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8/1/26

16. LA SEGUNDA REPÚBLICA (1931-1936)

La Segunda República transformó de manera profunda la cultura visual española y la tarjeta postal ilustrada, que pasó de ser un simple souvenir a convertirse en un soporte clave de modernización, pedagogía y propaganda simbólica entre 1931 y 1936 (Riego, 2011; Núñez‑Herrador, 2019). En esos años, la postal se alineó con los nuevos símbolos republicanos, las políticas de educación popular y el programa de reforma cultural impulsado por el Estado, las editoriales y las Misiones Pedagógicas (Tiana, 2009; Moreno, 2010).

La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 no solo cambió el régimen político, también alteró de raíz el paisaje visual de España. La calle, la escuela, los medios impresos y los pequeños objetos cotidianos, como la tarjeta postal ilustrada, se poblaron de nuevos símbolos, nuevos héroes y nuevas escenas de modernidad. En ese contexto, la postal dejó de ser únicamente recuerdo turístico para convertirse en un instrumento de pedagogía cívica, propaganda republicana y difusión de una imagen renovada del país (López Torán, 2021; Núñez‑Herrador, 2019).

16.1 Cultura visual republicana

La República impulsó una auténtica revolución de los símbolos. La bandera tricolor rojo‑amarillo‑morado sustituyó progresivamente en balcones, edificios públicos y publicaciones a la enseña monárquica, mientras el escudo se coronaba con una corona mural en lugar de la corona real, subrayando la soberanía popular y el rechazo del viejo orden (Filateliahobby, 2025). Las postales republicanas contribuyeron a naturalizar esta iconografía: millones de tarjetas con la bandera tricolor, escudos renovados y lemas como “República”, “Libertad” o “Democracia” circularon por todo el país, fijando en la retina la ecuación rojo‑amarillo‑morado = España republicana (Wikipedia, Segunda República Española).

El cambio no fue solo cromático, también temático. Las series ilustradas comenzaron a destacar la infraestructura moderna: nuevas escuelas, carreteras, puentes y líneas de ferrocarril aparecían como emblemas de progreso y justicia social, en sintonía con la prioridad otorgada a la educación pública y a la modernización del Estado (Viñao, 1990; Tiana, 2009). El patrimonio nacional se presentaba como un bien común: catedrales, palacios y monumentos se reproducían en clave laica y ciudadana, no como símbolos aristocráticos sino como parte de una cultura compartida. A ello se sumaban las celebraciones democráticas del 14 de abril, las manifestaciones reformistas y los desfiles cívicos, así como las figuras republicanas –presidentes, ministros, intelectuales– que aparecían en retratos y composiciones alegóricas como protagonistas del nuevo orden (López Torán, 2021).

16.2 Transformaciones editoriales, temáticas y técnicas

El nuevo clima político favoreció el surgimiento de editores especializados en temática republicana y la adaptación de las casas tradicionales al nuevo mercado. Algunas empresas produjeron series destinadas a la circulación oficial –para escuelas, dependencias administrativas o campañas electorales–, mientras otros editores privados ensayaron colecciones que combinaban turismo, modernidad urbana y referencias explícitas a la República (Núñez‑Herrador, 2019).

Las temáticas reformistas dominaron buena parte de la producción: reforma agraria, educación laica, estatutos de autonomía y nuevas obras públicas se plasmaron en vistas fotográficas y composiciones gráficas que mostraban escuelas recién inauguradas, pueblos con carreteras asfaltadas o ciudades en obras. La postal se alineaba así con la idea de una “España que se pone al día”, mientras las escenas de conflicto social –huelgas, represión, enfrentamientos– aparecían mucho menos, sometidas a una especie de censura implícita que privilegiaba el relato optimista de la modernización republicana (Tormenta, 2016).

En este panorama seguían teniendo peso las postales de las grandes exposiciones de 1929 en Barcelona y Sevilla, que actuaron como preludio del clima de modernidad republicana. Las vistas del Pueblo Español, el Palacio Nacional de Montjuïc, la Plaza de España sevillana y los pabellones regionales continuaron circulando masivamente durante los primeros años treinta, alimentando un imaginario de turismo, cosmopolitismo y optimismo previo a la Guerra Civil (Riego, 2011).

16.3 Postal ilustrada y modernización cultural

La tarjeta postal se convirtió también en una herramienta de modernización cultural. En escuelas urbanas y rurales, las postales de ciudades, monumentos y mapas se utilizaban como apoyos visuales en las clases de geografía e historia, reforzando un aprendizaje basado en la imagen y la conexión entre territorio, memoria y ciudadanía (Viñao, 1990).

