1989). Compañías como Detroit Photographic Company dominan la producción mundial de postales fotocromáticas no tanto por superioridad técnica en cromolitografía, sino gracias a una organización industrial avanzada basada en líneas de producción especializadas, control de calidad sistemático y una distribución comercial muy eficiente (Newhall, 1982).

Este modelo responde a los principios del “Sistema Americano” de manufactura, caracterizado por la estandarización de piezas, la producción en serie y el uso intensivo de maquinaria para lograr economías de escala, que Mokyr ha descrito ampliamente (Mokyr, 1998; Hughes, 1989). Aplicado al campo de la postal, este sistema permite transformar una tecnología compleja en un producto de consumo de masas distribuido a escala internacional, consolidando la posición de Estados Unidos como líder en la innovación organizativa (Hughes, 1989; Castells, 1996).

5.6. Ventajas competitivas nacionales y síntesis internacional

Las ventajas competitivas nacionales que se ponen de manifiesto en la industria postal ilustrada responden a fortalezas institucionales diversas (Chandler, 1977; Mokyr, 1998). Austria-Hungría destaca en innovación administrativa debido a su compleja estructura imperial multiétnica, que exige soluciones comunicativas eficientes para articular territorios y poblaciones muy heterogéneos (Carrasco Marqués, 1992; Siegert, 1999). Alemania y Suiza dominan la innovación técnica gracias a sus universidades técnicas, sus escuelas de artes y oficios y una tradición artesanal de precisión que facilita la adopción de procedimientos científicos en la producción (Brunello, 1973; Eisenstein, 1983). Estados Unidos, finalmente, lidera la innovación organizativa, aplicando principios de producción masiva y distribución comercial que optimizan el rendimiento de las tecnologías disponibles (Hughes, 1989; Chandler, 1977).

La transferencia tecnológica internacional funciona de manera bidireccional, no como un flujo unidireccional desde un centro hegemónico hacia periferias pasivas (Headrick, 1988; Castells, 1996). Las técnicas cromolitográficas alemanas se combinan con métodos organizativos americanos y con sistemas administrativos austriacos para crear híbridos tecnológicos superiores a cualquier tradición nacional aislada, anticipando los patrones de innovación global contemporánea (Mokyr, 1998; Headrick, 1991).

5.7. El declive relativo británico y los límites del empirismo pragmático

El declive relativo británico en el campo de las tecnologías vinculadas a la postal ilustrada refleja las limitaciones de un modelo basado en el empirismo pragmático que había resultado eficaz durante la Primera Revolución Industrial pero que se reveló insuficiente para industrias intensivas en conocimiento científico formal (Landes, 1969). Mientras otros países desarrollan sistemas educativos técnicos y redes institucionales de investigación, Gran Bretaña mantiene estructuras formativas orientadas al empirismo práctico, lo que genera desventajas competitivas crecientes en sectores como la química, la ingeniería de precisión o la fotografía (Landes, 1969; Mokyr, 1998).

En el ámbito postal, esta situación se traduce en una menor presencia británica en los segmentos de la cromolitografía de alta calidad y de la producción fotocromática a gran escala, en comparación con los liderazgos alemán, suizo y estadounidense (Newhall, 1982; Twyman, 1998). El caso de la tarjeta postal ilustra, por tanto, cómo la transición hacia un modelo de innovación científicamente intensivo puede reconfigurar las jerarquías tecnológicas internacionales, desplazando a quienes no adaptan sus instituciones educativas e investigadoras al nuevo contexto (Mokyr, 1998; Landes, 1969).


6. Los Fundamentos Ontológicos de la Crítica Tecnológica: El Marco Heideggeriano

6.1. De la techné al Gestell: técnica moderna y modo de desvelar

Martin Heidegger, en “La pregunta por la técnica” (1954), establece un marco ontológico para comprender la esencia de la técnica moderna, distinguiendo entre la técnica artesanal (techné) y la técnica moderna (Gestell) (Heidegger, 1954). Mientras la techné designa un modo de producir que mantiene una cierta co-pertenencia con el mundo y la physis, el Gestell se entiende como un modo específico de desvelar que reduce los entes a mero “fondo disponible” (Bestand), imponiendo una lógica de ordenamiento y explotación sistemática (Heidegger, 1954).

