VERSIÓN 1
La Revolución de Cartón: Anatomía y Vida
Social de la Tarjeta Postal
Un invento que democratizó la imagen y la
palabra en España
Mucho antes de las redes sociales, el mundo experimentó una revolución visual y comunicativa sin precedentes: la tarjeta postal ilustrada. A finales del siglo XIX, este pequeño rectángulo de cartulina no solo estandarizó las comunicaciones globales, sino que transformó radicalmente la manera en que la sociedad española se relacionaba con el viaje, el arte y la memoria (Riego, 2011). Definir la postal parece sencillo, pero detrás de su aparente simplicidad se esconde una ingeniería social y técnica precisa.
La Ingeniería del Formato: Más que un
Simple Cartón
Para entender la postal, hay que
distinguirla de cualquier otro objeto. Su definición técnica nace de una regulación
internacional estricta. Según lo establecido en el Tratado de Berna de
1874, se trataba de un soporte de dimensiones controladas —entre 9x14 cm y
10,5x14,8 cm— diseñado para ser procesado ágilmente por máquinas de correo y
circular con un franqueo reducido (UPU, 1874).
Sin embargo, la gran innovación de usabilidad llegó con la división del espacio. Antes de 1905, el reverso era territorio exclusivo para la dirección, obligando al remitente a escribir sus mensajes sobre la propia imagen en el anverso, arruinando a menudo la fotografía. La solución llegó con la normativa del Congreso UPU de Roma de 1906, que estableció el reverso dividido: la mitad derecha para la administración y la izquierda para el mensaje privado (Teixidor, 1999). Esta división permitió que la fotografía brillara en todo su esplendor, impulsada por grandes casas editoras españolas como Hauser y Menet en Madrid o Casa Thomas en Barcelona (Carreras, 2014).
Usos Sociales: De la Conexión Emocional a
la Propaganda
La postal no tardó en convertirse en una
herramienta multifuncional. Su función comunicativa era imbatible,
permitiendo notificaciones rápidas y baratas. Pero fue en el ocio donde
consolidó su función turística. Si las fotografías originales eran un
lujo, la postal democratizó la memoria visual (Sontag, 2006). Editores como Lucien
Roisin inundaron el mercado con vistas de cada rincón de España,
permitiendo a las clases medias coleccionar imágenes de los lugares visitados.
Paralelamente, la industria descubrió su función publicitaria: los grandes hoteles y balnearios regalaban postales como propaganda de modernidad. Durante la Segunda República, tuvo una función educativa, llevando el arte del Museo del Prado a zonas rurales. Y en tiempos de conflicto, como la Guerra Civil, explotó su función política. Ambos bandos utilizaron la postal como arma de movilización ideológica, aprovechando su capacidad para circular masivamente mensajes visuales sencillos y potentes (Pagarolas, 2005).
Un Documento Histórico con Doble Filo
Hoy, para el historiador, la postal posee una especificidad documental única, especialmente al analizar la técnica. No es lo mismo una fototipia de grano fino, que nos permite ver los adoquines de una calle de 1900 con lupa, que un fotograbado de puntos visibles. Estas diferencias técnicas nos revelan no solo la imagen, sino la evolución industrial de nuestras imprentas (Tébar, 2008).
Sin embargo, debemos leerlas con cautela. La postal no es un espejo objetivo, sino una construcción. Los editores seleccionaban qué mostrar y qué ocultar, retocaban negativos e idealizaban paisajes (Benjamin, 2003). La postal documenta, ante todo, cómo querían nuestros antepasados que fuera visto su mundo.
VERSIÓN 2
8.
DEFINICIÓN DEL MEDIO
8.1 Definición Técnica y Rasgos
Materiales
La conceptualización de la tarjeta
postal ilustrada exige una delimitación precisa que permita diferenciarla
de otros objetos de cultura visual y correspondencia. Esta distinción se
articula a través de cuatro criterios fundamentales: normativo, estructural,
técnico y temático (Riego, 2001).
El primer criterio de definición es el formato
postal regulado internacionalmente. A diferencia de otros soportes
gráficos, la postal es un objeto estandarizado por convenios supranacionales.
Se define como una tarjeta rectangular de cartulina, cuyas dimensiones oscilan
históricamente entre los 9-10 cm de ancho y los 14-15 cm de alto, diseñada
específicamente para circular con un franqueo postal reducido. Las
especificaciones técnicas, que abarcan desde el gramaje mínimo de la cartulina
hasta su resistencia para el procesado automático, fueron establecidas
inicialmente por el Tratado de Berna y ajustadas en congresos
posteriores de la Unión Postal Universal (UPU, 1874). Estas normas
estandarizaron el formato a nivel global (con un mínimo de 9x14 cm y un máximo
posterior de 10,5x14,8 cm), distinguiendo inequívocamente a la postal de otros
medios de comunicación como las cartas cerradas o la paquetería (Teixidor,
1999).
