La Segunda República transformó de manera profunda la cultura visual española y la tarjeta postal ilustrada, que pasó de ser un simple souvenir a convertirse en un soporte clave de modernización, pedagogía y propaganda simbólica entre 1931 y 1936 (Riego, 2011; Núñez‑Herrador, 2019). En esos años, la postal se alineó con los nuevos símbolos republicanos, las políticas de educación popular y el programa de reforma cultural impulsado por el Estado, las editoriales y las Misiones Pedagógicas (Tiana, 2009; Moreno, 2010).
La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 no solo cambió el régimen político, también alteró de raíz el paisaje visual de España. La calle, la escuela, los medios impresos y los pequeños objetos cotidianos, como la tarjeta postal ilustrada, se poblaron de nuevos símbolos, nuevos héroes y nuevas escenas de modernidad. En ese contexto, la postal dejó de ser únicamente recuerdo turístico para convertirse en un instrumento de pedagogía cívica, propaganda republicana y difusión de una imagen renovada del país (López Torán, 2021; Núñez‑Herrador, 2019).
16.1 Cultura visual republicana
La República impulsó una auténtica revolución
de los símbolos. La bandera tricolor rojo‑amarillo‑morado sustituyó
progresivamente en balcones, edificios públicos y publicaciones a la enseña
monárquica, mientras el escudo se coronaba con una corona mural
en lugar de la corona real, subrayando la soberanía popular y el rechazo del
viejo orden (Filateliahobby, 2025). Las postales republicanas
contribuyeron a naturalizar esta iconografía: millones de tarjetas con la
bandera tricolor, escudos renovados y lemas como “República”, “Libertad” o
“Democracia” circularon por todo el país, fijando en la retina la ecuación rojo‑amarillo‑morado
= España republicana (Wikipedia, Segunda República Española).
El cambio no fue solo cromático, también temático. Las series ilustradas comenzaron a destacar la infraestructura moderna: nuevas escuelas, carreteras, puentes y líneas de ferrocarril aparecían como emblemas de progreso y justicia social, en sintonía con la prioridad otorgada a la educación pública y a la modernización del Estado (Viñao, 1990; Tiana, 2009). El patrimonio nacional se presentaba como un bien común: catedrales, palacios y monumentos se reproducían en clave laica y ciudadana, no como símbolos aristocráticos sino como parte de una cultura compartida. A ello se sumaban las celebraciones democráticas del 14 de abril, las manifestaciones reformistas y los desfiles cívicos, así como las figuras republicanas –presidentes, ministros, intelectuales– que aparecían en retratos y composiciones alegóricas como protagonistas del nuevo orden (López Torán, 2021).
16.2 Transformaciones editoriales,
temáticas y técnicas
El nuevo clima político favoreció el
surgimiento de editores especializados en temática republicana y la
adaptación de las casas tradicionales al nuevo mercado. Algunas empresas
produjeron series destinadas a la circulación oficial –para escuelas,
dependencias administrativas o campañas electorales–, mientras otros editores
privados ensayaron colecciones que combinaban turismo, modernidad
urbana y referencias explícitas a la República (Núñez‑Herrador, 2019).
Las temáticas reformistas
dominaron buena parte de la producción: reforma agraria, educación
laica, estatutos de autonomía y nuevas obras públicas se plasmaron
en vistas fotográficas y composiciones gráficas que mostraban escuelas recién
inauguradas, pueblos con carreteras asfaltadas o ciudades en obras. La postal
se alineaba así con la idea de una “España que se pone al día”, mientras las
escenas de conflicto social –huelgas, represión, enfrentamientos–
aparecían mucho menos, sometidas a una especie de censura implícita que
privilegiaba el relato optimista de la modernización republicana
(Tormenta, 2016).
En este panorama seguían teniendo peso las postales de las grandes exposiciones de 1929 en Barcelona y Sevilla, que actuaron como preludio del clima de modernidad republicana. Las vistas del Pueblo Español, el Palacio Nacional de Montjuïc, la Plaza de España sevillana y los pabellones regionales continuaron circulando masivamente durante los primeros años treinta, alimentando un imaginario de turismo, cosmopolitismo y optimismo previo a la Guerra Civil (Riego, 2011).
16.3 Postal ilustrada y modernización
cultural
La tarjeta postal se convirtió también en
una herramienta de modernización cultural. En escuelas urbanas y
rurales, las postales de ciudades, monumentos y mapas se utilizaban como apoyos
visuales en las clases de geografía e historia, reforzando un
aprendizaje basado en la imagen y la conexión entre territorio, memoria y
ciudadanía (Viñao, 1990).
