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7/1/26

1.JUSTIFICACIÓN Y RELEVANCIA DEL ESTUDIO

 BLOQUE I: FUNDAMENTACIÓN ACADÉMICA

1. JUSTIFICACIÓN Y RELEVANCIA DEL ESTUDIO

1.1 La tarjeta postal ilustrada como objeto de estudio y documento de modernidad
1.2 Relevancia cultural, documental y patrimonial: rescate de la primera "red social" histórica
1.3 Sentido y relevancia contemporánea del tema (memoria, cultura visual, patrimonio)

1. JUSTIFICACIÓN Y RELEVANCIA DEL ESTUDIO

La tarjeta postal ilustrada: un fenómeno de masas que anticipó Instagram

La tarjeta postal ilustrada no fue un simple recuerdo turístico, sino uno de los productos culturales más exitosos de los siglos XIX y XX. Entre 1900 y 1914, la Edad de Oro del sector, solo el editor Hauser y Menet de Madrid producía 500.000 postales mensuales, es decir, seis millones anuales (Carrasco Marqués, 2009). Si sumamos a otros editores españoles como Laurent, Romo y Füssel, A.T.V. o Sáez Calleja, y multiplicamos por países como Francia, Alemania o Estados Unidos, las cifras globales superaban los centenares de millones de postales al año hacia 1910. Un fenómeno comparable solo con la expansión del cinematógrafo o la prensa ilustrada.

Los registros postales confirman esta masificación. En Estados Unidos, el Servicio Postal documentó 677.777.798 postales enviadas en el año fiscal 1907-1908, con una población de 88,7 millones. Esto significa una media de 7,6 postales por habitante en un solo año, niños incluidos. Para 1913, la cifra ascendió a 968 millones. En Gran Bretaña, estadísticas similares del Royal Mail demuestran que la postal penetró todos los estratos sociales y regiones geográficas, convirtiéndose en el primer producto cultural verdaderamente global.

Un artefacto de seis caras

La postal ilustrada articuló funciones múltiples y a menudo contradictorias. Primero, instrumento de comunicación postal: permitía enviar mensajes breves a larga distancia por la mitad del precio de una carta, democratizando el contacto epistolar. Segundo, souvenir turístico: viajeros documentaban experiencias visuales para familiares y amigos, anticipando las fotografías personales y las redes sociales digitales. Tercero, objeto de coleccionismo: millones de ciudadanos organizaban álbumes temáticos e intercambiaban postales mediante redes de cartófilos. Cuarto, mercancía comercial: producto industrial reproducido masivamente con lógica capitalista. Quinto, vehículo de propaganda política: gobiernos y movimientos sociales difundían ideología y movilizaban simpatizantes. Sexto, documento histórico visual: registro de espacios urbanos, monumentos y costumbres que adquirió valor archivístico retrospectivo.

Esta naturaleza polivalente explica por qué la postal resulta tan fértil para el análisis historiográfico. Requiere integrar perspectivas de historia económica, técnica, cultural, del arte, sociología y política. Rechazamos compartimentalizaciones que la reduzcan a "objeto artístico" o "documento técnico". Su riqueza analítica deriva precisamente de esta síntesis de funciones heterogéneas.

Ventana al pasado: documento y patrimonio

Desde la historia cultural, la postal opera como testimonio privilegiado de mentalidades colectivas. Las series españolas de 1892-1936 revelan tensiones entre modernización infraestructural y persistencia de estereotipos medievalizantes. Editores como Hauser y Menet reproducían obsesivamente monumentos medievales (Alcázar de Segovia, Alhambra, Giralda) mientras infraestructuras modernas (fábricas, puertos industriales) recibían atención marginal. Esta selección no era neutral: respondía a la demanda turística europea de una "España exótica y medieval" y naturalizaba representaciones que persisten como estereotipos turísticos actuales (Guereña, 2005).

El valor documental es insustituible. Las series de Hauser y Menet, con 2.000-3.000 vistas diferentes de España hacia 1914, constituyen registro único de espacios desaparecidos o transformados por restauraciones destructivas y demoliciones urbanas del desarrollismo franquista. Los fotógrafos como Jean Laurent (1816-1886) legaron un archivo de unos 12.000 negativos en colodión húmedo que documentan España con rigor técnico excepcional (Laurent, 1856-1886). Las postales de tipos populares, aunque exotizantes, preservan vestimenta, oficios y prácticas sociales desaparecidas.

