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16/8/26

La Via Laietana:

Cirugía urbana y régimen de visibilidad en la Barcelona del siglo XX

Cuando hoy se recorre la Via Laietana, resulta difícil imaginar que bajo su trazado permanece la huella de una ciudad prácticamente desaparecida. La avenida no se construyó sobre un espacio vacío, sino sobre una compleja trama medieval formada por calles estrechas, viviendas, comercios, talleres, edificios religiosos, patios y lugares de sociabilidad que durante siglos articularon la vida cotidiana del centro histórico de Barcelona (MUHBA, s.f.). Su apertura constituyó una de las operaciones de transformación urbana más profundas de la Barcelona contemporánea: permitió conectar el Eixample con el puerto, favoreció la circulación y proyectó una imagen de metrópolis moderna, pero también provocó una ruptura radical con el tejido histórico y social preexistente (MUHBA, s.f.).

Archivo Moragas, Parte inferior de la Via Laietana, con el Convento de Sant Sebastiá.

La historia de la Via Laietana comenzó como una idea urbanística mucho antes de convertirse en una obra material. Las propuestas de Ildefons Cerdà para la ampliación de Barcelona ya planteaban la necesidad de establecer grandes ejes de comunicación entre el nuevo ensanche, el centro histórico y las infraestructuras portuarias (AHCB, s.f.). En el contexto de la industrialización, la circulación de personas y mercancías se convirtió en una condición fundamental para el crecimiento económico. La ciudad debía ser más higiénica, ordenada, accesible y funcional, pero también más adecuada para las nuevas actividades comerciales, administrativas e industriales (MUHBA, s.f.).

Sin embargo, la existencia de un proyecto no garantizaba su ejecución. Durante décadas, la apertura de la futura avenida permaneció como una posibilidad condicionada por la falta de financiación, las dificultades jurídicas y la complejidad de intervenir sobre un suelo urbano densamente consolidado. Fue Àngel Baixeras quien, con su Plan de Reforma Interior de 1879, transformó aquella aspiración en un proyecto administrativo de mayor alcance. El plan, aprobado parcialmente por el Ayuntamiento en 1881 y por el Estado en 1889, proponía reorganizar el casco antiguo mediante nuevos ejes viarios, expropiaciones y reconstrucciones (MUHBA, s.f.). Para abrir una gran avenida era necesario modificar radicalmente la propiedad del suelo y sustituir edificios, calles y formas de ocupación que habían evolucionado durante siglos.

La ejecución comenzó finalmente el 10 de marzo de 1908, en un acto de fuerte contenido político y simbólico al que asistieron Alfonso XIII y Antonio Maura (MUHBA, s.f.). La ceremonia presentó la reforma como una demostración pública de modernidad y como una prueba de la capacidad de Barcelona para convertirse en una gran capital urbana. La nueva avenida debía expresar amplitud, orden, velocidad y conexión económica. No obstante, aquella escenificación del progreso ocultaba una realidad menos visible: la construcción de la Via Laietana exigía destruir una parte sustancial de la ciudad existente y desplazar a las comunidades que la habitaban.

La escala de la intervención explica que pueda hablarse de una auténtica cirugía urbana. La reforma afectó aproximadamente a 85 calles, provocó el derribo de unas 2.200 viviendas y obligó a desplazarse a cerca de 10.000 personas (Memòria Democràtica, s.f.). Un documento municipal contabilizó 2.199 viviendas afectadas en tres secciones de la reforma, una cifra que permite dimensionar el alcance del traslado forzoso de familias, comerciantes y propietarios (MUHBA, s.f.). No desaparecieron únicamente edificios singulares: también fueron destruidos espacios ordinarios, viviendas modestas, talleres, tiendas, patios y lugares de encuentro que formaban parte de la experiencia cotidiana del centro histórico.

Por ello, el coste de la reforma no puede medirse únicamente mediante el número de edificios demolidos o de personas desplazadas. La desaparición de una trama urbana implica también la pérdida de relaciones espaciales, recorridos, perspectivas, vecindades y prácticas sociales que no pueden reconstruirse completamente a partir de los planos o de los nuevos edificios (BCNROC, s.f.). La Via Laietana fue, al mismo tiempo, la primera gran renovación urbana de la Barcelona contemporánea y una de sus primeras grandes pérdidas patrimoniales sistematizadas (MUHBA, s.f.).

