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6/1/26

0.2 PROPÓSITO, ESTRUCTURA Y DELIMITACIÓN (1869–1939)

1ª versión

La tarjeta postal ilustrada: el primer muro de imágenes

Entre finales del siglo XIX y los años treinta del XX, la tarjeta postal ilustrada se convirtió en el primer gran muro de imágenes de la vida cotidiana. Antes de la televisión, de Internet y de las redes sociales, millones de personas se asomaron al mundo a través de estas cartulinas que mostraban ciudades lejanas, monumentos, guerras, veraneos y escenas íntimas (Henkin, 1998). Entre 1869 y 1939, la postal fue algo más que un simple recuerdo: fue un medio de comunicación masiva y un archivo de la memoria visual de la modernidad (López Hurtado, 2013).

De una idea barata a un fenómeno global

La historia arranca en 1869, cuando el economista Emanuel Herrmann propone en el Imperio austrohúngaro una Correspondenz-Karte sencilla y barata: una cartulina con franqueo impreso para enviar mensajes breves a menor coste que una carta (Jacobson, 2023). La idea cuaja rápidamente y pronto otros países adoptan formatos similares, hasta que la postal se convierte en un producto familiar para millones de usuarios.

A comienzos del siglo XX, el fenómeno explota. Gracias a los avances en litografía, cromolitografía y procesos fotográficos, las imágenes se abaratan y se multiplican. La llamada edad de oro de la tarjeta postal, situada aproximadamente entre 1900 y 1920, coincide con la expansión del turismo, la electrificación de las ciudades y la cultura de masas (McMullen, 2010; University of Alberta, 2025). En esos años, las postales funcionan como una especie de red social analógica: se coleccionan, se intercambian, se comentan y llenan álbumes que todavía hoy conservan historias personales y familiares.

Cinco países para entender un mismo lenguaje visual

Este estudio se centra en cinco países clave: España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania. Alemania domina la tecnología de impresión y exporta millones de postales a medio mundo hasta la Primera Guerra Mundial (Morgan y Brown, 2006). Francia e Inglaterra desarrollan potentes mercados internos y sólidas tradiciones de coleccionismo, mientras que Estados Unidos se convierte en el país con mayor consumo per cápita, especialmente durante la época de las Private Mailing Cards y el auge de la tarjeta dividida (Henkin, 1998; Grant y Shaw, s.f.).

España ofrece un caso singular. La casa Hauser y Menet y otros editores nacionales construyen una imagen turística de país basada en catedrales, plazas mayores, procesiones y tipos populares (Carrasco Marqués, 2018). Estas postales enseñan al extranjero una España monumental y pintoresca, pero también silencian la conflictividad social y la pobreza que la fotografía rara vez deja entrever (Garófano Sánchez, 2000).

Un objeto modesto, una fuente de primer orden

A primera vista, la postal parece un objeto menor: un trozo de cartulina con una imagen y unas líneas manuscritas. Sin embargo, la investigación reciente la considera una fuente primaria de primer orden para entender la cultura visual moderna (López Hurtado, 2013; Guereña, 2005). La postal permite seguir la transformación de las ciudades, el crecimiento del turismo, la construcción del patrimonio y la representación de las identidades nacionales.

Los investigadores la abordan desde varias disciplinas. La historia social se fija en quién las enviaba y en qué decían los mensajes. La historia del arte estudia las imágenes, los encuadres y los temas. La archivística y la documentación proponen formas de describir y catalogar grandes colecciones, como la tesis de María López Hurtado, que define niveles de análisis iconográfico, textual, postal y material (López Hurtado, 2013).

El reto de ordenar millones de imágenes

Uno de los mayores desafíos es manejar el volumen de material. Desde principios del siglo XX, autores como Carreras y Candi (1903) ya intentaban poner orden en el nuevo mundo de la cartofilia, mientras que en las últimas décadas Manuel Carrasco Marqués ha reconstruido la producción española del siglo XIX y de la primera edad de oro con catálogos detallados (Carrasco Marqués, 1992, 2009, 2018). En otros países, la destrucción de archivos durante las guerras ha dejado vacíos importantes, sobre todo en el caso alemán y francés (Morgan y Brown, 2006).

Para superar estas lagunas, los investigadores recurren a colecciones particulares y públicas, anuncios comerciales, normas postales y registros de imprentas. Con ayuda de herramientas digitales, se cruzan datos, se calculan tiradas aproximadas y se siguen las pistas de editores y fotógrafos. El resultado es un mapa cada vez más preciso de cómo circulaban las imágenes en la era de la postal (Henkin, 1998; Carrasco Marqués, 2018).