Las Misiones Pedagógicas llevaron
esta lógica un paso más allá. Sus equipos itinerantes organizaron exposiciones
de reproducciones del Museo del Prado, colecciones de vistas de ciudades y
paisajes españoles, y material visual que incluía postales educativas
para acercar el arte y la cultura a las aldeas más aisladas (Tiana, 2009;
Moreno, 2010). En ese contexto, la postal funcionaba como “museo de
bolsillo”: un pequeño soporte que permitía a las comunidades rurales
contemplar obras maestras, monumentos nacionales y escenas urbanas que de otro
modo resultaban inaccesibles.
Los nuevos diseños gráficos, influenciados por el art déco y las vanguardias, reforzaron esta imagen de modernidad. Frente a las postales monárquicas previas a 1931, centradas en iconografía tradicional –religión, aristocracia, monumentos medievales–, las series republicanas apostaron por composiciones dinámicas, tipografías modernas y mensajes explícitos sobre educación, cultura pública y democracia (Riego, 2011; López Bernal, 2013). La comparación entre ambos periodos muestra hasta qué punto la postal fue un espejo sensible de la transformación visual de la España republicana.
16. LA SEGUNDA REPÚBLICA (1931‑1936)
La Segunda República española
(1931‑1936) constituye un momento clave para analizar cómo un medio
aparentemente modesto como la tarjeta postal ilustrada se integra en un
vasto programa de reforma cultural, modernización simbólica y pedagogía
ciudadana. En estos años, la postal conserva su condición de soporte de
comunicación accesible y difundido, pero redefine sus lenguajes y funciones en
diálogo con los nuevos dispositivos de la cultura visual de masas
–cartel, prensa ilustrada, cine– y con las estrategias de legitimación del
régimen republicano (Riego, 2011; López Bernal, 2013).
En el plano político, la República se
presenta como ruptura con la monarquía y con el viejo orden social, lo que
exige la construcción de una nueva iconografía de Estado. El cambio de bandera,
de escudo y de retórica visual no es un detalle menor, sino la
traducción gráfica de un proyecto de soberanía popular, laicismo
y reforma social. La tarjeta postal, por su bajo coste, su facilidad de
reproducción y su circulación capilar, se convierte en un canal privilegiado
para difundir esos símbolos, fijarlos en la memoria cotidiana y articular un
relato visual de la República que penetra en hogares, escuelas y redes
epistolares (Núñez‑Herrador, 2019).
Al mismo tiempo, la consolidación de nuevas empresas editoriales y la adaptación de los productores tradicionales permiten que la postal funcione como laboratorio donde se ensayan narrativas de modernidad, de patrimonio compartido y de democracia visual, en estrecha relación con otras iniciativas como las Misiones Pedagógicas y las grandes exposiciones nacionales (Tiana, 2009; Riego, 2011).
16.1 Cultura visual republicana
16.1.1 Nuevos símbolos y lenguajes
gráficos
La República acometió desde el inicio una
reorientación simbólica deliberada. La adopción de la bandera
tricolor rojo‑amarillo‑morado frente a la bicolor monárquica y la
sustitución de la corona real por una corona mural en el escudo
fueron decisiones cargadas de significado: se trataba de subrayar el carácter cívico
del nuevo régimen, la centralidad de la ciudadanía y el rechazo de la
legitimidad dinástica (Filateliahobby, 2025).
Las tarjetas postales desempeñaron
un papel crucial en esa operación. Desde los primeros meses circularon miles de
ejemplares con la bandera tricolor ondeando sobre edificios públicos, con
escudos republicanos impresos en el anverso, o con composiciones alegóricas en
las que figuras femeninas –representaciones de la República– sostenían
símbolos de justicia, libertad y igualdad. Esta repetición
constante contribuyó a consolidar una gramática visual republicana fácilmente
reconocible, en la que el código cromático rojo‑amarillo‑morado se asociaba
espontáneamente con la idea de España moderna y democrática (Wikipedia, Segunda
República Española).
La reformulación simbólica no se limitó al repertorio institucional. Diseñadores influenciados por la vanguardia gráfica, el art déco y el cartelismo internacional introdujeron tipografías modernas, diagonales dinámicas y esquemas compositivos más sintéticos en las postales, acercándolas a los lenguajes de la publicidad y del cartel político (Renau, Bardasano, Puyol, etc.). Aunque la escala y la función de la postal diferían de las del cartel, ambos compartían un mismo horizonte de arte de masas: llegar a públicos amplios mediante imágenes de impacto rápido y mensajes claros (Prochaska y Mendelson, 2010).