Las Misiones Pedagógicas llevaron esta lógica un paso más allá. Sus equipos itinerantes organizaron exposiciones de reproducciones del Museo del Prado, colecciones de vistas de ciudades y paisajes españoles, y material visual que incluía postales educativas para acercar el arte y la cultura a las aldeas más aisladas (Tiana, 2009; Moreno, 2010). En ese contexto, la postal funcionaba como “museo de bolsillo”: un pequeño soporte que permitía a las comunidades rurales contemplar obras maestras, monumentos nacionales y escenas urbanas que de otro modo resultaban inaccesibles.

Los nuevos diseños gráficos, influenciados por el art déco y las vanguardias, reforzaron esta imagen de modernidad. Frente a las postales monárquicas previas a 1931, centradas en iconografía tradicional –religión, aristocracia, monumentos medievales–, las series republicanas apostaron por composiciones dinámicas, tipografías modernas y mensajes explícitos sobre educación, cultura pública y democracia (Riego, 2011; López Bernal, 2013). La comparación entre ambos periodos muestra hasta qué punto la postal fue un espejo sensible de la transformación visual de la España republicana.

16. LA SEGUNDA REPÚBLICA (1931‑1936)

La Segunda República española (1931‑1936) constituye un momento clave para analizar cómo un medio aparentemente modesto como la tarjeta postal ilustrada se integra en un vasto programa de reforma cultural, modernización simbólica y pedagogía ciudadana. En estos años, la postal conserva su condición de soporte de comunicación accesible y difundido, pero redefine sus lenguajes y funciones en diálogo con los nuevos dispositivos de la cultura visual de masas –cartel, prensa ilustrada, cine– y con las estrategias de legitimación del régimen republicano (Riego, 2011; López Bernal, 2013).

En el plano político, la República se presenta como ruptura con la monarquía y con el viejo orden social, lo que exige la construcción de una nueva iconografía de Estado. El cambio de bandera, de escudo y de retórica visual no es un detalle menor, sino la traducción gráfica de un proyecto de soberanía popular, laicismo y reforma social. La tarjeta postal, por su bajo coste, su facilidad de reproducción y su circulación capilar, se convierte en un canal privilegiado para difundir esos símbolos, fijarlos en la memoria cotidiana y articular un relato visual de la República que penetra en hogares, escuelas y redes epistolares (Núñez‑Herrador, 2019).

Al mismo tiempo, la consolidación de nuevas empresas editoriales y la adaptación de los productores tradicionales permiten que la postal funcione como laboratorio donde se ensayan narrativas de modernidad, de patrimonio compartido y de democracia visual, en estrecha relación con otras iniciativas como las Misiones Pedagógicas y las grandes exposiciones nacionales (Tiana, 2009; Riego, 2011).

16.1 Cultura visual republicana

16.1.1 Nuevos símbolos y lenguajes gráficos

La República acometió desde el inicio una reorientación simbólica deliberada. La adopción de la bandera tricolor rojo‑amarillo‑morado frente a la bicolor monárquica y la sustitución de la corona real por una corona mural en el escudo fueron decisiones cargadas de significado: se trataba de subrayar el carácter cívico del nuevo régimen, la centralidad de la ciudadanía y el rechazo de la legitimidad dinástica (Filateliahobby, 2025).

Las tarjetas postales desempeñaron un papel crucial en esa operación. Desde los primeros meses circularon miles de ejemplares con la bandera tricolor ondeando sobre edificios públicos, con escudos republicanos impresos en el anverso, o con composiciones alegóricas en las que figuras femeninas –representaciones de la República– sostenían símbolos de justicia, libertad y igualdad. Esta repetición constante contribuyó a consolidar una gramática visual republicana fácilmente reconocible, en la que el código cromático rojo‑amarillo‑morado se asociaba espontáneamente con la idea de España moderna y democrática (Wikipedia, Segunda República Española).

La reformulación simbólica no se limitó al repertorio institucional. Diseñadores influenciados por la vanguardia gráfica, el art déco y el cartelismo internacional introdujeron tipografías modernas, diagonales dinámicas y esquemas compositivos más sintéticos en las postales, acercándolas a los lenguajes de la publicidad y del cartel político (Renau, Bardasano, Puyol, etc.). Aunque la escala y la función de la postal diferían de las del cartel, ambos compartían un mismo horizonte de arte de masas: llegar a públicos amplios mediante imágenes de impacto rápido y mensajes claros (Prochaska y Mendelson, 2010).