El segundo criterio es la reserva de
espacio postal. La estructura del reverso sufrió una evolución normativa
crítica. En las etapas iniciales (pre-1905), el reverso estaba destinado
exclusivamente a la dirección, lo que obligaba al remitente a escribir mensajes
en el anverso, invadiendo la imagen fotográfica. La innovación decisiva
llegó con la normativa aprobada tras el Congreso UPU de Roma de 1906,
que institucionalizó el reverso dividido. Esta división reservaba la mitad
derecha para la dirección y el franqueo, liberando la mitad izquierda para el
mensaje (Staff, 1966). Esta solución resolvió el conflicto estructural del
medio, permitiendo simultáneamente una comunicación textual eficiente y
la conservación de la imagen íntegra (Riego, 2011).
El tercer criterio se refiere a la reproducción
visual masiva. El anverso de la tarjeta postal se caracteriza por contener
una imagen impresa mediante procedimientos fotomecánicos industriales como la fototipia,
la cromolitografía, el halftone o el offset. Esta
característica ontológica implica que cada postal no es un ejemplar único, sino
una copia de una serie potencialmente infinita (Benjamin, 2003). Fue
precisamente esta capacidad de producción industrial masiva la que permitió
distribuir los costes fijos entre millares de unidades, logrando un precio de
venta ultra-reducido (entre 5 y 15 céntimos), esencial para su popularización y
consumo por las clases populares.
Finalmente, el cuarto criterio es la temática
reproducida. La imagen del anverso debía poseer un interés intrínseco para
la circulación postal, funcionando como información visual y facilitador
de la comunicación afectiva. Una postal no perseguía la belleza autónoma
del grabado artístico, sino la capacidad de transmitir una experiencia vicaria
del lugar o evento representado (Sontag, 2006).
Definición operacional propuesta: La tarjeta postal ilustrada es una forma postal regulada internacionalmente, cuyo anverso presenta una imagen impresa por medios de reproducción masiva fotomecánica, y cuyo reverso divide el espacio entre dirección y mensaje (post-1905). Circula mediante tarifa reducida y funciona simultáneamente como medio de comunicación textual, soporte de intercambio visual y objeto de coleccionismo organizado.
8.2 Funciones Sociales y Usos
La tarjeta postal operaba como un
artefacto inserto en una red compleja de prácticas sociales, dominada en España
por grandes firmas editoras que moldearon el imaginario colectivo (Teixidor,
1999).
8.2.1 Función comunicativa y conectividad
La función primaria era permitir el envío de un mensaje breve con tarifa
económica, ideal para la gestión de la vida cotidiana y el mantenimiento de
lazos afectivos a distancia. La imagen añadía una densidad semántica al
texto: la fotografía actuaba como prueba de vida y contexto emocional. Editores
como Hauser y Menet (Madrid) estructuraron esta función a nivel nacional
mediante sus "Series Generales", creando un catálogo visual
estandarizado que permitía a cualquier habitante de provincias comunicarse
utilizando referentes visuales de alta calidad técnica (Teixidor, 2005).
8.2.2 Función turística y democratización
de la memoria
La postal se consolidó como el artefacto de memoria del turista moderno.
Frente a la fotografía original, costosa y elitista, la postal permitía una democratización
de la memoria visual (Sontag, 2006). En este ámbito, la figura de Lucien
Roisin en Barcelona fue paradigmática. Su inmensa producción fotográfica,
que abarcó desde grandes capitales hasta pueblos remotos, permitió que viajeros
de clase media y baja pudieran apropiarse simbólicamente de los lugares
visitados. La postal funcionaba como un trofeo de viaje accesible que validaba
la experiencia turística ante el círculo social del remitente (Vives, 2010).
8.2.3 Función publicitaria y promocional
La postal fue un vehículo pionero del marketing visual. Empresas como la Compañía
de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA) utilizaron
postales para promocionar sus rutas y estaciones, vendiendo la idea de modernidad
y confort (Aguilar Civera, 2000). Asimismo, la industria hotelera y balnearia
producía tiradas gratuitas donde el establecimiento se insertaba en el paisaje
idílico, convirtiendo al huésped que enviaba la postal en un agente
publicitario involuntario.
8.2.4 Función artística y estética
Más allá del documento, la postal exploró dimensiones estéticas. La Casa
Thomas de Barcelona, bajo la dirección de Joseph Thomas, elevó la postal a
la categoría de arte gráfico, empleando técnicas de fotograbado de
altísima calidad para difundir el Modernismo catalán (Carreras, 2014). Estos
editores rechazaron la distinción jerárquica entre Bellas Artes y artes
aplicadas, produciendo objetos que eran simultáneamente correspondencia y
piezas de coleccionismo estético.