De la edad de oro al declive

La periodización más aceptada distingue una era pionera entre 1869 y finales del siglo XIX, una edad de oro aproximadamente entre 1900 y la Primera Guerra Mundial, y una fase de declive entre 1920 y 1939 (Grant y Shaw, s.f.; Smithsonian, 2013). La guerra corta suministros, destruye talleres y altera el comercio internacional, mientras que nuevos medios de comunicación y ocio, como la radio y el cine, compiten por la atención del público.siarchives.si+1

En 1939, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, se cierra simbólicamente la gran etapa de la tarjeta postal ilustrada. A partir de entonces, la postal sobrevive como souvenir turístico, pero pierde el protagonismo que tuvo como medio de comunicación diaria y como espejo de la modernidad (Smithsonian, 2013).

Un patrimonio vivo para coleccionistas y ciudades

Hoy, la postal sigue muy presente en mercadillos, archivos y colecciones particulares. Este trabajo se dirige no solo a especialistas, sino también a coleccionistas y asociaciones culturales que trabajan con estos materiales y buscan herramientas para interpretarlos. Listados cronológicos, guías básicas de técnicas de impresión y claves iconográficas pueden ayudar a revalorizar estas piezas como parte del patrimonio cultural y no solo como curiosidades antiguas (Palá Laguna, 2004; Martínez Musiño, 2017).

Al estudiar la postal, no se mira solo un recuerdo del pasado, sino un medio de comunicación que anticipó muchas dinámicas de la cultura visual contemporánea. La rapidez del mensaje, la brevedad del texto, la centralidad de la imagen y la circulación global encuentran en estas cartulinas un precedente sorprendentemente actual (Henkin, 1998).

2ª versión

La tarjeta postal ilustrada fue el primer gran medio de comunicación visual de masas, capaz de democratizar el acceso a las imágenes y de transformar la manera de representar el territorio, la memoria y la identidad entre 1869 y 1939 (Henkin, 1998; López Hurtado, 2013; Carrasco Marqués, 2018). Durante este periodo, millones de postales circularon entre Europa y Estados Unidos, convirtiéndose en una fuente primaria indispensable para comprender la cultura visual moderna.slv+2

0.2 Propósito, estructura y delimitación temporal (1869–1939)

El propósito de este trabajo es analizar la tarjeta postal ilustrada como objeto cultural y documental entre 1869 y 1939, demostrando que constituye una fuente primaria esencial para el estudio de la cultura visual y de la comunicación moderna (Henkin, 1998; López Hurtado, 2013). La investigación aborda la producción, circulación y consumo de postales en España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania, prestando atención a las técnicas de impresión, a las redes editoriales y a las prácticas sociales vinculadas a su uso (Carrasco Marqués, 2018; Morgan y Brown, 2006).library.

La delimitación temporal se apoya en criterios históricos y tecnológicos claros. El año 1869 marca el inicio de la era pionera con la creación de la Correspondenz-Karte del Imperio austrohúngaro, impulsada por el economista Emanuel Herrmann como solución para una comunicación rápida y económica (Jacobson, 2023; Postal Museum, 2023; Herrmann, 1869). El año 1939 se considera el cierre de la era moderna de la postal, ya que el estallido de la Segunda Guerra Mundial provocó la escasez de materiales, la destrucción de infraestructuras y la interrupción de la producción masiva, consolidando el declive del modelo clásico de la tarjeta postal ilustrada (Smithsonian, 2013).

La estructura del trabajo se organiza en varias secciones temáticas. Una primera sección presenta los antecedentes técnicos de la litografía, la cromolitografía y los procesos fotomecánicos. Una segunda sección analiza la producción editorial en los principales países europeos y norteamericanos, mientras que una tercera estudia el consumo y las prácticas sociales asociadas al intercambio postal. A estas se suman un bloque dedicado a la función documental de la postal como fuente histórica y otro centrado en los fundamentos metodológicos del análisis (López Hurtado, 2013; Hacking, 2007).