Desde esta perspectiva, la postal ilustrada no es simplemente un instrumento neutral de comunicación, sino un dispositivo inscrito en el Gestell que reorganiza las relaciones entre los sujetos y el mundo al uniformizar las formas de intercambio epistolar y visual (Heidegger, 1954; Ihde, 1990). La introducción de formatos estandarizados, tarifas homogéneas y procedimientos industriales de reproducción indica que la comunicación deja de ser un acto singular para convertirse en parte de un proceso técnico uniforme, guiado por exigencias de eficiencia y control (Heidegger, 1954; Carrasco Marqués, 1992).

6.2. La postal como marco comunicativo y uniformización de la experiencia

El proceso de uniformización postal ilustra cómo la técnica moderna opera mediante la imposición de estructuras que determinan tanto las posibilidades como los límites de la experiencia comunicativa (Heidegger, 1954). La existencia de medidas, zonas de escritura, espacios específicos para la dirección y normas de circulación configura la postal como parte de un marco comunicativo reglado, en el que la espontaneidad expresiva se ve reconfigurada por los protocolos del sistema (Headrick, 1991; Carrasco Marqués, 1992).

Este “Gestell postal” se manifiesta en la transformación de la comunicación personal en proceso técnico rutinario, en el que miles de mensajes breves circulan siguiendo las mismas reglas, formatos y tiempos, subordinando la singularidad de cada vínculo al funcionamiento del dispositivo global (Heidegger, 1954; Kern, 1983). La postal no solo facilita la comunicación existente, sino que redefine el modo de estar-con-otros, produciendo una forma de relación mediada que depende de la infraestructura técnica y de su lógica de ordenamiento (Heidegger, 1954; Castells, 1996).

6.3. Fenomenología de la mediación técnica: Don Ihde y la experiencia postal

La fenomenología de la técnica desarrollada por Don Ihde ofrece herramientas para describir de manera más fina cómo dispositivos como la postal median la experiencia perceptiva y relacional (Ihde, 1990). Ihde distingue varias formas de relación entre humanos y tecnologías, entre las que destacan la relación de incorporación, la relación hermenéutica y la relación de alteridad, que resultan especialmente pertinentes para el análisis del objeto postal (Ihde, 1990).

En una relación de incorporación, la postal funciona como extensión del gesto comunicativo: el sujeto integra el objeto en su corporalidad expresiva, de modo que enviar una postal se convierte en una prolongación técnica del acto de dirigirse a otro (Ihde, 1990; Burke, 2001). En una relación hermenéutica, la atención se centra en la interpretación de los códigos visuales y textuales de la tarjeta: el destinatario debe leer tanto el mensaje escrito como la imagen, descifrando convenciones gráficas, símbolos y alusiones culturales (Ihde, 1990; Guereña, 2005). En una relación de alteridad, la postal puede operar como una suerte de “otro” comunicativo, un soporte que condensa la presencia ausente del remitente y se convierte en objeto de interacción afectiva y simbólica (Ihde, 1990; Staff, 1979).

Estas mediaciones muestran que la postal no es un medio transparente que simplemente “transporta” mensajes, sino un agente activo en la configuración de la experiencia, que co-determina cómo se perciben, se recuerdan y se valoran las relaciones sociales (Ihde, 1990; Burke, 2001).

6.4. La postal como anticipación de la mediación tecnológica en la modernidad tardía

El marco heideggeriano, enriquecido por la fenomenología de Ihde, permite considerar la postal como un precursor de las formas contemporáneas de mediación tecnológica, en las que la comunicación interpersonal está crecientemente mediada por sistemas técnicos complejos (Heidegger, 1954; Ihde, 1990). La postal anticipa, en una escala material sencilla, procesos que se radicalizarán en las redes digitales: la estandarización de formatos, la reducción de los mensajes a unidades breves, la dependencia de infraestructuras globales y la constitución de nuevas formas de presencia a distancia (Castells, 1996; Kern, 1983).

Desde esta perspectiva, la tarjeta postal ilustrada puede entenderse como un laboratorio histórico donde se ensayan modos de ser-con-otros tecnológicamente mediados, que más tarde se generalizarán a través de medios electrónicos y digitales (Heidegger, 1954; Castells, 1996). La crítica ontológica de la técnica moderna encuentra, en este objeto aparentemente banal, un caso empírico que ilumina la profundidad de la transformación en la estructura de la experiencia que introduce la civilización técnica (Mumford, 1934; Postman, 1992).

