4.1 Europa en Transformación: Modernidad, Comunicaciones y Cultura de Masas
4.1.1 La Segunda Revolución
Industrial y la sociedad de masas
El periodo 1865-1939 representa una fase de aceleración histórica sin
precedentes. La Segunda Revolución Industrial (1870-1914)
reconfiguró las condiciones materiales de vida mediante la electricidad, el
motor de combustión y la química industrial. Este salto tecnológico impulsó una
urbanización masiva, donde capitales como Londres o París duplicaron sus
poblaciones, y consolidó una nueva estructura social definida por el
proletariado urbano y las clases medias. En este caldo de cultivo emergió una cultura
de masas sustentada por la alfabetización y la proliferación de medios como
la prensa rotativa, el cine y la fotografía [Mandell, 1967].
4.1.2 La revolución de las
comunicaciones y el turismo
Una densa infraestructura de comunicaciones transformó la percepción
global del espacio. Los ferrocarriles, cuya red europea se multiplicó
por diez entre 1850 y 1914, junto con la navegación a vapor, generaron
la aniquilación del espacio por el tiempo: distancias que antes exigían
semanas se cubrían ahora en horas [Henkin, 1998]. Simultáneamente, el telégrafo
eléctrico disoció por primera vez la comunicación del transporte físico
[Badger, 1979]. Este tejido conectivo permitió el nacimiento del turismo
moderno. Las Exposiciones Universales (París 1889, Chicago 1893)
actuaron como espectáculos totales y catalizadores de la modernidad, donde
millones de visitantes consumían pabellones nacionales y exotismo colonial
[Greenhalgh, 1988].
4.1.3 De la Belle Époque a la
fractura bélica
La Torre Eiffel en París 1889 o la "White City" de Chicago
simbolizaron la euforia técnica. Charles W. Goldsmith y otros editores
aprovecharon estos eventos para masificar la postal como souvenir
democrático, permitiendo extender la experiencia turística en el tiempo y
el espacio [Mandell, 1967]. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial
(1914-1918) quebró el optimismo de la Belle Époque. El conflicto no solo
causó devastación humana, sino que reorientó la postal hacia la propaganda y la
censura. El período de entreguerras trajo un declive relativo del
coleccionismo tradicional frente al auge de la radio y el cine sonoro, mientras
surgían nuevas estéticas vanguardistas.
4.2 Contexto Sociopolítico Español (1850-1939)
4.2.1 Una modernización desigual y
contradictoria
España experimentó una modernización contradictoria. Bajo la Restauración
borbónica, el sistema político se estabilizó sobre el fraude del caciquismo,
mientras el desarrollo económico se fracturaba geográficamente: una Cataluña
textil y un País Vasco siderúrgico contrastaban con un Madrid
administrativo y una España interior agraria. Estas asimetrías agudizaron las tensiones
centro-periferia, con regiones industriales demandando autonomía frente a
las élites centrales [Larrinaga, 2021].
4.2.2 El trauma del 98 y la
industria turística
El Desastre del 98 sumió al país en una crisis de identidad. La Generación
del 98 debatió entre europeización y casticismo, una tensión que las
postales reflejaron visualmente: convivían imágenes de infraestructura
eléctrica con la reproducción masiva de tipos populares y monumentos
medievales. Paralelamente, el turismo se institucionalizó como motor
económico. Organismos como la Comisión Nacional para Fomento del Turismo
(1905), la Sociedad de Atracción de Forasteros de Barcelona y,
posteriormente, el Patronato Nacional de Turismo (1928), impulsaron la
red de Paradores y campañas internacionales donde la postal fue vector
clave de promoción [Vallejo-Pousada & Larrinaga, 2018].
4.2.3 De las Exposiciones a la
Guerra Civil
Las Exposiciones de Barcelona 1888, Barcelona 1929 y Sevilla
1929 consolidaron los imaginarios urbanos y regionalistas. Con la llegada
de la Segunda República (1931-1936), la postal adoptó un tono cívico y
educativo, visible en las Misiones Pedagógicas. Sin embargo, el
estallido de la Guerra Civil (1936-1939) militarizó definitivamente la
imagen. El bando republicano y el nacionalista utilizaron la
postal como arma de propaganda masiva, saturando el espacio visual de consignas
ideológicas hasta la victoria franquista y la consecuente represión de la
memoria visual democrática.