Desde la perspectiva patrimonial, la postal requiere preservación activa. La Biblioteca Nacional de España y museos regionales custodian colecciones en riesgo por papel ácido y almacenamiento deficiente. La digitalización de alta resolución permitiría preservación virtual y análisis computacional mediante visión artificial, democratizando el acceso a estos archivos visuales.

La primera red social analógica

En la era digital, la postal adquiere nueva pertinencia analítica. Las redes sociales del siglo XXI reproducen mecanismos de intercambio visual, coleccionismo de imágenes y construcción de identidad que definieron el coleccionismo postal en torno a 1900. La postal fue la primera red social analógica: intermediaria de afectos a distancia, vehículo de reportaje de experiencias, instrumento de contacto entre desconocidos y archivo visual privado (Guereña, 2005). El álbum postal cumplía funciones análogas al feed de Instagram: acumulaba imágenes selectivamente, documentaba experiencias significativas, exhibía construcción de identidad y operaba como archivo biográfico.

Esta analogía funcional revela continuidades profundas en prácticas de sociabilidad visual. Tanto la postal como las redes digitales resuelven el problema fundamental de la modernidad: mantener conectividad social a distancia en contextos de movilidad geográfica creciente. Estudiar la postal permite historizar prácticas contemporáneas que parecen radicalmente nuevas, pero poseen genealogías profundas.

Un corpus para el siglo XXI

En un momento de creciente interés por la historia visual, la postal constituye corpus metodológicamente fecundo. Su análisis requiere integrar iconología, semiótica, historia material, sociología del consumo, historia política y geografía cultural. Esta necesidad de integración convierte la postal en caso de estudio privilegiado para desarrollar herramientas de análisis visual aplicables a otros medios.

Finalmente, el estudio de postales contribuye a debates sobre memoria histórica. Las postales de la Guerra Civil española (1936-1939), producidas por ambos bandos, constituyen archivo visual de discursos ideológicos en conflicto. Tras décadas de olvido franquista, las postales republicanas se recuperan como testimonios de memoria democrática. Su análisis permite comprender cómo las imágenes participaron en la construcción de legitimidad política y movilización emocional.

En síntesis, la tarjeta postal ilustrada merece atención académica rigurosa porque fue simultáneamente: fenómeno de masas sin precedentes, artefacto híbrido de múltiples funciones, documento privilegiado de mentalidades, registro visual insustituible, bien patrimonial en riesgo, antecedente histórico de nuestras redes sociales, corpus metodológico interdisciplinario y archivo de memoria histórica con relevancia política contemporánea. No es un objeto trivial, sino un artefacto historiográfico de primera magnitud para comprender la modernidad y la cultura visual de masas entre 1869 y 1939.

1. JUSTIFICACIÓN Y RELEVANCIA DEL ESTUDIO

1.1 La Tarjeta Postal Ilustrada como Objeto de Estudio y Documento de Modernidad

La tarjeta postal ilustrada no constituye un objeto marginal, secundario o trivial en la historia cultural de los siglos XIX y XX. Por el contrario, representa uno de los productos más exitosos y penetrantes de la industria cultural moderna, alcanzando difusión masiva sin precedentes históricos. Los datos cuantitativos documentados son elocuentes: entre 1900 y 1914, período conocido como la Edad de Oro de las postales, los editores españoles más importantes, como la empresa Hauser y Menet de Madrid, producían aproximadamente 500.000 postales mensuales (Carrasco Marqués, 2009). Esta cifra implica seis millones de postales anuales de un solo editor, en un solo país europeo. Si extrapolamos estas cifras al conjunto de editores españoles (Laurent, Romo y Füssel, A.T.V., Sáez Calleja, entre otros), y multiplicamos por los principales países productores (Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos), las cifras globales de producción anual probablemente alcanzaban centenares de millones de postales hacia 1910. Estas magnitudes sitúan la postal ilustrada en posición comparable a la expansión simultánea del cinematógrafo, la prensa ilustrada de masas y la fotografía comercial.