 

7. La Crítica Mumfordiana de la Civilización Técnica: Fases Evolutivas y Mediación

7.1. Las fases eotécnica, paleotécnica y neotécnica

Lewis Mumford, en Technics and Civilization (1934), propone una periodización histórica de la evolución técnica en tres grandes fases –eotécnica, paleotécnica y neotécnica– que resulta fundamental para contextualizar la emergencia de la postal ilustrada (Mumford, 1934). La fase eotécnica (1000–1750) se caracteriza por un uso relativamente equilibrado de las energías naturales, vinculado a estructuras sociales preindustriales; la fase paleotécnica (1750–1900) está marcada por el carbón, el hierro y la mecanización masiva; la fase neotécnica (1900–presente) introduce la electricidad, nuevas formas de energía y una mayor posibilidad de democratización tecnológica (Mumford, 1934).

La postal ilustrada emerge precisamente en la transición paleotécnica–neotécnica, heredando los procesos de mecanización propia de la fase paleotécnica –impresión en color, distribución ferroviaria, uniformización de tamaños– y anticipando rasgos neotécnicos como la democratización visual, el consumo cultural de masas y la uniformización global de formatos y contenidos (Mumford, 1934; Carrasco Marqués, 1992).

7.2. Desfase cultural: dos tiempos de la tecnología y de lo humano

Mumford desarrolla el concepto de “desfase cultural” para describir la distancia entre el ritmo del cambio tecnológico y la capacidad de las sociedades para comprender y apropiarse de las nuevas formas técnicas (Mumford, 1934). Según este planteamiento, coexisten “dos historias”: un tiempo de la tecnología, marcado por la acumulación acelerada de innovaciones, y un tiempo de lo humano, en el que los sujetos, instituciones y culturas intentan integrar esos cambios en sus prácticas y valores, generando una “conciencia tecnológica” siempre desfasada respecto a las innovaciones (Mumford, 1934).

La postal materializa este desfase cultural al incorporar innovaciones técnicas avanzadas –cromolitografía, fotocromo, redes globales– dentro de marcos culturales que siguen siendo, en muchos aspectos, tradicionales: correspondencia familiar, turismo burgués, coleccionismo artesanal (Mumford, 1934; Guereña, 2005). Técnicamente, la tarjeta representa la vanguardia de la reproducción en color y la distribución masiva; culturalmente, se mantiene ligada a formas heredadas de sociabilidad y representación, lo que genera tensiones entre modernización técnica y continuidad cultural (Mumford, 1934; Staff, 1979).

7.3. Ambivalencia de la fase neotécnica: máquinas, capital y fines humanos

En su crítica a la fase neotécnica, Mumford denuncia que las nuevas máquinas y energías, lejos de liberar a las sociedades de los condicionamientos de la fase paleotécnica, han sido utilizadas para reforzar procesos capitalistas y militaristas ya existentes (Mumford, 1934). Según el autor, “hemos utilizado simplemente nuestras nuevas máquinas y energías para apoyar procesos que se empezaron bajo los auspicios de la empresa capitalista y militarista”, en lugar de someter esas formas de empresa a “propósitos más vitales y humanos” (Mumford, 1934).

La postal ilustrada ejemplifica esta tensión estructural al servir simultáneamente a propósitos comerciales –promoción turística, publicidad, consolidación de marcas y destinos– y a fines humanizadores, como el mantenimiento de vínculos afectivos, la democratización cultural y la creación de redes de memoria compartida (Guereña, 2005; Burke, 2001). Esta dualidad funcional revela una ambivalencia constitutiva de la técnica moderna, en la que los mismos dispositivos pueden contribuir tanto a la liberación de las capacidades humanas como a su alienación en estructuras de explotación y control (Mumford, 1934; Postman, 1992).

7.4. La postal como mediación entre civilización técnica y experiencia cotidiana

Desde la óptica mumfordiana, la postal puede interpretarse como un mediador entre la civilización técnica y la experiencia cotidiana, al traducir procesos macroestructurales –industrialización, racionalización del tiempo y el espacio, expansión del capitalismo– en prácticas micro de comunicación y consumo cultural (Mumford, 1934; Kern, 1983). A través de la tarjeta, la racionalización técnica penetra en esferas tradicionalmente preservadas de la mecanización, como la intimidad familiar, la amistad o el ocio, al tiempo que ofrece nuevos recursos para expresar y compartir experiencias (Mumford, 1934; Burke, 2001).