4.3 Interrelación entre Cambio Social, Técnica y Cultura Visual
4.3.1 La dialéctica técnica-sociedad
La relación entre transformación social e innovación técnica fue dialéctica:
las nuevas tecnologías habilitaron prácticas sociales que, a su vez, exigieron
mejoras técnicas. La postal cristalizó esta convergencia al unir fotografía,
fotomecánica y correo estandarizado para satisfacer una demanda social
específica: la necesidad de comunicación rápida y visual a bajo coste
[Hacking, 2007].
4.3.2 Funciones sociales y
construcción de identidad
El éxito de la postal residió en su polivalencia. Cumplió una función
comunicativa (mensajes breves y baratos), una función souvenir
(democratización del acceso a imágenes) y una función coleccionista que
fomentó redes de intercambio. Más profundamente, operó como herramienta de
identidad nacional. Al repetir motivos específicos (la Alhambra, la Giralda),
los editores establecieron lieux de mémoire y una geografía imaginada
selectiva, naturalizando una visión de España costumbrista y pintoresca que
ocultaba la realidad industrial.
4.3.3 Cultura visual y
apropiación
La modernidad trajo una proliferación de imágenes y una saturación
visual inédita que transformó los modos de percepción. Como señaló
Benjamin, la reproductibilidad técnica destruyó el "aura" de
la obra única, pero democratizó su acceso [Benjamin, 1936]. No obstante, bajo
la lógica de la "industria cultural", esta producción masiva
corría el riesgo de generar una "pseudoindividuación" y
conformismo [Adorno & Horkheimer, 1944]. A pesar de ello, los consumidores
no fueron pasivos: se apropiaban de estas postales escribiendo afectos
en sus dorsos y organizando álbumes personales, convirtiendo una mercancía
industrial estandarizada en un objeto personal cargado afectivamente.
4. MARCO HISTÓRICO Y CONTEXTUAL (1865-1939)
4.1 Europa en Transformación: Modernidad, Comunicaciones y
Cultura de Masas
El período 1865-1939 constituye fase de aceleración histórica sin precedentes en historia europea. La Segunda Revolución Industrial (circa 1870-1914) transformó radicalmente condiciones materiales de existencia mediante convergencia de innovaciones tecnológicas (electricidad, motor de combustión interna, química industrial, aleaciones metálicas), organizativas (taylorismo, fordismo, integración vertical), y financieras (corporaciones de capital accionario, mercados de valores, bancos de inversión). Estas transformaciones materiales generaron consecuencias sociales profundas: urbanización masiva (Londres alcanzó 6,5 millones habitantes en 1900, París 2,7 millones, Berlín 1,9 millones); proletarización de campesinado mediante migración rural-urbana; emergencia de clases medias profesionales; alfabetización creciente (tasas superiores a 80% en Europa Occidental hacia 1900); y consolidación de cultura de masas mediante nuevos medios de comunicación masiva (prensa industrial, fotografía, cine, fonógrafo) (Mandell, 1967).
La infraestructura de comunicaciones experimentó expansión exponencial que conectó territorios previamente aislados mediante redes materiales densas. Los ferrocarriles constituyeron tecnología fundacional: kilómetros de vía en Europa pasaron de 27.000 en 1850 a 174.000 en 1880 y 350.000 en 1914, reduciendo tiempos de viaje dramáticamente (París-Madrid: 48 horas en 1878, 18 horas con Sud-Express desde 1887). Ferrocarriles no meramente facilitaron desplazamiento de personas sino transformaron experiencia de espacio y tiempo, generando lo que historiadores han denominado "aniquilación del espacio por el tiempo": distancias que anteriormente requerían semanas podían cubrirse en horas, produciendo sensación de compresión espacio-temporal característica de modernidad (Henkin, 1998).
