¿Quién escribió la primera historia de la postal? No fue un catedrático, sino un coleccionista. Crónica de cómo un objeto despreciado por la academia conquistó su lugar en los estudios visuales, y por qué aún nos quedan preguntas sin responder.
Los pioneros del catálogo: cuando los coleccionistas hicieron de historiadores
La historia del estudio de la tarjeta postal ilustrada tiene un origen inesperado: no nació en las universidades, sino en los gabinetes de los coleccionistas. Los primeros intentos sistemáticos de catalogar postales surgieron casi simultáneamente con el propio fenómeno postal, respondiendo a una necesidad práctica de los deltiólogos —así se llama a los coleccionistas de postales— para organizar sus álbumes.
El pionero absoluto fue Francesc Carreras y Candi, quien en 1903 publicó el primer catálogo sistemático de postales españolas. Su trabajo, aunque limitado en alcance y metodología según los estándares actuales, tuvo el mérito revolucionario de reconocer que aquellas cartulinas merecían ser documentadas y clasificadas. En una época en que la postal era considerada un objeto trivial, Carreras y Candi tuvo la visión de tratarla como un documento digno de estudio. Fue, en cierto modo, el primer archivero de la modernidad.
Durante las siguientes décadas, el campo fue dominado por lo que la academia despectivamente llamó "literatura menor": catálogos de coleccionistas, guías de precios, historias locales de editores y estudios amateur. Esta literatura, aunque invaluable para la documentación básica, fue sistemáticamente relegada por las universidades, que la consideraban poco rigurosa y demasiado descriptiva.
Entre los catalogadores más importantes de este periodo destacan Carrasco Marqués (cuyas obras de 1992, 2009 y 2018 son referencias obligadas), los estudios sobre Hauser y Menet —el gran editor español—, y trabajos de autores como Staff, Milne, Alonso Laza y Garófano. Estos investigadores, aunque no siempre formados en metodologías académicas, acumularon un conocimiento enciclopédico sobre editores, series, técnicas y cronologías que constituye, todavía hoy, la base de cualquier investigación seria.
"La postal fue durante décadas un objeto huérfano: demasiado popular para la academia, demasiado efímero para los museos. Fueron los coleccionistas quienes la mantuvieron viva."
El problema de este primer periodo historiográfico es que, pese a su valor documental, carecía de marco teórico. Las postales se catalogaban y describían, pero no se interpretaban en su contexto cultural, social y político. Eran vistas como objetos de coleccionismo, no como documentos históricos de primera magnitud. Faltaba, en definitiva, una pregunta: ¿qué nos dice la postal sobre la sociedad que la produjo?
El giro cultural: cuando la postal entró en la universidad
A partir del año 2000, se produjo un cambio radical en el enfoque de los estudios sobre postal, impulsado por el giro cultural en las humanidades y el desarrollo de los estudios visuales. La postal dejó de ser vista como mero objeto de coleccionismo para ser analizada como documento cultural complejo.
Un hito fundamental fue el trabajo de Juan Luis Guereña (2005), quien demostró que los álbumes de postales funcionaban como dispositivos de identidad. Guereña mostró que los álbumes no eran simples contenedores de imágenes, sino espacios donde se construían narrativas visuales del yo. La selección de postales, su organización, la forma de exponerlos en el hogar, revelaban gustos, valores, aspiraciones y redes de afecto. Esta perspectiva permitió entender el coleccionismo no como acumulación compulsiva, sino como práctica cultural significativa: los álbumes eran, en cierto modo, los perfiles de Facebook del siglo XIX.
Otra aportación crucial fue la de Riego Amézaga (2011), quien propuso entender la postal como proto-red social. Riego Amézaga demostró que muchas de las dinámicas que asociamos con las redes sociales digitales —feeds de imágenes, mensajes breves, construcción de perfiles, intercambios transnacionales, validación social— estaban ya presentes en la cultura postal de principios del siglo XX. Esta perspectiva no solo enriquece nuestra comprensión histórica, sino que nos ayuda a entender la genealogía de nuestras prácticas digitales contemporáneas.
La mirada crítica: postcolonialismo y género
Los estudios postcoloniales y de género han aportado perspectivas críticas fundamentales. Malek Alloula, en su análisis de las postales coloniales francesas de Argelia, demostró cómo la postal fue instrumentalizada para construir una imagen exotizada y sexualizada de las mujeres colonizadas. La postal se convertía así en un arma de dominación simbólica. Homi Bhabha y Catherine Nash han explorado las dinámicas de hibridación y resistencia en las representaciones postales.
En el contexto español, Ortiz y otros investigadores han analizado cómo se representó a las mujeres en las postales, revelando una predominancia de figuras folclóricas o decorativas, con notable ausencia de mujeres profesionales o activistas. La postal, en este sentido, no reflejaba la realidad social: la editaba.