8.2.5 Función política y propagandística
En periodos de conflicto, la postal sirvió como herramienta de movilización
ideológica. Durante la Guerra Civil española, tanto el bando republicano
como el nacional instrumentalizaron el medio (Gómez, 2008). El Comisariado de
Propaganda de la Generalitat editó series con una estética vanguardista y
mensajes antifascistas, mientras que el bando franquista utilizó la postal para
difundir iconografía religiosa y retratos de caudillaje. La capacidad de la
postal para circular masivamente y su lenguaje visual directo la convertían en
el soporte propagandístico ideal para una población con niveles desiguales de
alfabetización (Pagarolas, 2005).
8.3 Especificidad Documental y Análisis
Técnico
El valor documental de la tarjeta postal
para la investigación histórica reside no solo en la imagen representada, sino
en la información técnica intrínseca a su materialidad, que permite
datar y autentificar los documentos (Tébar, 2008).
8.3.1 Identificación de procedimientos
fotomecánicos
Para el historiador, distinguir la técnica de impresión es crucial, pues
determina la fiabilidad del detalle visual. La fototipia (o colotípia),
técnica reina utilizada magistralmente por Hauser y Menet hasta los años
30, se caracteriza por una retícula de gelatina irregular visible solo
bajo gran aumento. Al carecer de trama mecánica, la fototipia ofrece un tono
continuo y una resolución de detalle superior, permitiendo leer letreros de
tiendas o matrículas en vistas urbanas antiguas (Teixidor, 2005). Por el
contrario, la introducción masiva del similigrabado (halftone) y
posteriormente del offset, impone una trama de puntos ordenada
(roseta) que, aunque abarata costes y permite mayores tiradas, sacrifica la
definición del detalle fino en favor del contraste.
8.3.2 Evolución de la geografía urbana y
el paisaje
La postal documenta la transformación física del territorio. La comparación
diacrónica de postales de un mismo enclave permite rastrear cambios
urbanísticos precisos: la aparición de tranvías eléctricos, la reforma de
fachadas o la alteración del mobiliario urbano (Riego, 2001). Sin embargo, este
análisis debe considerar la técnica: una cromolitografía, basada en el dibujo
sobre piedra, puede contener licencias artísticas y colores fantasiosos,
mientras que una fototipia ofrece un registro más indexical y riguroso de la
realidad material del momento.
8.3.3 Sociabilidades y cultura escrita en
el soporte
El reverso y los márgenes de las postales constituyen un archivo de la cultura
escrita popular. El análisis de los mensajes manuscritos, la caligrafía y
los protocolos de saludo revela las normas de sociabilidad y las
jerarquías de género y clase de la época. Asimismo, las marcas postales
(matasellos) aportan una cronología irrefutable que a menudo corrige las fechas
de edición estimadas, evidenciando la velocidad de circulación y las rutas del
correo.
8.3.4 Limitaciones críticas: La
construcción de la mirada
A pesar de su valor, la postal no es un documento neutro. Es una construcción
ideológica y comercial. Los editores practicaban sistemáticamente el retoque
de negativos: se eliminaban cables eléctricos, se borraban transeúntes
"indecorosos" y se añadían nubes dramáticas. La postal de principios
de siglo XX no muestra la España real, sino una versión higienizada y
monumentalizada según los gustos de la burguesía consumidora (Riego, 2011).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
- Aguilar Civera, I. (2000). El ferrocarril en el paisaje: orígenes de la modernidad en España. Madrid: Ministerio de Fomento.
- Benjamin, W. (2003). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. (J. L. Arántegui, Trad.). México D.F.: Itaca. (Obra original publicada en 1936).
- Carreras, E. (2014). La tarjeta postal en Cataluña: Editores y fotógrafos (1890-1940). Barcelona: Efadós.
- Gómez, J. (2008). La Guerra Civil española en postales. Madrid: La Librería.
- Pagarolas, L. (2005). La tarjeta postal política en Cataluña (1931-1939). Barcelona: Esfera.
- Riego, B. (2001). La construcción social de la realidad a través de la fotografía y el grabado. Santander: Universidad de Cantabria.
- Riego, B. (2011). Historia de la fotografía y la imagen documental en España. Madrid: Cátedra.
- Sontag, S. (2006). Sobre la fotografía. México D.F.: Alfaguara.
- Staff, F. (1966). The Picture Postcard and Its Origins. London: Lutterworth Press.
- Teixidor Cadenas, C. (1999). La tarjeta postal en España: 1892-1915. Madrid: Espasa Calpe.
- Teixidor Cadenas, C. (2005). Hauser y Menet: La imagen de España en tarjeta postal. Madrid: Ayuntamiento de Madrid.
- Tébar, P. (2008). Técnicas de impresión de la tarjeta postal antigua: Identificación y conservación. Valencia: Generalitat Valenciana.
- Unión Postal Universal (UPU). (1874). Traité concernant la création d'une Union générale des postes. Berna: UPU.
- Vives, J. (2010). Lucien Roisin: Fotógrafo y editor. Barcelona: Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya.
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