Navegación a vapor complementó ferrocarriles, integrando economías atlánticas mediante reducción de costos y tiempos de transporte transoceánico. Líneas regulares transatlánticas conectaban Europa con América (Havre-Nueva York: 10-12 días en 1900, vs 30-40 días con veleros anteriores). Canal de Suez (1869) y Canal de Panamá (1914) redujeron distancias marítimas, facilitando comercio global. Telégrafo eléctrico, extendido masivamente post-1850 (cables trasatlánticos desde 1858/1866), permitió comunicación casi instantánea a distancias intercontinentales, transformación cualitativa que separó comunicación de transporte físico por primera vez en historia (Badger, 1979).
Esta infraestructura material hizo posible emergencia de turismo moderno como práctica social de masas. Previamente, viajar por placer era privilegio aristocrático (Grand Tour siglos XVII-XVIII). Ferrocarriles, hoteles modernos, agencias de viajes (Thomas Cook fundada 1841), guías turísticas (Baedeker, Michelin) democratizaron parcialmente turismo, aunque permaneció limitado a clases medias y superiores. Exposiciones Universales catalizaron turismo de masas: París 1889 (Torre Eiffel, 32 millones visitantes), Chicago 1893 (White City, 27 millones), París 1900 (50 millones), Barcelona 1929 (5,8 millones españoles). Estas Exposiciones funcionaban como espectáculos totales que condensaban imaginarios de modernidad: pabellones nacionales exhibiendo logros técnicos, productos coloniales exóticos, entretenimientos populares (Greenhalgh, 1988).
Cultura de masas emergió como fenómeno estructural vinculado a industrialización, urbanización, alfabetización, tiempo libre. Prensa industrial (rotativas de alta velocidad, distribución ferroviaria, publicidad comercial) alcanzó tiradas millonarias: Le Petit Journal París (1 millón ejemplares diarios 1890s), Daily Mail Londres (500.000+ ejemplares 1900). Fotografía se masificó mediante reducción de costos (carte de visite 1854, kodak portátil 1888), democratizando producción de imágenes. Cine emergió como espectáculo masivo (Hermanos Lumière 1895, Méliès, Edison), atrayendo públicos populares urbanos. Fonógrafo comercializó música grabada (Edison 1877, disco plano Berliner 1887). Esta proliferación de medios constituyó lo que Benjamin denominó "reproductibilidad técnica": capacidad de multiplicar infinitamente objetos culturales mediante procesos industriales, transformando fundamentalmente relación entre arte, cultura, sociedad (Benjamin, 1936).
Exposiciones Universales merecen análisis específico por su rol catalizador. París 1889 conmemoró centenario Revolución Francesa, exhibiendo Torre Eiffel (300 metros, estructura metálica más alta del mundo) como símbolo supremo de modernidad técnica francesa. Exposición combinaba pabellones nacionales (competencia simbólica entre potencias), exhibiciones coloniales (representaciones racializadas de pueblos colonizados), espectáculos populares (Buffalo Bill Wild West Show, danzas "exóticas"). Chicago 1893 (Exposición Colombina) celebró 400 aniversario "descubrimiento" de América, construyendo "White City" neoclásica que contrastaba con industrialismo Chicago. Charles W. Goldsmith produjo postales oficiales cromolitográficas multicolor, distribuyéndolas mediante máquinas expendedoras pioneras. Exposición atrajo 27 millones visitantes (población USA: 63 millones), generando demanda masiva de souvenirs visuales (Badger, 1979).
París 1900 constituyó apoteosis de Belle Époque: 50 millones visitantes, Grand Palais y Petit Palais construidos, primera línea de Metro inaugurada, innovaciones técnicas (escaleras mecánicas, cinematógrafo proyectado masivamente). Exposición consolidó función de postales como souvenirs masivos democráticos: visitantes podían adquirir por céntimos representaciones visuales de monumentos que habían contemplado, enviándolas a familiares/amigos mediante correo. Postal funcionaba, así como extensión temporal y espacial de experiencia turística, permitiendo compartir visualmente lugares visitados con comunidades origen (Mandell, 1967).