La postal, en consecuencia, permite observar cómo la civilización técnica no se reduce a la esfera de la gran industria o de las infraestructuras, sino que reconfigura las tramas finas de la vida cotidiana, generando nuevas formas de sensibilidad, de memoria y de identidad que deben ser analizadas junto con los dispositivos materiales que las hacen posibles (Mumford, 1934; Guereña, 2005).

 

8. La Perspectiva Postmaniana: De la Tecnocracia a la Tecnópolis

8.1. Cultura de las herramientas, tecnocracia y tecnópolis

Neil Postman, en Technopoly: The Surrender of Culture to Technology (1992), propone una tipología en tres fases para describir la evolución de la relación entre cultura y tecnología: cultura de las herramientas, tecnocracia y tecnópolis (Postman, 1992). En la cultura de las herramientas (hasta el siglo XVII), las tecnologías se subordinan a fines humanos definidos por tradiciones religiosas, morales o políticas; en la tecnocracia (siglos XVIII–XIX), la técnica comienza a competir con los valores tradicionales, generando tensiones entre eficiencia y significado; en la tecnópolis (siglo XX en adelante), la tecnología se convierte en principio organizador de la vida social, redefiniendo las significaciones culturales, artísticas, familiares y políticas (Postman, 1992).

La postal ilustrada puede entenderse como un puente entre tecnocracia y tecnópolis, ya que surge en una época en la que la eficiencia técnica se impone como criterio central de organización, pero aún coexiste con valores y prácticas culturales heredadas que moderan su expansión (Postman, 1992; Kern, 1983). La tarjeta anticipa, en una escala limitada, dinámicas de saturación visual, aceleración comunicativa y fragmentación temporal que se radicalizarán en la tecnópolis contemporánea (Postman, 1992; Castells, 1996).

8.2. No neutralidad tecnológica y usos posibilitados por la postal

Postman insiste en que la tecnología no es neutral, en contraste con quienes atribuyen el bien o el mal exclusivamente al uso que se hace de ella, como si los dispositivos fueran en sí mismos indiferentes (Postman, 1992). Su tesis central sostiene que “la amenaza no está en el uso de la tecnología, como tratan de hacernos creer los profetas tuertos, sino en los usos que esta posibilita”, es decir, en la forma en que cada tecnología redefine el campo de lo posible, reorganizando estructuras de poder, modos de conocimiento y formas de sociabilidad (Postman, 1992).

La postal demuestra esta no neutralidad tecnológica al transformar profundamente las prácticas comunicativas tradicionales: no se limita a facilitar la correspondencia existente, sino que genera nuevos géneros textuales y visuales, nuevas temporalidades de respuesta, nuevas formas de presentación de sí y nuevas rutinas de consumo de imágenes (Burke, 2001; Guereña, 2005). La tarjeta, en tanto que soporte breve y estandarizado, favorece la fragmentación del mensaje, la condensación afectiva y el uso intensivo de fórmulas convencionales, a la vez que introduce un componente visual que reorienta la atención del receptor (Postman, 1992; Staff, 1979).

8.3. Herencia de la imprenta, estandarización y fragmentación cultural

Postman considera que la imprenta fue “un completo logro mecánico” y el modelo de todos los futuros instrumentos de reproducción, además del primer producto totalmente estandarizado (Postman, 1992). La postal, como heredera directa de la cultura impresa, amplifica esta lógica de estandarización, al producir millones de copias idénticas de una misma imagen y formato, solo diferenciadas por el mensaje manuscrito (Benjamin, 1936; Golden, 1992).

Esta estandarización contribuye a un proceso de fragmentación cultural y aceleración temporal que Postman identifica como rasgos fundamentales de la tecnópolis: los contenidos se dividen en unidades pequeñas, fácilmente consumibles, mientras la circulación se acelera gracias a infraestructuras cada vez más eficientes (Postman, 1992; Kern, 1983). En el caso postal, la multiplicación de imágenes y mensajes breves configura una experiencia del mundo basada en instantáneas fragmentarias, que sustituyen a narraciones más extensas y continuas (Burke, 2001; Guereña, 2005).