En este contexto adquiere una importancia decisiva la producción de imágenes. Antes de que comenzaran las demoliciones, el Ayuntamiento convocó un concurso de dibujos y fotografías destinado a documentar los espacios que iban a desaparecer. La convocatoria revela que las autoridades y los contemporáneos eran conscientes del carácter irreversible de la operación (AFB, s.f.). La fotografía se empleó para registrar calles, plazas, viviendas, comercios, fachadas y escenas de la vida cotidiana que pronto dejarían de existir materialmente. No podía conservar la ciudad, pero sí producir una representación capaz de mantenerla visible en el futuro.

Archivo Moragas.

El Arxiu Fotogràfic de Barcelona conserva las fotografías y los negativos de las series premiadas y finalistas de aquel concurso. El fondo reúne más de seiscientas imágenes, consideradas el registro fotográfico masivo más importante del territorio desaparecido a causa de la reforma (AFB, s.f.). Entre los autores identificados se encuentran Adolf Mas, Narcís Cuyàs, Miquel Matarrodona y Josep Pons Escrigas. El valor de este conjunto no reside únicamente en la documentación de monumentos o edificios excepcionales, sino en la atención prestada a los espacios comunes: calles estrechas, talleres, comercios, patios, fuentes, fachadas y escenas anónimas de la vida urbana (AFB, s.f.).

Precisamente esa atención a lo cotidiano permite ampliar la idea de patrimonio. Las imágenes muestran que la ciudad histórica no estaba compuesta solamente por palacios, iglesias o edificios de interés artístico. También estaba formada por viviendas ordinarias, establecimientos comerciales, lugares de trabajo y espacios de relación vecinal. Al registrar estos elementos, la fotografía conserva una dimensión social de Barcelona que difícilmente aparece en los relatos centrados exclusivamente en la arquitectura monumental.

La fotografía desempeñó además una función administrativa y técnica. En una operación basada en expropiaciones, demoliciones y reorganización parcelaria, las imágenes ayudaban a identificar inmuebles, documentar fachadas, registrar el estado de los edificios y establecer una referencia visual de los espacios afectados (AFB, s.f.). Esta función relaciona la fotografía urbana con otras formas de conocimiento características de la modernidad, como la estadística, la cartografía, el catastro y la topografía. La ciudad comenzaba a ser tratada como un objeto susceptible de ser medido, clasificado, inventariado y gestionado mediante imágenes.

Mientras la fotografía documentaba la ciudad que iba a desaparecer, las tarjetas postales contribuyeron a difundir la ciudad que estaba naciendo. La colección municipal conserva 22.443 postales de amplia cronología y temática, entre ellas numerosas imágenes relacionadas con la reforma de la Via Laietana (BCNROC, s.f.). La postal no era únicamente un registro de un lugar: era también un objeto destinado a circular, ser coleccionado, intercambiado, comercializado y utilizado para comunicar una determinada imagen de Barcelona.

Esta diferencia permite distinguir dos regímenes visuales parcialmente contrapuestos. Las fotografías del concurso de 1908 se concentraban en una ciudad amenazada por la demolición y registraban sus detalles materiales y sociales. Las postales de la nueva avenida, en cambio, tendían a destacar las perspectivas amplias, los edificios monumentales, la circulación de vehículos, la amplitud del espacio público y la conexión con el puerto. Un repertorio hacía visible la pérdida; el otro convertía la transformación en una imagen de progreso.

La oposición, sin embargo, no debe entenderse de manera absoluta. Las fotografías de la ciudad antigua no muestran toda su complejidad social, ni las postales de la nueva avenida reflejan todos los costes de la reforma. Cada imagen selecciona determinados elementos, adopta un punto de vista y responde a una finalidad concreta. La fotografía documental podía preservar fachadas y calles, pero también estaba condicionada por el encuadre, la elección del lugar y los criterios del concurso. La postal, sometida a intereses editoriales y comerciales, tendía a privilegiar los espacios representativos y atractivos, dejando fuera los conflictos, la pobreza o las consecuencias del desplazamiento.