Primera Guerra Mundial (1914-1918) disrumpió violentamente optimismo de Belle Époque. Conflicto industrializado movilizó 70 millones soldados, causó 20 millones muertes (militares+civiles), destruyó infraestructuras económicas, reorganizó fronteras mediante Tratado de Versalles (1919). Guerra transformó usos sociales de postales: comunicación censurara desde frentes (soldados enviaban postales a familias bajo supervisión militar), propaganda patriótica intensiva (postales con slogans nacionalistas, caricaturas de enemigos, exaltación de líderes), documentación visual de conflicto (fotografías de trincheras, bombardeos, destrucción). Post-guerra, declive relativo del coleccionismo postal reflejaba cambios estructurales: competencia de nuevos medios (radio BBC desde 1922, expansión de cine sonoro post-1927), saturación de mercado, transformaciones culturales (escepticismo post-bélico, vanguardias artísticas anti-representacionales).
Período entreguerras (1918-1939) fue fase de contradicciones agudas: modernización cultural acelerada (Art Deco, Bauhaus, funcionalismo, urbanismo racionalista) coexistió con crisis económicas (Gran Depresión 1929), ascenso de fascismos (Italia 1922, Alemania 1933, España 1936-1939), militarización creciente. Postales de período reflejaban tensiones: persistencia de imaginería turística tradicional junto a nuevas temáticas (deportes masivos, aviación, automóviles, políticos fascistas).
4.2 Contexto Sociopolítico Español (1850-1939)
España del período experimentó modernización contradictoria caracterizada por desarrollo económico desigual, inestabilidad política crónica, tensiones regionales/centralistas, y posición semi-periférica en sistema capitalista europeo. Restauración borbónica (1874-1931) estableció monarquía constitucional con sistema bipartidista turnista (Conservadores/Liberales) que funcionaba mediante fraude electoral sistemático (caciquismo). Aunque sistema garantizaba estabilidad superficial, excluía participación popular efectiva, generando deslegitimación progresiva.
Desarrollo económico español post-1850 fue desigual geográfica y sectorialmente. Cataluña experimentó industrialización textil temprana (sector algodonero Barcelona), consolidando burguesía industrial y proletariado urbano. País Vasco desarrolló industria siderúrgica y naval (altos hornos Vizcaya), minería (hierro, carbón), sector financiero (Banco de Bilbao 1857). Madrid creció como capital administrativa, centro financiero, mercado de consumo, sin base industrial significativa. Resto de país permaneció predominantemente agrario con productividad baja, latifundismo extensivo (Andalucía, Extremadura), minifundismo (Galicia, Castilla). Esta desigualdad estructural generó tensiones centro-periferia: regiones industrializadas (Cataluña, País Vasco) demandaban autonomía política y protección comercial; élites centralistas madrileñas resistían descentralización (Larrinaga, 2021).
Desastre del 98 (pérdida Cuba, Puerto Rico, Filipinas tras guerra con USA) constituyó crisis nacional profunda que catalizó debates sobre regeneración de España. Generación del 98 (Unamuno, Azorín, Baroja) problematizó identidad española, oscilando entre europeización modernizadora y exaltación de esencias castizas. Tensión entre modernidad y tradición permeó debates culturales, reflejándose en representaciones visuales: postales oscilaban entre documentación de infraestructura moderna (ferrocarriles, puertos, instalaciones eléctricas) y reproducción masiva de monumentos medievales, escenas costumbristas, tipos populares que satisfacían expectativas de mercado turístico internacional.
Turismo emergió como sector económico incipiente desde 1900. Comisión Nacional para Fomento del Turismo (1905) inició políticas estatales de promoción. Sociedad de Atracción de Forasteros Barcelona (1908) organizó infraestructura turística (hoteles, guías, publicaciones). Patronato Nacional de Turismo (1928, bajo dictadura Primo de Rivera) institucionalizó promoción mediante red de Paradores (Gredos 1928, primer ejemplo), construcción de carreteras, publicidad internacional. Postales funcionaban como vectores privilegiados de promoción turística, circulando internacionalmente imágenes de España (Alhambra, catedrales góticas, playas mediterráneas, escenas flamencas) que estructuraban imaginarios de viajeros potenciales (Vallejo-Pousada & Larrinaga, 2018).