8.4. Rasgos prototecnopolitas de la postal ilustrada

La postal prefigura varios rasgos centrales de la tecnópolis postmaniana: la velocidad se convierte en un valor esencial, al privilegiar comunicaciones rápidas y respuestas casi inmediatas; la imagen se impone como forma dominante de información, complementando o incluso desplazando al texto; la uniformización opera como principio organizativo, tanto en los formatos físicos como en los repertorios iconográficos, que tienden a repetir ciertos motivos “típicos” de cada lugar (Postman, 1992; Golden, 1992).

Al mismo tiempo, la postal ofrece una democratización aparente que puede encubrir nuevas formas de control social y de orientación del deseo, al difundir modelos estandarizados de paisaje, de cuerpo y de vida urbana que influyen en las expectativas del público (Postman, 1992; Urry, 1990). De este modo, la tarjeta postal ilustrada no solo anticipa las lógicas de los medios de masas del siglo XX, sino que revela el modo en que la cultura comienza a “rendirse a la tecnología”, reorganizando sus significaciones en torno a los dispositivos y sistemas técnicos disponibles (Postman, 1992; Castells, 1996).

 

9. La Arqueología Mediática de Friedrich Kittler: Redes de Discurso y Materialidad

9.1. Medios como sistemas de inscripción y determinación de la situación histórica

Friedrich Kittler, en Aufschreibesysteme 1800/1900 (1985), desarrolla una arqueología de los medios que analiza cómo las tecnologías de escritura constituyen sistemas de inscripción que determinan las condiciones del discurso en cada época histórica (Kittler, 1985). En su célebre formulación, “los medios determinan nuestra situación”, lo que implica que las posibilidades de producción y recepción de significados dependen de las disposiciones técnicas concretas de cada periodo (Kittler, 1985).

En este marco, la postal ilustrada forma parte de la red de discurso 1900, caracterizada por la coexistencia y articulación de diversos medios –texto impreso, imagen fotográfica, sistemas de distribución masiva– que configuran nuevas formas de subjetividad y de memoria (Kittler, 1985; Burke, 2001). La tarjeta deja de ser un simple portador de contenidos para convertirse en un dispositivo técnico-discursivo que condiciona qué puede decirse, cómo puede decirse y quién puede participar en la circulación del discurso (Kittler, 1985; Castells, 1996).

9.2. La postal como combinación multimedia en la red de discurso 1900

A diferencia de los medios puramente textuales característicos de la red de discurso 1800, centrada en la escritura manuscrita y la imprenta tipográfica, la postal introduce una combinación estructural de imagen y texto en un soporte único, que anticipa las configuraciones mediáticas posteriores (Kittler, 1985; Benjamin, 1936). La tarjeta integra un anverso visual –cromolitografía o fotocromo– y un reverso textual y direccional, generando un formato híbrido que articula ver y leer en una misma operación comunicativa (Burke, 2001; Guereña, 2005).

Desde la perspectiva kittleriana, esta combinación multimedia no es anecdótica, sino constitutiva de un nuevo régimen de inscripción en el que la información ya no se organiza exclusivamente en cadenas de signos lingüísticos, sino también en matrices de imágenes reproducibles que circulan masivamente (Kittler, 1985; Baxandall, 1985). La postal actúa así como un nodo mediático que enlaza escritura, reproducción técnica de imágenes y redes postales globales, configurando condiciones de posibilidad específicas para la experiencia turística, la memoria visual y la identidad nacional (Kittler, 1985; Urry, 1990).

9.3. Nivel técnico, nivel discursivo y nivel subjetivo

El análisis kittleriano de la postal puede articularse en tres niveles interrelacionados: técnico, discursivo y subjetivo (Kittler, 1985). En el nivel técnico, la impresión a color, la uniformización de tamaños y los circuitos de distribución postal constituyen la base material sobre la que se asientan las posibilidades del medio (Twyman, 1998; Headrick, 1991). La estandarización del formato, la resistencia del soporte y la calidad de la reproducción visual determinan qué tipo de imágenes pueden circular y en qué condiciones (Griffiths, 1996; Golden, 1992).

En el nivel discursivo, la postal se organiza a través de códigos visuales –paisajes, monumentos, tipos humanos–, convenciones textuales –fórmulas de saludo, brevedad del mensaje, alusiones a la experiencia turística– y protocolos de circulación –espacios para dirección, sellos, matasellos– que definen los géneros y los usos sociales del medio (Guereña, 2005; Staff, 1979). En el nivel subjetivo, estos dispositivos contribuyen a configurar la experiencia turística, la memoria colectiva y la identidad nacional, al proponer repertorios iconográficos que fijan ciertas imágenes como representaciones canónicas de lugares y comunidades (Urry, 1990; Burke, 2001).

