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18/8/26

La Via Laietana

La Via Laietana constituye una de las transformaciones urbanísticas más profundas de la Barcelona del siglo XX. Su apertura, iniciada en 1908 y culminada en 1913, introdujo una gran arteria de unos 900 metros destinada a conectar el Eixample con el puerto, pero también alteró radicalmente la estructura histórica de la Ciutat Vella. La operación implicó el derribo de unos 270 edificios, la afectación de aproximadamente 2.200 viviendas y 595 fincas, la desaparición total o parcial de unas 85 calles y plazas y el desplazamiento de alrededor de 10.000 personas.

La intervención respondió a una concepción moderna de la ciudad basada en la apertura de grandes ejes viarios capaces de absorber el tráfico, facilitar las comunicaciones y estimular las actividades comerciales. Sin embargo, el trazado atravesó directamente una trama urbana de origen medieval formada por calles estrechas, viviendas históricas, edificios gremiales, espacios religiosos y restos arqueológicos. El resultado fue una profunda reconfiguración morfológica de los barrios de la Catedral, Sant Pere, Sant Cugat del Rec, Santa Caterina y la Ribera.

La magnitud de la transformación generó desde el principio una preocupación por la pérdida patrimonial. En 1908 se promovió la documentación gráfica de los espacios que iban a desaparecer, y de este proceso surgió el catálogo elaborado por Francesc Carreras i Candi, publicado en 1913. El documento constituye una fuente fundamental para reconstruir el paisaje urbano anterior a la apertura de la avenida, ya que registra edificios, calles, elementos decorativos, estructuras gremiales y restos arqueológicos que, en muchos casos, dejaron de existir poco después.


El catálogo permite observar que la desaparición no fue homogénea. Algunas calles fueron completamente eliminadas, otras quedaron parcialmente afectadas y otras perdieron únicamente determinados edificios. También hubo elementos arquitectónicos que fueron desmontados y trasladados o que consiguieron conservarse in situ. Esta distinción resulta esencial para interpretar correctamente el impacto de la reforma.

En el primer tramo, entre Sant Sebastià y la plaza de l’Àngel, la nueva vía absorbió numerosos espacios de la trama medieval. Desaparecieron o quedaron gravemente alteradas las Voltes dels Encants, las voltes vinculadas a los antiguos gremios de fusters y boters, la calle del Consolat, la calle de la Verge del Roser, les Banquetes, la Bomba y d’En Dufort. En esta última se encontraba una casa solariega con elementos de probable origen medieval, entre ellos una torre de vigilancia, escaleras independientes, esgrafiados y una sala de decoración masónica.

La intervención afectó asimismo a calles como d’En Jupí, d’En Marquès de Gim-Nàs, la Nau d’En Gim-Nàs, el Pom d’Or y l’Arc d’En Isern. En ellas se documentaron edificios con esgrafiados, elementos escultóricos y restos de arquitectura histórica. La calle Ample tampoco desapareció por completo, pero perdió parte de su continuidad. Entre los inmuebles demolidos destacó la casa del marqués de Monistrol, en el número 71, y otros edificios que conservaban soluciones arquitectónicas vinculadas a la tradición medieval de la ciudad.

Uno de los sectores de mayor interés patrimonial fue la calle de Manresa, donde se encontraban antiguas construcciones gremiales. La casa de los Mitjaires, dedicada originalmente a los fabricantes de medias, ocultaba una sala de juntas, una capilla y restos de una antigua galería que quedaron al descubierto durante el derribo. Aún más significativo fue el caso de Baseya, una vía documentada desde 1196 y asociada a casas gremiales, residencias señoriales y estructuras defensivas. Entre los inmuebles desaparecidos se encontraban la casa de los Argenters, Can Serrallonga y otras construcciones con patios, escaleras, ventanas góticas, pasadizos y elementos escultóricos renacentistas.

Precisamente en Baseya apareció uno de los elementos arqueológicos de mayor relevancia: la muralla romana del siglo III. Su descubrimiento generó un intenso debate sobre la compatibilidad entre la modernización viaria y la conservación del patrimonio. Frente a la posibilidad de modificar el trazado de la nueva avenida para protegerla, finalmente se optó por mantener la estructura. La conservación de este sector constituye uno de los primeros ejemplos de confrontación entre planificación urbana moderna y preservación arqueológica en la Barcelona contemporánea.

En torno a la plaza de l’Àngel, la intervención modificó un importante nudo de comunicaciones medievales donde convergían Baseya, Bòria, Argenteria, Tapineria, Jaume I y Princesa. La reforma alteró igualmente el tejido del segundo tramo, entre la plaza de l’Àngel y Sant Pere més Baix. Allí desaparecieron espacios como la calle de les Donzelles, descrita en la documentación como una de las vías más estrechas de la Barcelona antigua, la calle de les Tres Voltes y d’En Gracià Amat. También quedó destruida la continuidad histórica de la Riera de Sant Joan, relacionada con el antiguo cauce del Merdançar.