Exposiciones catalizaron desarrollo turístico: Barcelona 1888 (Exposición Universal) atrajo 400.000 visitantes, consolidó imagen de Barcelona moderna, construyó infraestructura (Arco Triunfo, Parque Ciudadela). Barcelona 1929 (Exposición Internacional) atrajo 5,8 millones visitantes, construyó Pueblo Español, Palacio Nacional Montjuïc, urbanizó áreas extensas. Sevilla 1929 (Exposición Iberoamericana) construyó Plaza España, pabellones regionales, consolidó imaginería andalucista. Estas Exposiciones generaron demanda masiva de postales souvenir, estimulando producción editorial especializada (Larrinaga, 2021).
Segunda República (1931-1936) intentó modernización democrática mediante reformas estructurales: separación Iglesia-Estado, reforma agraria, estatutos autonomía (Cataluña 1932), expansión educación laica, derechos laborales, sufragio femenino (1933). República promovió cultura mediante Misiones Pedagógicas (teatro, bibliotecas ambulantes, exposiciones de arte en pueblos rurales). Postales de período reflejan reorientación hacia temas cívicos: símbolos republicanos (bandera tricolor, escudo sin corona), infraestructura moderna (escuelas, carreteras), celebraciones democráticas. Sin embargo, oposición de élites tradicionales (aristocracia terrateniente, Iglesia, militares) generó polarización creciente.
Guerra Civil (1936-1939) militarizó sociedad completamente. Postal se transformó en instrumento propagandístico intensivo: bando republicano produjo postales con puños cerrados, banderas rojas, retratos de líderes (La Pasionaria), slogans antifascistas ("No pasarán", "Armas para el pueblo"). Bando nacionalista produjo postales con cruces, símbolos tradicionales (Virgen del Pilar, Santiago Matamoros), retratos de Franco, slogans tradicionalistas ("Por Dios y por España", "¡Arriba España!"). Guerra terminó con victoria nacionalista (1939), instaurando dictadura que suprimió memoria republicana, incluyendo destrucción/censura de postales republicanas.
4.3 Interrelación entre Cambio Social, Técnica y Cultura Visual
La relación entre transformación social y innovación técnica no fue unidireccional sino dialéctica: técnicas nuevas hicieron posibles prácticas sociales nuevas, mientras demandas sociales estimularon innovaciones técnicas específicas. Postal ilustrada ejemplifica esta dialéctica perfectamente. Técnicamente, postal requirió convergencia de múltiples innovaciones: fotografía (Daguerre 1839, Talbot calotype 1841, colodión húmedo 1851, gelatino-bromuro seco 1871), fotomecánica (fototipia Poitevin 1855/Albert 1868, halftone screens Talbot 1852/Ives 1885, cromolitografía multicolor), correo moderno estandarizado (Tratado Berna 1874, Unión Postal Universal), impresión industrial masiva (rotativas, offset post-1900).
Cada innovación técnica respondía a demanda social específica: fotografía satisfacía demanda de representaciones visuales realistas accesibles (carte de visite produjo 400 millones copias anuales en Francia 1860s); fotomecánica permitió reproducción masiva de fotografías en papel impreso, superando limitaciones de procesos fotográficos directos (cada copia requería exposición individual); correo estandarizado redujo complejidad/costo de envíos internacionales, permitiendo comunicación transnacional cotidiana; cromolitografía satisfacía demanda estética de color decorativo que fotografía monocroma no cumplía (Hacking, 2007).
Socialmente, postal satisfacía múltiples funciones que explican su éxito extraordinario. Función comunicativa: postal permitía enviar mensajes breves con tarifa reducida (mitad de carta cerrada), ideal para saludos, notificaciones rápidas, mantenimiento de contactos. Función souvenir: postal permitía adquirir representación visual de lugares visitados a costo ínfimo (5-15 céntimos vs fotografías originales que costaban francos), democratizando acceso a imágenes. Función coleccionista: postal generó práctica de acumulación sistemática (álbumes organizados temáticamente), intercambio organizado (sociedades cartófilas, revistas especializadas, tasación de rareza), construcción de identidad mediante selección/organización de imágenes.