La postal opera, por tanto, como un dispositivo de inscripción que actúa simultáneamente sobre infraestructuras técnicas, formas del discurso y modos de subjetivación, mostrando que la tecnología no es un mero soporte, sino una condición de posibilidad de la experiencia cultural (Kittler, 1985; Castells, 1996).

9.4. Producción de subjetividad y anticipación de los medios contemporáneos

La arqueología postal revela que las tecnologías de inscripción no se limitan a registrar contenidos preexistentes, sino que producen subjetividad, al articular modos específicos de relacionar identidad, territorio y temporalidad (Kittler, 1985). En la red de discurso 1900, las postales fijan una determinada forma de mirar la ciudad, el paisaje o el “tipo nacional”, que se interioriza a través del coleccionismo, el intercambio y la contemplación repetida (Guereña, 2005; Urry, 1990).

El análisis kittleriano permite ver en la postal un antecedente directo de los mecanismos de producción de subjetividad que caracterizan los medios tecnológicos contemporáneos, desde la televisión hasta las redes sociales digitales (Kittler, 1985; Castells, 1996). En todos estos casos, la combinación de formatos estandarizados, reproducción masiva y circulación en red genera marcos materiales dentro de los cuales se constituyen las formas de percepción, de memoria y de identidad de los sujetos (Postman, 1992; Burke, 2001).

 

10. La Postal como Síntesis Crítica de la Civilización Técnica

10.1. Dimensión esencial: técnica moderna y reconfiguración del ser-con-otros

La postal puede entenderse como una síntesis material de los procesos críticos identificados por Heidegger, Mumford, Postman y Kittler, al materializar simultáneamente varias dimensiones de la crítica de la civilización técnica (Heidegger, 1954; Mumford, 1934; Postman, 1992; Kittler, 1985). En la dimensión esencial, la tarjeta ejemplifica el marco comunicativo mediante el cual la técnica moderna reconfigura las relaciones entre personas, transformando la comunicación epistolar tradicional en un intercambio uniforme, breve y estandarizado (Heidegger, 1954; Carrasco Marqués, 1992).

Esta transformación no es meramente funcional –no se limita a facilitar la comunicación–, sino estructural, en la medida en que modifica las condiciones mismas de posibilidad del ser-con-otros, al inscribir la relación interpersonal en un dispositivo técnico-regulado que define tiempos, espacios y formatos de la expresión (Heidegger, 1954; Ihde, 1990). La postal se convierte, así, en un ejemplo concreto de cómo el Gestell reorganiza la experiencia, redefiniendo la intimidad, la distancia y la presencia a través de la mediación técnica (Heidegger, 1954; Castells, 1996).

10.2. Dimensión histórica: desfase cultural y transición paleotécnica–neotécnica

En su dimensión histórica, la postal se sitúa en el contexto de la transición paleotécnica–neotécnica descrita por Mumford, materializando el desfase cultural entre innovación técnica y apropiación social (Mumford, 1934). La tarjeta incorpora tecnologías avanzadas de reproducción en color y distribución masiva, propias de un estadio tecnocientífico muy desarrollado, pero lo hace al servicio de prácticas culturales que mantienen formas y valores heredados, como la cortesía epistolar, el turismo burgués y el coleccionismo doméstico (Mumford, 1934; Guereña, 2005).

Este desfase genera un campo de tensiones entre racionalización técnica y continuidad cultural, en el que la postal se convierte en lugar de negociación entre viejos y nuevos modos de vivir el tiempo, el espacio y las relaciones (Mumford, 1934; Kern, 1983). La tarjeta permite observar cómo la civilización técnica penetra en ámbitos que antes estaban relativamente preservados de la mecanización, introduciendo lógicas de estandarización y eficacia en la esfera de los afectos y del ocio (Mumford, 1934; Burke, 2001).

10.3. Dimensión cultural: saturación visual y fragmentación temporal

En la dimensión cultural, la postal anticipa mecanismos de saturación visual y fragmentación temporal que Postman identifica como rasgos característicos de la tecnópolis contemporánea (Postman, 1992). La producción y circulación de millones de tarjetas ilustradas genera un entorno en el que los sujetos están expuestos a una cantidad creciente de imágenes, organizadas en series temáticas que recortan la experiencia del mundo en fragmentos visuales fácilmente consumibles (Burke, 2001; Golden, 1992).