16.1.2 Reorientación temática: modernidad, patrimonio, democracia

En paralelo al cambio simbólico, se produjo una reorientación temática significativa. Mientras las postales monárquicas previas a 1931 privilegiaban vistas de monumentos religiosos, escenas de corte aristocrático y motivos costumbristas de fuerte contenido tradicional, muchas series republicanas desplazaron el foco hacia la infraestructura moderna y los proyectos reformistas (Riego, 2011).

Las nuevas escuelas construidas en el marco de la política de educación laica se convirtieron en un motivo recurrente. Imágenes de edificios escolares recién inaugurados, patios llenos de niños y aulas luminosas funcionaban como prueba tangible del compromiso del Estado con la alfabetización y la igualdad de oportunidades (Viñao, 1990). Del mismo modo, las postales que mostraban carreteras, puentes y ferrocarriles subrayaban el avance de la modernización infraestructural y la voluntad de integrar un territorio históricamente marcado por desigualdades regionales (Tormenta, 2016).

El patrimonio nacional fue objeto de una reinterpretación profunda. Catedrales, monasterios, palacios y plazas monumentales aparecían ahora en series que insistían en su condición de bienes comunes, accesibles a todos los ciudadanos. La sacralidad religiosa o aristocrática se atenuaba en favor de una lectura histórico‑artística y turística que situaba estos espacios en una narrativa de identidad nacional compartida (Riego, 2011; Tarrés y Pla, 2021).

Por último, la cultura visual republicana otorgó gran importancia a las celebraciones democráticas y a las figuras republicanas. Desfiles del 14 de abril, mítines multitudinarios, manifestaciones por la reforma agraria o por el estatuto de autonomía, así como retratos de presidentes, diputados, militantes e intelectuales vinculados al régimen, poblaron los catálogos postales. Esta producción contribuía a generar un panteón laico de héroes civiles y a fijar en imágenes la experiencia de la participación política de masas (López Bernal, 2013).

16.2 Transformaciones editoriales, temáticas y técnicas

16.2.1 Nuevos editores y circuitos de distribución

La llegada de la República coincidió con una reconfiguración del campo editorial de la postal. Junto a los grandes sellos consolidados en décadas anteriores surgieron editores nuevos con orientación política explícita, que entendieron la tarjeta como herramienta de movilización y educación cívica (Núñez‑Herrador, 2019).

Algunas empresas firmaron acuerdos con instituciones oficiales –ministerios, ayuntamientos, diputaciones– para producir series destinadas a escuelas, bibliotecas, actos conmemorativos o campañas informativas sobre reformas legislativas. Estas postales podían distribuirse gratuitamente o venderse a bajo coste, de modo que su alcance social resultara lo más amplio posible (Viñao, 1990). En paralelo, editores privados adaptaron sus catálogos a las nuevas sensibilidades, introduciendo iconografía republicana en colecciones de turismo, fiestas locales o vida urbana.

La circulación de estas postales se integró en redes diversas: correo ordinario, venta en kioscos, librerías, tiendas de recuerdos, y, en algunos casos, distribución directa en actos políticos y centros educativos. Esta multiplicidad de canales reforzó el carácter de la postal como medio de masas, capaz de combinar funciones comerciales, informativas y propagandísticas (Henkin, 1998).

16.2.2 Temáticas reformistas y silencios del conflicto

En el terreno temático, la producción republicana se caracterizó por un marcado sesgo hacia las reformas y la imagen de un país en transformación.

Destacan, en primer lugar, las postales vinculadas a la reforma agraria. Fotografías de fincas expropiadas, actos de reparto de tierras, concentraciones campesinas y escenas de trabajo en cooperativas agrarias ilustraban un proceso cargado de conflictividad, pero presentado visualmente como promesa de justicia social y equilibrio territorial (Tormenta, 2016). Sin embargo, las imágenes de enfrentamientos violentos, ocupaciones espontáneas o represión se mostraron con mucha menor frecuencia, evidenciando la existencia de una censura implícita que priorizaba el relato ordenado y pedagógico de la reforma.