La Via Laietana también debe interpretarse como una operación de modernización económica y territorial. La conexión entre el centro, el Eixample y el puerto respondía a la necesidad de mejorar la circulación de mercancías y articular las actividades industriales, comerciales y administrativas de una Barcelona en expansión (MUHBA, s.f.). La apertura de una gran avenida podía modificar el valor del suelo, atraer nuevas inversiones y favorecer la construcción de edificios destinados a oficinas, servicios y actividades empresariales.



Pero la funcionalidad urbana no agotaba el significado de la intervención. Una avenida amplia y rectilínea también alteraba las posibilidades de circulación, reunión y utilización del espacio público. El antiguo centro histórico, formado por calles estrechas y laberínticas, fue sustituido parcialmente por un eje que facilitaba el tránsito de personas, vehículos y fuerzas de seguridad (MUHBA, s.f.). No puede afirmarse que la Via Laietana respondiera a un único objetivo de control social, puesto que su origen estuvo relacionado con la movilidad, la reforma interior, la modernización y la actividad económica. Sin embargo, su trazado demuestra que el urbanismo nunca es completamente neutral: la forma de la ciudad organiza también las formas de circulación, visibilidad y poder.

La nueva avenida produjo, asimismo, un paisaje arquitectónico vinculado a la metrópolis moderna. Durante las décadas de 1920 y 1930, la Via Laietana incorporó edificios de oficinas, viviendas y sedes empresariales inspirados parcialmente en modelos internacionales, especialmente en la arquitectura de Chicago, aunque combinados con fórmulas académicas, eclécticas y noucentistas (BCNROC, s.f.). El edificio situado en Via Laietana, 39, construido aproximadamente en 1930, constituye un ejemplo de esta arquitectura vinculada a la consolidación de una nueva ciudad de servicios (BCNROC, s.f.).

Otros edificios expresaron de forma más explícita la relación entre arquitectura, empresa e identidad urbana. El número 8, construido en 1923 para la Compañía Arrendataria de Tabacos y proyectado por Francesc Guàrdia Vial, refleja el peso de las instituciones empresariales en la configuración de la avenida (BCNROC, s.f.). En el número 2, el edificio relacionado con Transmediterránea incorporó una imagen próxima a la de los grandes transatlánticos de principios del siglo XX, lo que explica su asociación con el llamado “Titanic de la Via Laietana” (BCNROC, s.f.). Esta referencia marítima no era casual: la avenida conectaba directamente con el puerto y representaba una Barcelona abierta a los intercambios internacionales.

La modernización también se desarrolló bajo tierra. La antigua estación de Correus, situada en el número 1 e inaugurada en 1934, estuvo vinculada al sistema del Gran Metro (MUHBA, s.f.). Su existencia formaba parte de una concepción de la ciudad como una red de infraestructuras superpuestas: calles, edificios, transporte subterráneo, comunicaciones y servicios. El posterior abandono de la estación recuerda, sin embargo, que toda infraestructura tiene un ciclo de vida. Lo que en una época aparece como la máxima expresión del progreso puede convertirse más tarde en un espacio obsoleto o invisible.

Entre 1908 y 1958, la Via Laietana atravesó algunos de los períodos más convulsos de la historia contemporánea de Barcelona: la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, la Guerra Civil y la dictadura franquista (MUHBA, s.f.). La avenida iniciada bajo Alfonso XIII no fue concluida en el mismo contexto político en que había sido proyectada. Durante la Guerra Civil recibió el nombre de Via Durruti, demostrando que el espacio urbano puede funcionar simultáneamente como infraestructura, escenario político y símbolo ideológico (Memòria Democràtica, s.f.). Los cambios de nomenclatura muestran que una avenida no solo organiza el territorio: también condensa las disputas por la memoria y la legitimidad política.