La brevedad de los mensajes y la rapidez de los intercambios postales contribuyen a una aceleración del tiempo social, en la que la comunicación tiende a adoptar formas cada vez más condensadas y frecuentes, prefigurando la lógica de la comunicación instantánea contemporánea (Kern, 1983; Postman, 1992). La postal se sitúa así en el origen de una cultura en la que la información se organiza como una sucesión de “instantáneas”, tanto en el sentido visual como en el temporal (Postman, 1992; Burke, 2001).

10.4. Dimensión arqueológica: medio técnico, memoria colectiva e identidad

En la dimensión arqueológica, la postal, como medio técnico, determina formas específicas de experiencia subjetiva y memoria colectiva dentro de las redes de discurso modernas, operando como dispositivo de construcción de identidad (Kittler, 1985; Urry, 1990). Las imágenes seriadas de ciudades, paisajes y “tipos nacionales” contribuyen a fijar repertorios visuales que definirán lo que se entiende por “París”, “Roma” o “España”, tanto para los habitantes locales como para los observadores extranjeros (Guereña, 2005; Burke, 2001).

La postal articula así identidad, territorio y temporalidad, al registrar momentos concretos –viajes, encuentros, celebraciones– en un soporte que se integra en álbumes familiares y colecciones, actuando como ancla material de la memoria (Staff, 1979; Burke, 2001). Desde la óptica kittleriana, este papel constitutivo en la configuración de la subjetividad y de la memoria hace de la tarjeta un objeto clave para comprender la arqueología de la cultura visual moderna (Kittler, 1985; Benjamin, 1936).

10.5. Más allá de la filosofía general de la técnica: la importancia del análisis material

La postal muestra que la crítica de la civilización técnica no puede limitarse a análisis puramente filosóficos o sociológicos en un nivel abstracto, sino que requiere un análisis material detallado de los dispositivos concretos mediante los cuales la técnica reestructura la experiencia humana (Heidegger, 1954; Mumford, 1934; Postman, 1992; Kittler, 1985). La tarjeta permite observar, en un formato reducido, cómo convergen infraestructuras globales, procedimientos industriales, regímenes de imagen y prácticas cotidianas, produciendo efectos simultáneos en la economía, la cultura y la subjetividad (Mokyr, 1998; Castells, 1996).

Como objeto crítico, la postal revela las tensiones fundamentales entre humanización y racionalización que definen la modernidad técnica: muestra tanto el potencial democratizador de las tecnologías de comunicación como su papel en la estandarización y control de la experiencia (Mumford, 1934; Postman, 1992).

 

11. El Legado Paradigmático: Hacia la Modernidad Tecnológica

11.1. Prefiguración de la industria cultural de masas

La tarjeta postal ilustrada establece principios fundamentales que, como señala Mokyr, “prepararon el camino para muchas más revoluciones industriales por venir” al consolidar un modelo de innovación sistemática y reproducible (Mokyr, 1998, p. 220). Su legado trasciende ampliamente el ámbito de la comunicación postal y anticipa varias características definitorias de la modernidad tecnológica, entre ellas la producción masiva de contenido cultural, la personalización en series estandarizadas, el turismo visual globalizado y la transformación irreversible de las prácticas comunicativas (Benjamin, 1936; Castells, 1996).

La prefiguración de la industria cultural moderna resulta evidente en la capacidad de las postales ilustradas para crear el primer mercado masivo internacional de productos culturales estandarizados, en el que millones de imágenes idénticas de ciudades, monumentos y escenas costumbristas circulan con calidad técnica homogénea (Benjamin, 1936; Golden, 1992). Los procesos técnicos desarrollados para la cromolitografía y el fotocromo postal proporcionan una infraestructura tecnológica y organizativa que será reutilizada y ampliada por el cine, la prensa ilustrada, la publicidad y la televisión (Twyman, 1998; Castells, 1996).

11.2. Personalización masiva: tensión entre estandarización e individualización

La postal introduce por primera vez, a gran escala, una forma de personalización masiva, al resolver la tensión entre estandarización industrial e individualización del consumo (Pine, 1993). Cada tarjeta pertenece a una serie producida en masa –idéntica en tamaño, composición y motivos visuales–, pero su uso comunicativo permite inscribir mensajes singulares destinados a destinatarios concretos, lo que produce una combinación original de uniformidad material y singularidad expresiva (Pine, 1993; Staff, 1979).