En segundo lugar, la educación laica y la autonomía regional fueron temas centrales. Postales de escuelas mixtas, aulas sin crucifijos y eventos pedagógicos ilustraban la secularización del sistema educativo, mientras que vistas de parlamentos regionales, manifestaciones autonomistas y símbolos identitarios se insertaban en colecciones que articulaban una imagen plural pero integradora de la nación (Viñao, 1990; Tormenta, 2016).

Las celebraciones civiles –especialmente el aniversario del 14 de abril y las elecciones– proporcionaron otro gran campo temático. Las campañas electorales de 1931, 1933 y 1936 generaron un flujo notable de material visual en el que la postal participó como soporte complementario del cartel, el folleto y la prensa. Retratos de candidatos, lemas breves e iconografía de partido circularon en formato postal, a menudo acompañados de mensajes manuscritos que reforzaban la llamada al voto o el compromiso militante (López Torán, 2021).

En contraste, las luchas obreras, la represión policial y los episodios de violencia política que marcaron la década aparecieron escasamente representados. Esta asimetría visual indica que buena parte de los productores apostaron por una construcción de la realidad orientada al consenso reformista y a la legitimación del régimen, evitando imágenes que pudieran resultar demasiado desestabilizadoras para el relato oficial (Tarrés y Pla, 2021).

16.2.3 Exposiciones de 1929 y continuidad visual

Las exposiciones de 1929 en Barcelona (Exposición Internacional) y Sevilla (Exposición Iberoamericana) constituyeron un precedente fundamental de la estética de la modernidad republicana. Ambas generaron un volumen masivo de tarjetas postales, muchas de las cuales siguieron circulando durante la República.

En Barcelona, la construcción del Pueblo Español, el Palacio Nacional en Montjuïc y la remodelación de amplias zonas urbanas ofrecieron un repertorio de imágenes que combinaba arquitectura monumental, nacionalismo cultural y reivindicación de una Barcelona moderna y cosmopolita (Riego, 2011). Las postales de estos espacios, reproducidas por editoriales como Editorial Fotográfica o impresores como Concesiones Gráficas E.J.B., continuaron vendiéndose en los años treinta, integrándose en un imaginario que la República reutilizó en clave de modernización y turismo.

En Sevilla, la espectacular Plaza de España y los pabellones regionales de la Exposición Iberoamericana sintetizaron una visión exuberante de la España regional y de los vínculos con América. Las postales que representaban estos espacios, con su combinación de tradición y modernidad, encajaban bien en el discurso republicano de una nación plural y abierta al exterior, y siguieron circulando entre visitantes, coleccionistas y turistas durante los primeros años del nuevo régimen (Filateliahobby, 2025).

La persistencia de estas series demuestra que la cultura visual republicana no partió de cero, sino que recicló y resignificó repertorios previos asociados a la modernidad urbana y a los grandes eventos internacionales, insertándolos en un marco político renovado (Riego, 2011).

16.3 Postal ilustrada y modernización cultural

16.3.1 Instrumento pedagógico y escuela republicana

Una de las aportaciones más singulares de la Segunda República fue la concepción de la cultura y la educación como pilares de la ciudadanía. En ese proyecto, la tarjeta postal ilustrada se integró como instrumento pedagógico en múltiples contextos.

En las escuelas, tanto urbanas como rurales, las postales de ciudades, paisajes, monumentos y mapas se utilizaban para ilustrar clases de geografía, historia y ciencias sociales. Las imágenes facilitaban la comprensión del territorio nacional, de la diversidad regional y de los hitos de la historia española, al tiempo que estimulaban la observación y el comentario colectivo (Viñao, 1990). La postal se convertía así en una especie de ventana portatil que ponía al alcance de los alumnos realidades lejanas, reforzando la dimensión visual del aprendizaje.

Asimismo, determinadas series oficiales y semioficiales, producidas por ministerios o instituciones públicas, incluían breves textos impresos al dorso con explicaciones históricas o geográficas, lo que reforzaba su carácter de material didáctico (Núñez‑Herrador, 2019). Estas tarjetas podían circular por correo, pero también utilizarse en las aulas sin necesidad de ser franqueadas, como pequeñas fichas ilustradas.

16.3.2 Misiones Pedagógicas y museo de bolsillo

Las Misiones Pedagógicas representan el máximo exponente de esta función cultural de la postal. Creado por el gobierno republicano para combatir el analfabetismo y el aislamiento cultural del mundo rural, este programa movilizó a maestros, escritores, artistas y estudiantes que llevaron bibliotecas ambulantes, proyecciones cinematográficas, teatro y exposiciones de arte a las comarcas más empobrecidas (Tiana, 2009; Vega, 2004).