16.1.2 Reorientación temática:
modernidad, patrimonio, democracia
En paralelo al cambio simbólico, se
produjo una reorientación temática significativa. Mientras las postales
monárquicas previas a 1931 privilegiaban vistas de monumentos religiosos,
escenas de corte aristocrático y motivos costumbristas de fuerte contenido
tradicional, muchas series republicanas desplazaron el foco hacia la infraestructura
moderna y los proyectos reformistas (Riego, 2011).
Las nuevas escuelas construidas en
el marco de la política de educación laica se convirtieron en un motivo
recurrente. Imágenes de edificios escolares recién inaugurados, patios llenos
de niños y aulas luminosas funcionaban como prueba tangible del compromiso del
Estado con la alfabetización y la igualdad de oportunidades
(Viñao, 1990). Del mismo modo, las postales que mostraban carreteras, puentes
y ferrocarriles subrayaban el avance de la modernización
infraestructural y la voluntad de integrar un territorio históricamente
marcado por desigualdades regionales (Tormenta, 2016).
El patrimonio nacional fue objeto
de una reinterpretación profunda. Catedrales, monasterios, palacios y plazas
monumentales aparecían ahora en series que insistían en su condición de bienes
comunes, accesibles a todos los ciudadanos. La sacralidad religiosa o
aristocrática se atenuaba en favor de una lectura histórico‑artística y turística
que situaba estos espacios en una narrativa de identidad nacional compartida
(Riego, 2011; Tarrés y Pla, 2021).
Por último, la cultura visual republicana otorgó gran importancia a las celebraciones democráticas y a las figuras republicanas. Desfiles del 14 de abril, mítines multitudinarios, manifestaciones por la reforma agraria o por el estatuto de autonomía, así como retratos de presidentes, diputados, militantes e intelectuales vinculados al régimen, poblaron los catálogos postales. Esta producción contribuía a generar un panteón laico de héroes civiles y a fijar en imágenes la experiencia de la participación política de masas (López Bernal, 2013).
16.2 Transformaciones editoriales,
temáticas y técnicas
16.2.1 Nuevos editores y circuitos de
distribución
La llegada de la República coincidió con
una reconfiguración del campo editorial de la postal. Junto a los
grandes sellos consolidados en décadas anteriores surgieron editores nuevos
con orientación política explícita, que entendieron la tarjeta como herramienta
de movilización y educación cívica (Núñez‑Herrador, 2019).
Algunas empresas firmaron acuerdos con instituciones
oficiales –ministerios, ayuntamientos, diputaciones– para producir series
destinadas a escuelas, bibliotecas, actos conmemorativos o campañas
informativas sobre reformas legislativas. Estas postales podían distribuirse
gratuitamente o venderse a bajo coste, de modo que su alcance social resultara
lo más amplio posible (Viñao, 1990). En paralelo, editores privados adaptaron
sus catálogos a las nuevas sensibilidades, introduciendo iconografía
republicana en colecciones de turismo, fiestas locales o vida
urbana.
La circulación de estas postales se integró en redes diversas: correo ordinario, venta en kioscos, librerías, tiendas de recuerdos, y, en algunos casos, distribución directa en actos políticos y centros educativos. Esta multiplicidad de canales reforzó el carácter de la postal como medio de masas, capaz de combinar funciones comerciales, informativas y propagandísticas (Henkin, 1998).
16.2.2 Temáticas reformistas y silencios
del conflicto
En el terreno temático, la producción
republicana se caracterizó por un marcado sesgo hacia las reformas y la
imagen de un país en transformación.
Destacan, en primer lugar, las postales
vinculadas a la reforma agraria. Fotografías de fincas expropiadas,
actos de reparto de tierras, concentraciones campesinas y escenas de trabajo en
cooperativas agrarias ilustraban un proceso cargado de conflictividad, pero
presentado visualmente como promesa de justicia social y equilibrio
territorial (Tormenta, 2016). Sin embargo, las imágenes de enfrentamientos
violentos, ocupaciones espontáneas o represión se mostraron con mucha menor
frecuencia, evidenciando la existencia de una censura implícita que
priorizaba el relato ordenado y pedagógico de la reforma.