Datos de circulación postal confirman esta masificación. Registros oficiales del Servicio Postal de Estados Unidos para el año fiscal que finalizó el 30 de junio de 1908 citan 677.777.798 postales enviadas en ese país, con una población de 88.700.000 habitantes (United States Postal Service, 1908). Esto implica una media de 7,6 postales enviadas por cada habitante (incluyendo niños) en un solo año. Para 1913, la cifra anual estadounidense había aumentado a 968.000.000 postales, aunque el fenómeno ya evidenciaba síntomas de declive relativo respecto al pico de 1907-1910. En Gran Bretaña, estadísticas del Royal Mail documentan volúmenes comparables. Estas cifras colosales demuestran que la postal ilustrada fue genuinamente un fenómeno de masas, penetrando todos los estratos sociales y todas las regiones geográficas.

La postal ilustrada constituye un artefacto híbrido único que articula múltiples funciones simultáneas, frecuentemente en tensión entre sí. Primero, es instrumento de comunicación postal: permite transmisión de mensajes breves a larga distancia mediante tarifa reducida (típicamente la mitad del costo de una carta con sobre). La postal revolucionó la comunicación mundana permitiendo contacto epistolar telegráfico (pues el formato impone brevedad forzada) a precio accesible para clases populares. Segundo, es souvenir turístico: memoria material de viajes. Viajeros compraban postales de ciudades y regiones visitadas, enviándolas a allegados como reportaje de experiencia visual. La postal se convirtió en dispositivo privilegiado de documentación de viajes, anticipando funciones que posteriormente cumplirían fotografías personales y, en la era digital, redes sociales. Tercero, es objeto de coleccionismo sistemático: millones de ciudadanos acumulaban postales en álbumes organizados temáticamente, intercambiándolas mediante redes de cartófilos (término acuñado en 1945 como "deltiólogos"). Cuarto, es mercancía comercial: producto industrial reproducido masivamente, vendido con margen de ganancia, sometido a lógica capitalista de oferta y demanda. Quinto, es vehículo de propaganda política: gobiernos, partidos, movimientos sociales empleaban postales para difundir ideología, movilizar simpatizantes, documentar eventos. Sexto, es documento histórico visual: registro de espacios urbanos, monumentos, costumbres, eventos que adquirió valor archivístico retrospectivamente.

Esta naturaleza polivalente y contradictoria explica por qué la postal ilustrada resulta objeto de estudio historiográfico tan fecundo. Su análisis requiere integración de múltiples perspectivas disciplinarias: historia económica (para comprender industria editorial), historia de la técnica (para entender procesos de reproducción fotomecánica), historia cultural (para analizar consumo y coleccionismo), historia del arte (para iconografía y análisis estético), sociología (para sociabilidad postal), historia política (para propaganda visual). Rechazamos compartimentalizaciones disciplinarias que tratarían la postal como "principalmente un objeto artístico" o "meramente un documento técnico". La postal es simultáneamente todas estas cosas, y su riqueza analítica deriva precisamente de esta síntesis de funciones heterogéneas.

1.2 Relevancia Cultural, Documental y Patrimonial

Desde la perspectiva de la historia cultural, la postal ilustrada opera como testimonio privilegiado de mentalidades colectivas, estereotipos culturales y construcciones identitarias. Las postales de paisajes españoles, tipos populares y monumentos arquitectónicos producidas entre 1892 y 1936 revelan las tensiones estructurales entre modernización infraestructural y persistencia de estereotipos medievalizantes, entre imagen europeanizada del territorio nacional y reproducción de orientalismos exotizantes. La postal no es meramente un documento pasivo que registra realidades preexistentes: por el contrario, participa activamente en la construcción de imaginarios territoriales, seleccionando ciertos motivos visuales mientras oculta otros, enfatizando tradiciones pintorescas mientras minimiza modernidad industrial, esencializando identidades regionales mediante representación de trajes típicos y costumbres locales (Guereña, 2005).