En ese mismo período, la cultura visual de Barcelona experimentó una transformación profunda. La fotografía dejó de ser una práctica exclusivamente experimental y pasó a desempeñar funciones documentales, administrativas, científicas y comerciales. Paralelamente, las postales convirtieron las vistas urbanas en objetos de circulación masiva. Barcelona comenzó a ser conocida y experimentada no solo por quienes habitaban sus calles, sino también por quienes recibían, coleccionaban o contemplaban sus imágenes.

La postal, por tanto, no se limitaba a reproducir la ciudad existente. También contribuía a definir qué debía entenderse como moderno, monumental y representativo. Las imágenes de la Via Laietana presentaban la avenida como prueba visible de la capacidad de Barcelona para superar las limitaciones del casco antiguo y adaptarse a las exigencias de la metrópolis contemporánea. La infraestructura se transformaba en un elemento de identidad urbana y en una herramienta de proyección exterior.

Esta construcción visual de la modernidad coexistió con una política selectiva de conservación del pasado. Mientras determinados sectores de la ciudad histórica eran demolidos para abrir la nueva avenida, otras áreas eran reinterpretadas monumentalmente, especialmente en torno al Barri Gòtic y la catedral (MUHBA, s.f.). La modernización no implicaba necesariamente olvidar el pasado, sino seleccionar qué pasado debía conservarse y cómo debía ser representado. Barcelona destruía una parte de su trama histórica mientras convertía otra en una imagen monumental y coherente de tradición.

La Via Laietana puede entenderse así como un palimpsesto urbano. Cada capa —la ciudad medieval, la reforma de principios del siglo XX, la arquitectura empresarial, las transformaciones políticas y las infraestructuras contemporáneas— permanece parcialmente visible o documentada (MUHBA, s.f.). La combinación de fotografías, postales, planos y expedientes permite reconstruir esa superposición de tiempos. Los planos muestran las modificaciones espaciales y parcelarias; los documentos administrativos explican las decisiones; las fotografías registran la materialidad y los usos; las postales revelan los espacios seleccionados para la difusión pública; y sus reversos aportan información sobre circulación, recepción y memoria personal.

Desde esta perspectiva, el archivo visual no es un simple depósito de imágenes antiguas. Es una forma de reconstruir una ciudad ausente. La fotografía permite aproximarse a la materialidad de los lugares; la postal permite estudiar la circulación simbólica de sus representaciones; el plano sitúa los espacios en el territorio; y la documentación escrita ayuda a comprender las decisiones políticas, económicas y administrativas que condujeron a su transformación.

La cuestión central no consiste, por tanto, en decidir si la Via Laietana fue un éxito o un fracaso. Desde el punto de vista funcional, consolidó un eje urbano de gran importancia y mejoró las conexiones entre el centro, el Eixample y el puerto. Desde el punto de vista arquitectónico, reunió edificios que expresaban la transición hacia una Barcelona metropolitana. Pero desde la perspectiva social y patrimonial, provocó desplazamientos, sustitución de usos y pérdida de una parte significativa de la trama histórica (MUHBA, s.f.; Memòria Democràtica, s.f.).

Su interpretación debe ser necesariamente ambivalente. La Via Laietana fue una obra de modernización, pero también una operación de destrucción y sustitución urbana. Fue una infraestructura de movilidad, pero también una intervención sobre el espacio social. Fue una expresión de progreso, pero convivió con la construcción selectiva de una imagen historicista de Barcelona. En sus fotografías y postales se encuentra precisamente esa contradicción: unas imágenes conservan la ciudad que el proyecto moderno hizo desaparecer, mientras otras celebran la ciudad que ese mismo proyecto quiso imponer.

Estudiar la historia gráfica de la Via Laietana significa, en último término, estudiar la relación entre espacio, poder, memoria y visibilidad. La avenida no solo sustituyó unas calles por otras; sustituyó también un régimen de representación por otro. La ciudad de los pasajes, los patios y las calles estrechas fue parcialmente reemplazada por la ciudad de las grandes perspectivas, los edificios institucionales, las oficinas y las infraestructuras modernas. Gracias a las fotografías, las postales y los documentos conservados, ambas ciudades continúan coexistiendo en el archivo: una desaparecida físicamente y otra consolidada materialmente, pero unidas por la memoria visual de una de las transformaciones más decisivas y controvertidas de la Barcelona del siglo XX.

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