No todos los elementos patrimoniales fueron destruidos. La casa gremial de los Calderers, situada en Bòria, fue desmontada y trasladada a la zona de Lesseps, mientras que la portada de Santa Marta fue desmontada piedra a piedra y trasladada al Hospital de Sant Pau. Estos procedimientos muestran la aparición de una estrategia de conservación basada en la descontextualización y reconstrucción de determinados elementos arquitectónicos cuando su permanencia en el emplazamiento original se consideraba incompatible con la nueva infraestructura.

El tercer tramo, entre Sant Pere més Baix y Jonqueres, estuvo marcado por la transformación de importantes conjuntos religiosos y gremiales. Algunos ya habían desaparecido antes de la apertura de la Via Laietana, como el convento de Sant Joan de Jerusalem, derribado entre 1882 y 1886, o el convento de las Magdalenas, desaparecido durante las transformaciones urbanas del último tercio del siglo XIX. Por ello, no todos los edificios históricos que figuran en la documentación pueden atribuirse directamente a la reforma de 1908-1913.

Un caso especialmente relevante es el de Santa Maria de Jonqueres. La iglesia gótica y el claustro no fueron simplemente destruidos, sino desmontados y reconstruidos posteriormente en la actual iglesia de la Concepció, en el Eixample. Algo diferente ocurrió con la Casa del Art Major de la Seda o de los Veleros, construida en 1763 y caracterizada por sus esgrafiados, cariátides, balcón monumental, capilla y decoración barroca. A pesar de la amenaza que pesaba sobre ella, consiguió conservarse.

La documentación de la época permite identificar, por tanto, tres mecanismos principales de gestión del patrimonio: conservación in situ, traslado y reconstrucción y recuperación de fragmentos arquitectónicos. Ventanas, portales, esculturas, piedras, cerámicas, maderas y elementos metálicos fueron recogidos y almacenados, convirtiéndose en testimonios materiales de una ciudad que estaba desapareciendo. El procedimiento revela una concepción todavía incipiente de la conservación patrimonial, situada entre la protección del monumento completo y la recuperación selectiva de sus componentes.

La transformación tuvo además una dimensión social inseparable de la destrucción física. El desplazamiento de aproximadamente 10.000 personas modificó la composición de los barrios afectados y aceleró procesos de sustitución residencial y desplazamiento hacia otras zonas de Barcelona. La aplicación de la legislación de expropiación permitió ejecutar la operación a gran escala, mientras que numerosos residentes, especialmente inquilinos, quedaron expuestos a una pérdida de vivienda y de redes sociales sin mecanismos de protección equivalentes a los actuales.

La importancia histórica de la Via Laietana reside precisamente en esta combinación de modernización urbana, destrucción patrimonial y transformación social. La avenida no sustituyó simplemente unas calles por otras: modificó la estructura espacial de una parte sustancial de la ciudad histórica y alteró las relaciones entre sus edificios, espacios públicos y comunidades.

La investigación arqueológica reciente demuestra, además, que la desaparición de la trama urbana no significó la eliminación completa de sus evidencias materiales. Las excavaciones realizadas en los últimos años han localizado casas medievales y restos de las antiguas Voltes dels Encants, confirmando que el subsuelo conserva parte de las estructuras que la reforma urbana hizo desaparecer de la superficie.

La Via Laietana puede entenderse así como una superposición de capas históricas. Bajo la gran avenida moderna permanecen restos de la Barcelona romana, medieval y moderna; en otros puntos sobreviven edificios trasladados o reconstruidos; y en numerosos lugares únicamente la documentación histórica permite recuperar la memoria de calles y construcciones desaparecidas. El catálogo de Carreras i Candi adquiere en este contexto un valor excepcional: no es únicamente un inventario de edificios perdidos, sino un registro temprano de la tensión entre progreso urbano y conservación del patrimonio.

La operación iniciada en 1908 transformó físicamente la ciudad, pero también modificó la manera de entender qué debía conservarse. La muralla romana de Baseya, la casa de los Calderers, la portada de Santa Marta, Santa Maria de Jonqueres y la Casa de los Veleros representan diferentes respuestas ante un mismo conflicto: qué hacer con la memoria material de una ciudad cuando su estructura histórica entra en contradicción con un nuevo modelo urbano. Más de un siglo después, la Via Laietana sigue siendo uno de los ejemplos más significativos de esa tensión en Barcelona.

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