0.3 Delimitación geográfica y alcance del estudio

La delimitación geográfica se centra en cinco países que concentraron la innovación técnica y el consumo de postales a escala mundial: España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania. Alemania dominó la tecnología de impresión y la exportación hasta la Primera Guerra Mundial, lo que explica su liderazgo en la calidad y volumen de producción (Morgan y Brown, 2006). Francia e Inglaterra desarrollaron mercados nacionales intensos y sólidas tradiciones coleccionistas, mientras que Estados Unidos se convirtió en el país con mayor consumo per cápita y en un laboratorio privilegiado de cultura de masas (Henkin, 1998; Grant y Shaw, s.f.).

España representa un caso específico dentro de este mapa internacional. La hegemonía de la casa Hauser y Menet y de otros editores nacionales contribuyó a la construcción de una imagen turística de país, articulada en torno a monumentos, ciudades históricas y tipos populares (Carrasco Marqués, 2018; Carrasco Marqués, 1992). Este enfoque comparado permite integrar la producción española en las corrientes internacionales de la cultura visual, superando una visión exclusivamente localista (García Felguera, 2014).

Los criterios de selección de fuentes excluyen deliberadamente Wikipedia y las páginas web generalistas. La bibliografía final se compone de monografías especializadas, artículos de revistas científicas, informes institucionales y documentos primarios en formato PDF, procedentes de universidades, museos y editoriales especializadas de los cinco países estudiados. Esta restricción garantiza la validez académica del aparato crítico y se ajusta a los estándares de la investigación historiográfica contemporánea.

0.4 Fundamentos teóricos y marco conceptual

Los fundamentos teóricos de este trabajo se sitúan en la intersección entre la historia de la cultura material y los estudios visuales. La noción de ephemera cultural, desarrollada por Martínez Musiño (2017), permite conceptualizar la tarjeta postal como un objeto efímero que, pese a su aparente banalidad, condensa valores estéticos, sociales e ideológicos. En este marco, la postal se inscribe en la tradición de los impresos menores que Rickards (1982) y Twyman (1998) analizaron como claves para comprender la cultura gráfica de la modernidad.

La teoría de la modernización formulada por Greenhalgh (1988) sirve para contextualizar la masificación de la postal en el proceso de industrialización, urbanización y expansión de las exposiciones universales, donde se consolidó una cultura de masas visual y efímera. Las reflexiones de Walter Benjamin sobre la reproducibilidad técnica ayudan a entender la postal como un medio que despoja a la imagen de su aura artística para convertirla en un objeto de consumo masivo y democrático (Benjamin, 1936).

En el plano de la interpretación visual, el enfoque iconográfico de Panofsky, aplicado a la postal por Palá Laguna (2004), proporciona una herramienta precisa para desentrañar los niveles de significado de las imágenes. Las lecturas de Malek Alloula (1986) y Homi K. Bhabha (1994) sobre la postal colonial permiten analizar la tarjeta como dispositivo de poder visual, capaz de naturalizar estereotipos y relaciones de dominación. Del mismo modo, los trabajos de Henkin (1998) y Guereña (2005) iluminan la postal como dispositivo de memoria y como pieza central en la conformación de un espacio comunicativo global moderno.

0.5 Estado de la cuestión y revisión historiográfica

El estado de la cuestión revela un campo de estudio en expansión, apoyado en una tradición historiográfica que se remonta prácticamente a los orígenes del medio. Desde una perspectiva catalográfica, las aportaciones de Carreras y Candi (1903) y de Carrasco Marqués (1992, 2009, 2018) han sido decisivas para ordenar un material ingente y disperso, identificando cronologías, editores, talleres de impresión y series temáticas. A nivel internacional, las obras de Rickards (1982) y Twyman (1998) sentaron las bases para el estudio académico de los impresos efímeros, integrando la postal en un marco más amplio de cultura material del impreso.

Una segunda línea historiográfica la constituyen los estudios locales y urbanos, que desplazan el foco desde el objeto hacia su función como documento histórico. Trabajos como Recuerdo de Cádiz de Garófano Sánchez (2000) o el volumen Santander en la tarjeta postal ilustrada (Riego Amézaga, 1997; Alonso Laza, 1997) muestran cómo la postal documenta transformaciones urbanas, arquitectónicas y sociales, y cómo participa en la construcción visual de la ciudad. En el plano metodológico, la tesis de López Hurtado (2013), La tarjeta postal como documento, constituye un hito al proponer un modelo analítico riguroso basado en niveles iconográficos, textuales, postales y materiales, que consolida definitivamente la postal como fuente primaria en documentación y archivística.slv+1

Desde los años noventa, la tarjeta postal ilustrada ha dejado de considerarse un mero objeto de curiosidad coleccionista para consolidarse como un campo de investigación autónomo e interdisciplinar. Este corpus combina estudios de historia social, historia urbana, cultura visual y ephemera, y ofrece un marco sólido sobre el que se apoya la presente investigación comparada (Carrasco Marqués, 2009; Guereña, 2005; Henkin, 1998; Greenhalgh, 1988).