En segundo lugar, la educación laica
y la autonomía regional fueron temas centrales. Postales de escuelas
mixtas, aulas sin crucifijos y eventos pedagógicos ilustraban la secularización
del sistema educativo, mientras que vistas de parlamentos regionales,
manifestaciones autonomistas y símbolos identitarios se insertaban en
colecciones que articulaban una imagen plural pero integradora de la nación
(Viñao, 1990; Tormenta, 2016).
Las celebraciones civiles
–especialmente el aniversario del 14 de abril y las elecciones– proporcionaron
otro gran campo temático. Las campañas electorales de 1931, 1933 y 1936
generaron un flujo notable de material visual en el que la postal participó
como soporte complementario del cartel, el folleto y la prensa.
Retratos de candidatos, lemas breves e iconografía de partido circularon en
formato postal, a menudo acompañados de mensajes manuscritos que reforzaban la
llamada al voto o el compromiso militante (López Torán, 2021).
En contraste, las luchas obreras, la represión policial y los episodios de violencia política que marcaron la década aparecieron escasamente representados. Esta asimetría visual indica que buena parte de los productores apostaron por una construcción de la realidad orientada al consenso reformista y a la legitimación del régimen, evitando imágenes que pudieran resultar demasiado desestabilizadoras para el relato oficial (Tarrés y Pla, 2021).
16.2.3 Exposiciones de 1929 y continuidad
visual
Las exposiciones de 1929 en Barcelona
(Exposición Internacional) y Sevilla (Exposición Iberoamericana)
constituyeron un precedente fundamental de la estética de la modernidad
republicana. Ambas generaron un volumen masivo de tarjetas postales,
muchas de las cuales siguieron circulando durante la República.
En Barcelona, la construcción del Pueblo
Español, el Palacio Nacional en Montjuïc y la remodelación de amplias
zonas urbanas ofrecieron un repertorio de imágenes que combinaba arquitectura
monumental, nacionalismo cultural y reivindicación de una Barcelona
moderna y cosmopolita (Riego, 2011). Las postales de estos espacios,
reproducidas por editoriales como Editorial Fotográfica o impresores como
Concesiones Gráficas E.J.B., continuaron vendiéndose en los años treinta,
integrándose en un imaginario que la República reutilizó en clave de modernización
y turismo.
En Sevilla, la espectacular Plaza de
España y los pabellones regionales de la Exposición Iberoamericana
sintetizaron una visión exuberante de la España regional y de los
vínculos con América. Las postales que representaban estos espacios, con su
combinación de tradición y modernidad, encajaban bien en el discurso
republicano de una nación plural y abierta al exterior, y siguieron circulando
entre visitantes, coleccionistas y turistas durante los primeros años del nuevo
régimen (Filateliahobby, 2025).
La persistencia de estas series demuestra que la cultura visual republicana no partió de cero, sino que recicló y resignificó repertorios previos asociados a la modernidad urbana y a los grandes eventos internacionales, insertándolos en un marco político renovado (Riego, 2011).
16.3 Postal ilustrada y modernización
cultural
16.3.1 Instrumento pedagógico y escuela
republicana
Una de las aportaciones más singulares de
la Segunda República fue la concepción de la cultura y la educación
como pilares de la ciudadanía. En ese proyecto, la tarjeta postal ilustrada
se integró como instrumento pedagógico en múltiples contextos.
En las escuelas, tanto urbanas
como rurales, las postales de ciudades, paisajes, monumentos y mapas se
utilizaban para ilustrar clases de geografía, historia y ciencias
sociales. Las imágenes facilitaban la comprensión del territorio nacional,
de la diversidad regional y de los hitos de la historia española, al tiempo que
estimulaban la observación y el comentario colectivo (Viñao, 1990). La postal
se convertía así en una especie de ventana portatil que ponía al alcance
de los alumnos realidades lejanas, reforzando la dimensión visual del
aprendizaje.
Asimismo, determinadas series oficiales y semioficiales, producidas por ministerios o instituciones públicas, incluían breves textos impresos al dorso con explicaciones históricas o geográficas, lo que reforzaba su carácter de material didáctico (Núñez‑Herrador, 2019). Estas tarjetas podían circular por correo, pero también utilizarse en las aulas sin necesidad de ser franqueadas, como pequeñas fichas ilustradas.
16.3.2 Misiones Pedagógicas y museo de
bolsillo
Las Misiones Pedagógicas
representan el máximo exponente de esta función cultural de la postal. Creado
por el gobierno republicano para combatir el analfabetismo y el aislamiento
cultural del mundo rural, este programa movilizó a maestros, escritores,
artistas y estudiantes que llevaron bibliotecas ambulantes, proyecciones
cinematográficas, teatro y exposiciones de arte a las comarcas más
empobrecidas (Tiana, 2009; Vega, 2004).