El análisis sistemático de series editoriales españolas revela patrones consistentes. Editores como Hauser y Menet reproducían obsesivamente monumentos medievales (Alcázar de Segovia, Catedral de Burgos, Alhambra de Granada, Torre Giralda de Sevilla), mientras infraestructuras de modernización (fábricas, puertos industriales, barrios obreros, instalaciones eléctricas) recibían atención marginal. Esta selección no era neutral: reflejaba tanto expectativas de mercado turístico europeo (que demandaba "España exótica y medieval") como decisiones editoriales conscientes sobre qué constituía "lo español esencial". La repetición iterada de ciertos motivos visuales a través de miles de postales naturalizaba estas representaciones, convirtiéndolas en sinónimos visuales de españolidad. Toledo se volvió indisolublemente asociado con medievalidad; Andalucía con flamenco y orientalismo; Castilla con monumentalidad imperial. Estas asociaciones, construidas mediante repetición postal masiva, persisten hasta la actualidad como estereotipos turísticos.

Desde la perspectiva documental, la postal posee valor archivístico insustituible. Las series de Hauser y Menet, que para 1914 probablemente cubrían entre 2.000 y 3.000 vistas diferentes de España (abarcando prácticamente todas las provincias y ciudades principales), constituyen registro visual único de espacios urbanos, edificios y paisajes desaparecidos o radicalmente transformados. Restauraciones arquitectónicas posteriores (frecuentemente destructivas de elementos originales), demoliciones urbanas (especialmente intensas durante desarrollismo franquista 1960-1975), y cambios paisajísticos son documentados mediante estas postales de forma que ninguna otra fuente podría igualar. Los fotógrafos como Jean Laurent (1816-1886), fotógrafo francés establecido en Madrid desde 1856, legaron a través de sus postales (producidas tanto en vida como póstumamente por sucesores de su empresa Laurent & Cía.) imágenes de España que de otro modo se habrían perdido definitivamente. El archivo fotográfico de Laurent, estimado en aproximadamente 12.000 negativos, documentaba mediante técnica de colodión húmedo sobre placas de vidrio vistas urbanas, monumentos, tipos populares, obras públicas, con calidad técnica y rigor documental excepcionales (Laurent, 1856-1886).

El valor documental de las postales se extiende más allá de edificios y paisajes. Las postales de tipos populares y escenas costumbristas (vendedoras de pescado, campesinos, danzadores flamencos, toreros, aguadores, mujeres con trajes regionales) documentan vestimenta, oficios, prácticas sociales, gestualidad corporal, que desaparecieron con modernización económica del siglo XX. Aunque estas representaciones frecuentemente reproducían estereotipos exotizantes y esencializaban identidades regionales de forma problemática, constituyen no obstante testimonios únicos de formas de vida preindustriales. Los historiadores sociales han utilizado postales para reconstruir historia del trabajo, historia de género, historia de la vida cotidiana, en ausencia de otras fuentes visuales.

Desde la perspectiva patrimonial, la postal ilustrada representa un bien cultural que requiere preservación activa, digitalización sistemática y catalogación normalizada. Instituciones españolas como la Biblioteca Nacional de España, el Museo del Prado (que custodia postales de reproducción de obras artísticas), museos regionales y archivos locales custodian colecciones de postales cuya importancia patrimonial ha sido reconocida recientemente pero que permanecen en riesgo de deterioro por falta de recursos de conservación. Las postales, impresas en papel de calidad variable (frecuentemente ácido), sometidas a manipulación repetida, expuestas a luz y humedad durante décadas de uso y almacenamiento descuidado, sufren deterioro progresivo. La digitalización de colecciones principales mediante escáneres de alta resolución permitiría preservación virtual, acceso público mediante repositorios en línea, y análisis computacional de grandes corpus mediante herramientas de visión artificial. El presente estudio contribuye a la puesta en valor de estos conjuntos documentales, demostrando su relevancia historiográfica y argumentando por la necesidad de inversión pública en preservación patrimonial.