0.6 Metodología de análisis

La metodología combina el análisis técnico, el estudio documental y la interpretación iconográfica. El análisis técnico identifica las técnicas de impresión mediante el examen de las características materiales, apoyándose en los criterios de Hacking (2007) para la fotografía y de Cartolino (2025) para la cromolitografía, así como en manuales especializados y colecciones de referencia. El estudio documental aplica modelos de descripción normalizada inspirados en la propuesta de López Hurtado (2013), lo que permite sistematizar grandes colecciones y compararlas entre sí.

La cuantificación estadística procesa datos de producción y circulación procedentes de catálogos y archivos, como los de Carrasco Marqués (2018) para España y Henkin (1998) para Estados Unidos, mediante herramientas digitales de gestión de bases de datos (López Hurtado, 2013). La interpretación iconográfica aplica los niveles de análisis definidos por Panofsky y adaptados a la postal por Palá Laguna (2004), lo que permite leer las imágenes en clave de representación del espacio, del patrimonio y de la identidad nacional. La periodización en era pionera (1869–1900), edad de oro (1900–1914) y era de declive (1914–1931) Segunda República (1931-1936) y Guerra Civil (1936-1939) no sigue la historiografía especializada pero el autor ha entendido que se acerca más a sus propósitos para definir el caso español.

0.7 Originalidad y contribución al conocimiento

La originalidad de este estudio reside en la síntesis comparada de la producción postal en cinco países centrales, integrando datos cuantitativos y cualitativos en una perspectiva transnacional. Aunque existen numerosos estudios monográficos de ámbito nacional, todavía son escasos los trabajos que articulan un análisis comparado integrado de la tarjeta postal ilustrada, conectando mercados, técnicas y usos sociales (Carrasco Marqués, 2018; Henkin, 1998).

Esta investigación aporta, en primer lugar, una cronología técnica precisa de la evolución de los procesos de impresión postal. En segundo lugar, ofrece una cuantificación empírica verificable de la producción nacional en cada uno de los países estudiados, basada en catálogos razonados y series documentadas. En tercer lugar, analiza las prácticas de consumo a partir de colecciones, álbumes y testimonios epistolares, lo que permite revalorizar la tarjeta postal ilustrada como documento para la historia de la comunicación, de la memoria y de las identidades colectivas (Guereña, 2005).

0.8 Limitaciones y disponibilidad de fuentes

La limitación principal de este estudio es la desigual disponibilidad de fuentes primarias. Mientras la producción española cuenta con catálogos exhaustivos y series bien documentadas (Carrasco Marqués, 2018), la documentación alemana y francesa resulta más fragmentaria, en parte debido a la destrucción de archivos empresariales durante la Primera Guerra Mundial (Morgan y Brown, 2006). Esta situación dificulta la reconstrucción completa de algunos catálogos y series editoriales, especialmente en lo relativo a tirajes, variantes y destinos.

Para compensar estas lagunas, se recurre a fuentes complementarias como colecciones particulares y públicas, anuncios comerciales en prensa, regulaciones postales y documentación administrativa. La combinación crítica de estas evidencias permite aproximarse a magnitudes de producción y circulación razonablemente sólidas, aunque siempre dentro de los márgenes de prudencia que exige la investigación histórica.

0.9 Transferencia, públicos y proyección social

La transferencia de conocimiento de esta investigación no se orienta de forma exclusiva a la comunidad académica, sino que presta una atención especial a coleccionistas y asociaciones culturales. Estos actores gestionan y preservan un volumen considerable de material postal y requieren herramientas interpretativas que les permitan contextualizar sus piezas más allá de la mera descripción formal (Palá Laguna, 2004; López Hurtado, 2013).

Para facilitar esta labor, se incluyen listados numéricos que permiten localizar y cruzar series, editores y motivos iconográficos, así como una doble redacción de cada capítulo: una versión en lenguaje cercano y divulgativo y otra de carácter académico, más detallada en su aparato crítico. Esta estrategia busca maximizar el impacto social de la investigación y tender puentes entre el mundo universitario y el ámbito del coleccionismo y la gestión patrimonial.

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