Entre los materiales utilizados figuraban reproducciones de obras del Museo del Prado, vistas de monumentos y ciudades españolas, así como colecciones de postales artísticas que se mostraban en paneles o se prestaban a los vecinos para su contemplación. La postal funcionaba en este contexto como un auténtico “museo de bolsillo”: un soporte barato, transportable y resistente que permitía democratizar el acceso al arte y a la cultura visual, otorgando a las comunidades rurales una experiencia directa con imágenes de alta calidad (Moreno, 2010).

La elección de la postal no era casual. Su tamaño manejable, su estructura rígida y su condición de objeto familiar facilitaban la interacción con un público poco habituado a los museos o a las publicaciones ilustradas. Al mismo tiempo, su dimensión de objeto personal –susceptible de ser conservado, intercambiado o mostrado en el hogar– reforzaba el vínculo entre memoria individual y proyecto colectivo de modernización (Tarrés y Pla, 2021).

16.3.3 Modernidad cultural, diseño y comparativa con la monarquía

En el plano de la modernidad cultural, la postal republicana se alineó con las corrientes gráficas internacionales. La influencia del art déco, del cartelismo político y de la publicidad comercial se tradujo en composiciones más sintéticas, uso de diagonales, colores planos y tipografías sans serif, que otorgaban a las tarjetas un aspecto más contemporáneo y cercano al lenguaje del afiche urbano (Renau, Bardasano, Puyol).

Esta evolución resulta evidente si se comparan las series monárquicas de los años veinte con las producidas bajo la República. Las primeras se centraban en iconografía tradicional: procesiones religiosas, imágenes de santos, vistas de catedrales y castillos medievales, escenas de corte aristocrático y motivos costumbristas que reforzaban una visión jerárquica y conservadora del país (Riego, 2011). En cambio, las postales republicanas dieron prioridad a la educación, la ciencia, la ciudad moderna, las obras públicas y las celebraciones cívicas, con presencia destacada de figuras laicas y de símbolos seculares.

No se trató de una sustitución total, ya que muchas series tradicionales siguieron imprimiéndose y vendiéndose, especialmente en el ámbito turístico y devocional. Sin embargo, el nuevo repertorio republicano añadió capas de significado que modificaron la percepción global del medio, al presentar la postal como soporte de una España laica, escolarizada y democrática (López Bernal, 2013; Tormenta, 2016). En este sentido, la tarjeta postal se reveló como un observatorio privilegiado de la modernización cultural, al condensar en un pequeño rectángulo de cartón las tensiones entre tradición y cambio, entre continuidad iconográfica y ruptura política.

Referencias bibliográficas.

  • Filateliahobby. (2025). Historia postal de la Segunda República.
  • Henkin, D. (1998). City reading: Written words and public spaces in antebellum New York. Baltimore: Johns Hopkins University Press.
  • López Bernal, J. (2013). Imágenes de la nación: postal, prensa y cultura visual en la España contemporánea. Madrid: Akal.
  • López Torán, J. M. (2021). La imagen de la guerra: postales y propaganda en el conflicto español. Madrid: Cátedra.
  • Moreno, P. (2010). Las Misiones Pedagógicas: educación popular y cultura visual en la Segunda República. Historia de la Educación, 29, 115‑142.
  • Núñez‑Herrador, S. (2019). La tarjeta postal como documento histórico y social. Barcelona: Bellaterra.
  • Prochaska, D., & Mendelson, J. (Eds.). (2010). Postcards: Ephemeral histories of modernity. University Park: Pennsylvania State University Press.
  • Riego Amézaga, B. (2011). España en la tarjeta postal: Un siglo de imágenes. Barcelona: Lunwerg.
  • Tarrés, S., & Pla, X. (2021). La postal como documento visual de la Guerra Civil española. Revista de Historia Contemporánea, 12(2), 112‑135.
  • Tiana, A. (2009). Las Misiones Pedagógicas: Educación popular en la Segunda República. Madrid: Biblioteca Nueva.
  • Tormenta, E. (2016). Escribir la nación: reformismo, regeneracionismo y modernidad en España (1900‑1936). Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
  • Vega Fuente, A. (2004). Las Misiones Pedagógicas: más que una utopía. RES. Revista de Educación Social, 24.
  • Viñao Frago, A. (1990). Alfabetización y modernización en la España contemporánea. Madrid: Siglo XXI.


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