1.3 Sentido y Relevancia Contemporánea del Tema

En el contexto actual de transformación digital de comunicación y crisis de medios tradicionales, la postal ilustrada adquiere paradójicamente nueva pertinencia analítica. Las redes sociales digitales del siglo XXI (Instagram, Facebook, Pinterest, TikTok) reproducen mecanismos de intercambio visual, coleccionismo de imágenes y construcción de identidad mediante representación visual que eran características definitorias del coleccionismo postal en torno a 1900. La postal es, histórica y funcionalmente, una primera red social analógica: intermediaria de afectos a distancia, vehículo de reportaje de experiencias (viajes, eventos), instrumento de contacto entre desconocidos mediante intercambio sistemático, y registro acumulativo de memoria visual privada (Guereña, 2005). El álbum de postales del período 1900-1920 cumplía funciones análogas al feed de Instagram contemporáneo: acumula imágenes selectivamente escogidas, documenta experiencias consideradas significativas, se exhibe socialmente como construcción de identidad, y opera como archivo visual de memoria biográfica.

Esta analogía funcional no es meramente superficial o anecdótica. Por el contrario, revela continuidades profundas en prácticas de sociabilidad visual que atraviesan transformaciones tecnológicas. Tanto la postal como las redes sociales digitales resuelven problema fundamental de la modernidad: cómo mantener conectividad social a distancia en contextos de movilidad geográfica creciente, urbanización acelerada, y fragmentación de comunidades tradicionales. La postal permitía que trabajadores emigrados mantuvieran contacto con familias rurales; que viajeros reportaran experiencias a allegados; que coleccionistas establecieran relaciones con desconocidos mediante intercambio. Las redes digitales cumplen funciones homólogas mediante tecnologías radicalmente diferentes. Estudiar la postal ilustrada permite historizar prácticas contemporáneas que parecen radicalmente nuevas pero que poseen genealogías más profundas.

Asimismo, en período de creciente interés académico por la historia visual y los estudios visuales como campos interdisciplinarios, la postal constituye corpus metodológicamente fecundo. Su análisis requiere integración de metodologías heterogéneas: iconología (método desarrollado por Erwin Panofsky para análisis de niveles de significado visual), análisis semiótico (para descodificar convenciones de representación), historia material (para entender procesos técnicos de producción), sociología del consumo (para analizar prácticas de coleccionismo), historia política (para propaganda visual), geografía cultural (para construcción de imaginarios territoriales). Esta necesidad de integración metodológica convierte la postal en caso de estudio privilegiado para desarrollar y refinar herramientas de análisis visual que luego pueden aplicarse a otros medios (cine, televisión, publicidad, redes sociales).

Finalmente, el estudio de postales ilustradas contribuye a debates contemporáneos sobre memoria histórica y construcción de identidades colectivas. Las postales de la Guerra Civil española (1936-1939), producidas por ambos bandos (republicano y nacionalista), constituyen archivo visual de discursos ideológicos en conflicto, símbolos políticos movilizados, representaciones de enemigos, imaginarios de nación. Tras décadas de supresión y olvido durante dictadura franquista, estas postales republicanas están siendo recuperadas como testimonios de memoria histórica democrática. Su análisis permite comprender cómo imágenes participaron en construcción de legitimidad política, movilización emocional de combatientes, y producción de verdades sobre el conflicto. En contexto español contemporáneo, donde debates sobre memoria histórica permanecen intensamente politizados, la postal ofrece evidencia visual concreta de discursos políticos del pasado.

En síntesis, la tarjeta postal ilustrada merece atención académica rigurosa porque constituye simultáneamente: (1) fenómeno de masas sin precedentes históricos en cuanto a volumen de producción y penetración social; (2) artefacto híbrido que articula funciones comunicativas, comerciales, coleccionistas, documentales y propagandísticas; (3) documento privilegiado de mentalidades, estereotipos e identidades colectivas; (4) registro visual insustituible de espacios y prácticas sociales desaparecidas; (5) bien patrimonial que requiere preservación activa; (6) antecedente histórico de prácticas de sociabilidad visual contemporáneas; (7) corpus metodológico para desarrollo de herramientas de análisis visual interdisciplinario; (8) archivo de memoria histórica con relevancia política contemporánea. El presente estudio busca demostrar que la postal ilustrada no es objeto trivial sino artefacto historiográfico de primera magnitud para comprender modernidad, modernización, y cultura visual de masas entre 1869 y 1939.

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