La historiografía internacional: un diálogo global
La investigación sobre postales no es un fenómeno exclusivamente español. A nivel internacional, existe una sólida tradición de estudios que han abordado el fenómeno desde múltiples perspectivas.
Los trabajos de Badger, Greenhalgh y Mandell sobre las Exposiciones Universales son fundamentales para entender el contexto en que floreció la postal. Estas mega-exposiciones —París 1889, Chicago 1893, París 1900— fueron los grandes escaparates de la modernidad, y la postal funcionó como extensión temporal de la experiencia expositiva. Los visitantes compraban postales de los pabellones y atracciones, llevándose a casa un fragmento de la modernidad.
David Henkin (1998), en su obra fundamental The Postal Age, demostró cómo el sistema postal transformó la comunicación y la experiencia del espacio y el tiempo en el siglo XIX. Henkin argumenta que la postal, al permitir comunicación rápida y barata, contribuyó a lo que podemos llamar aceleración comunicativa, un fenómeno que tiene paralelismos evidentes con nuestra era digital. El siglo XIX, nos recuerda Henkin, fue el primer siglo de la inmediatez.
Las seis lagunas que aún nos acechan
A pesar de los avances recientes, persisten seis lagunas importantes en la historiografía sobre postales. Identificarlas es el primer paso para superarlas:
🔍 1. La falta de enfoque comparativo. La mayoría de los estudios se centran en contextos nacionales aislados, sin explorar las dinámicas transnacionales del fenómeno postal. ¿Cómo circulaban las imágenes entre países? ¿Cómo se adaptaban los estereotipos a diferentes contextos culturales?
📊 2. La escasez de análisis cuantitativo. Aunque existen datos sobre producción y circulación, falta un análisis sistemático que permita entender las dinámicas del mercado postal a gran escala.
🏛️ 3. El abandono de la Segunda República. Pese a su importancia para entender la pedagogía cívica y la construcción de un imaginario republicano, este periodo ha recibido menos atención que la Restauración o la Guerra Civil.
👩 4. La insuficiente atención a los estudios de género. Aunque hay trabajos pioneros, falta un análisis sistemático de cómo se representó a las mujeres, cómo participaron en la cultura postal y cómo se construyeron identidades de género a través de las postales.
📚 5. El escaso estudio de los álbumes privados. Mientras se han analizado las postales como objetos individuales, falta investigación sobre los álbumes como dispositivos completos, con su lógica de selección, organización y exhibición.
💾 6. La necesidad de digitalización estructural. Aunque existen proyectos de digitalización, falta una infraestructura coordinada que permita el acceso abierto a grandes corpus de postales con metadatos estandarizados.
Los tres debates que siguen abiertos
Paralelamente, persisten tres debates fundamentales que atraviesan toda la disciplina:
⚖️ 1. El estatus documental de la postal. ¿Es fuente primaria de primera magnitud o documento secundario? Aunque la tendencia actual es reconocer su valor, persisten resistencias en algunos círculos académicos que aún la consideran "literatura menor".
🎭 2. La agencia del consumidor. ¿Hasta qué punto los usuarios de postales eran receptores pasivos de mensajes estandarizados, o agentes activos que apropiaban y resignificaban las imágenes? Este debate conecta con cuestiones más amplias sobre la recepción cultural y la creatividad popular.
⚙️ 3. La tensión entre modernidad y tradición. La postal fue un producto de la modernidad industrial, pero a menudo representaba escenas tradicionales o pintorescas. ¿Cómo se articula esta tensión? ¿Es la postal un instrumento de modernización o de conservadurismo nostálgico?
Seis aportaciones para un nuevo paradigma
Esta investigación se propone abordar estas lagunas y debates mediante seis contribuciones fundamentales:
- Un enfoque comparativo que integra el caso español en el contexto europeo y estadounidense.
- Un análisis cuantitativo basado en corpus amplios de postales.
- Una atención específica a la Segunda República como periodo clave.
- Una perspectiva de género sistemática que recupere las voces silenciadas.
- Un análisis de álbumes como dispositivos completos de identidad.
- Una propuesta de digitalización estructural con estándares interoperables.
Epílogo del capítulo: el coleccionista como detective
Cada postal que ha sobrevivido hasta hoy es un pequeño milagro. Pasó por las manos de un cartero, fue guardada en un cajón, olvidada en un desván, rescatada por un coleccionista. Los pioneros como Carreras y Candi, los académicos como Guereña y Henkin, y los miles de cartófilos anónimos han construido, sin saberlo, la mayor base de datos visual del siglo XIX y principios del XX.
Pero su trabajo no ha terminado. Quedan preguntas por responder, archivos por abrir, álbumes por descifrar. La postal, ese objeto que la academia despreció durante décadas, nos sigue esperando. Y cada vez que un investigador abre una caja de postales antiguas, está haciendo lo mismo que hizo Carreras y Candi en 1903: reconocer que lo aparentemente trivial es, en realidad, la clave para entender un mundo entero.
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