Esta síntesis personalización–estandarización constituye un principio organizativo fundamental de la modernidad tecnológica, que se radicaliza en la economía digital contemporánea mediante algoritmos que individualizan ofertas y contenidos sobre infraestructuras técnicas altamente estandarizadas (Pine, 1993; Castells, 1996). La postal puede verse, así, como un precedente analógico de muchas prácticas actuales de comunicación y consumo cultural personalizado.

11.3. Turismo visual y virtualización de la experiencia

El turismo visual creado por las postales ilustradas transforma las expectativas y prácticas de consumo cultural asociadas al viaje (Urry, 1990). La posibilidad de “visitar” lugares remotos mediante imágenes cromolitográficas de alta calidad convierte el turismo en una experiencia tecnológicamente mediada mucho antes del desarrollo de los medios audiovisuales y de las pantallas electrónicas (Guereña, 2005; Urry, 1990).

La postal contribuye a una incipiente virtualización de la experiencia, al permitir que el sujeto construya un imaginario de destinos a partir de imágenes seriadas que preceden, acompañan o incluso sustituyen al desplazamiento físico (Urry, 1990; Burke, 2001). Esta lógica anticipa los modos contemporáneos de consumo de imágenes turísticas en plataformas digitales, donde la experiencia del lugar se construye en gran medida a partir de representaciones técnicas previas (Castells, 1996; Urry, 1990).

11.4. Producción visual industrial y globalización de la comunicación

La sistematización de la producción visual industrial establecida por la industria postal ilustrada crea métodos reproducibles para la creación, procesamiento y distribución masiva de contenido visual (Twyman, 1998; Hughes, 1989). Los procedimientos desarrollados para controlar la calidad cromática, coordinar la producción internacional y mantener estándares técnicos uniformes ofrecen modelos organizativos que se extenderán posteriormente a otras industrias basadas en la reproducción técnica, desde la prensa ilustrada hasta el cine y la televisión (Baxandall, 1985; Castells, 1996).

La globalización de los sistemas de comunicación facilitada por las redes postales ilustradas crea una de las primeras infraestructuras informacionales globales, que conecta poblaciones dispersas mediante un flujo continuo de mensajes e imágenes (Headrick, 1991; Castells, 1996). Esta conectividad global proporciona fundamentos institucionales y técnicos para desarrollos posteriores en telecomunicaciones, medios de masas y redes digitales, de modo que la postal se inscribe en una genealogía que conduce a la actual sociedad red (Castells, 1996; Headrick, 1988).

11.5. Democratización, interdisciplinariedad y consolidación de la modernidad tecnológica

La democratización del acceso a tecnología sofisticada iniciada por las postales ilustradas introduce un principio que se consolidará como rasgo definitorio de la modernidad tecnológica: las innovaciones avanzadas deben hacerse accesibles a poblaciones masivas, no permanecer restringidas a élites (Mokyr, 1998). Este imperativo democratizador se convierte en motor central del desarrollo económico y cultural contemporáneo, al vincular progreso técnico y ampliación de públicos (Mokyr, 1998; Burke, 2001).

Al mismo tiempo, la producción postal exige la coordinación de múltiples disciplinas científico-técnicas –química, física, ingeniería mecánica, organización industrial, distribución comercial–, anticipando la interdisciplinariedad de las tecnologías contemporáneas (Hughes, 1989; Brunello, 1973). Cada postal cromolitográfica enviada entre 1890 y 1914 documenta que la humanidad ha entrado definitivamente en una era de innovación tecnológica sistemática, científicamente informada, institucionalmente organizada y socialmente transformadora (Mokyr, 1998; Castells, 1996).

En última instancia, la postal ilustrada representa el momento histórico en que la técnica moderna se convierte en la forma dominante de mediación entre los seres humanos y su mundo, articulando nuevas relaciones entre tecnología, cultura y subjetividad (Heidegger, 1954; Mumford, 1934; Postman, 1992; Kittler, 1985). Su análisis integrado permite comprender mejor las tensiones fundamentales que definen nuestra relación con la tecnología en el mundo contemporáneo: entre emancipación y control, entre democratización cultural y estandarización, entre memoria personal y producción industrial de imágenes (Benjamin, 1936; Castells, 1996).

Bibliografía

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