Entre los materiales utilizados figuraban
reproducciones de obras del Museo del Prado, vistas de monumentos
y ciudades españolas, así como colecciones de postales artísticas
que se mostraban en paneles o se prestaban a los vecinos para su contemplación.
La postal funcionaba en este contexto como un auténtico “museo de bolsillo”:
un soporte barato, transportable y resistente que permitía democratizar el
acceso al arte y a la cultura visual, otorgando a las comunidades rurales una
experiencia directa con imágenes de alta calidad (Moreno, 2010).
La elección de la postal no era casual. Su tamaño manejable, su estructura rígida y su condición de objeto familiar facilitaban la interacción con un público poco habituado a los museos o a las publicaciones ilustradas. Al mismo tiempo, su dimensión de objeto personal –susceptible de ser conservado, intercambiado o mostrado en el hogar– reforzaba el vínculo entre memoria individual y proyecto colectivo de modernización (Tarrés y Pla, 2021).
16.3.3 Modernidad cultural, diseño y
comparativa con la monarquía
En el plano de la modernidad cultural,
la postal republicana se alineó con las corrientes gráficas internacionales. La
influencia del art déco, del cartelismo político y de la
publicidad comercial se tradujo en composiciones más sintéticas, uso de
diagonales, colores planos y tipografías sans serif, que otorgaban a las
tarjetas un aspecto más contemporáneo y cercano al lenguaje del afiche
urbano (Renau, Bardasano, Puyol).
Esta evolución resulta evidente si se
comparan las series monárquicas de los años veinte con las producidas bajo la
República. Las primeras se centraban en iconografía tradicional:
procesiones religiosas, imágenes de santos, vistas de catedrales y castillos
medievales, escenas de corte aristocrático y motivos costumbristas que
reforzaban una visión jerárquica y conservadora del país (Riego, 2011). En
cambio, las postales republicanas dieron prioridad a la educación, la ciencia,
la ciudad moderna, las obras públicas y las celebraciones
cívicas, con presencia destacada de figuras laicas y de símbolos seculares.
No se trató de una sustitución total, ya que muchas series tradicionales siguieron imprimiéndose y vendiéndose, especialmente en el ámbito turístico y devocional. Sin embargo, el nuevo repertorio republicano añadió capas de significado que modificaron la percepción global del medio, al presentar la postal como soporte de una España laica, escolarizada y democrática (López Bernal, 2013; Tormenta, 2016). En este sentido, la tarjeta postal se reveló como un observatorio privilegiado de la modernización cultural, al condensar en un pequeño rectángulo de cartón las tensiones entre tradición y cambio, entre continuidad iconográfica y ruptura política.
Referencias bibliográficas.
- Filateliahobby. (2025). Historia postal de la Segunda República.
- Henkin, D. (1998). City reading: Written words and public spaces in antebellum New York. Baltimore: Johns Hopkins University Press.
- López Bernal, J. (2013). Imágenes de la nación: postal, prensa y cultura visual en la España contemporánea. Madrid: Akal.
- López Torán, J. M. (2021). La imagen de la guerra: postales y propaganda en el conflicto español. Madrid: Cátedra.
- Moreno, P. (2010). Las Misiones Pedagógicas: educación popular y cultura visual en la Segunda República. Historia de la Educación, 29, 115‑142.
- Núñez‑Herrador, S. (2019). La tarjeta postal como documento histórico y social. Barcelona: Bellaterra.
- Prochaska, D., & Mendelson, J. (Eds.). (2010). Postcards: Ephemeral histories of modernity. University Park: Pennsylvania State University Press.
- Riego Amézaga, B. (2011). España en la tarjeta postal: Un siglo de imágenes. Barcelona: Lunwerg.
- Tarrés, S., & Pla, X. (2021). La postal como documento visual de la Guerra Civil española. Revista de Historia Contemporánea, 12(2), 112‑135.
- Tiana, A. (2009). Las Misiones Pedagógicas: Educación popular en la Segunda República. Madrid: Biblioteca Nueva.
- Tormenta, E. (2016). Escribir la nación: reformismo, regeneracionismo y modernidad en España (1900‑1936). Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
- Vega Fuente, A. (2004). Las Misiones Pedagógicas: más que una utopía. RES. Revista de Educación Social, 24.
- Viñao Frago, A. (1990). Alfabetización y modernización en la España contemporánea. Madrid: Siglo XXI.
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