Función identitaria: postal participó en construcción de imaginarios nacionales mediante repetición iterada de motivos visuales específicos. Al seleccionar qué lugares/monumentos reproducir masivamente, editores estructuraban percepción colectiva de territorio nacional: Alhambra Granada, Alcázar Segovia, Catedral Burgos, Torre Giralda Sevilla se consolidaban como lieux de mémoire (Nora) que sintetizaban esencia nacional. Al excluir sistemáticamente otros motivos (industrialización, movimientos obreros, urbanización moderna intensiva), editores producían geografía imaginada selectiva que naturalizaba visión específica de España como país medieval, costumbrista, pintoresco. Turistas internacionales que compraban postales internalizaban estos estereotipos, reforzándolos mediante circulación transnacional.
Cultura visual moderna se caracterizó por proliferación de imágenes sin precedentes históricos. Mientras sociedades pre-industriales conocían escasez de imágenes (arte religioso en iglesias, pinturas en palacios aristocráticos, grabados ocasionales), sociedad industrial generó saturación visual: publicidad comercial (carteles litográficos, anuncios ilustrados en prensa), fotografía ubicua (retratos familiares, tarjetas de visita, álbumes), postales (cientos acumuladas en álbumes), revistas ilustradas (grabados, fotograbados), cine. Esta saturación transformó modos de percepción: Benjamin argumentó que reproductibilidad técnica destruyó "aura" (singularidad, autenticidad, presencia única) de obras de arte, pero simultáneamente democratizó acceso, permitiendo que millones experimentaran visualmente monumentos/paisajes que nunca visitarían personalmente (Benjamin, 1936).
Adorno y Horkheimer criticaron este proceso mediante concepto de "industria cultural": producción masiva de objetos culturales estandarizados que seguían lógica capitalista de mercantilización, generando "pseudoindividuación" (ilusión de diversidad mediante variaciones superficiales de fórmulas repetidas), sometiendo imaginación a imperativos comerciales, produciendo conformismo ideológico. Postal ilustrada evidenciaba esta lógica: aunque existían miles de motivos diferentes, repertorio se organizaba alrededor de fórmulas repetidas (monumentos emblemáticos, tipos populares estereotipados, paisajes pintorescos) que satisfacían expectativas de mercado, pero restringían representaciones alternativas (Adorno & Horkheimer, 1944).
Sin embargo, los análisis debe evitar un determinismo tecnológico o pesimismo cultural absoluto. Los consumidores no eran
receptores pasivos sino actores que se apropiaban de postales mediante usos
creativos: escribían mensajes personales cargados emocionalmente, organizaban
álbumes según criterios biográficos, intercambiaban con desconocidos
construyendo sociabilidades nuevas, coleccionaban obsesivamente construyendo
identidades. Postal funcionaba simultáneamente como mercancía industrial
estandarizada y objeto personal cargado afectivamente. Esta tensión
entre estandarización mercantil y apropiación subjetiva caracteriza la modernidad
cultural en su complejidad contradictoria.
Referencias bibliográficas
- Adorno, T. W., & Horkheimer, M. (1944). Dialektik der Aufklärung [Dialéctica de la
ilustración]. Social Studies Association.
- Badger, R. (1979). The great American fair: The World's Columbian
Exposition and American culture. Nelson Hall.
- Benjamin, W. (1936). L'œuvre d'art à l'époque de sa reproductibilité
technique [La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica].
(Edición original).
- Greenhalgh, P. (1988). Ephemeral vistas: The Expositions Universelles,
Great Exhibitions and World's Fairs, 1851–1939. Manchester University Press.
- Hacking, J. (Ed.). (2012). Photography: The whole story. Prestel.
- Henkin, D. M. (1998). City reading: Written words and public spaces in
antebellum New York. Columbia University Press.
- Larrinaga, C. (Ed.). (2021). Luis Bolín y el turismo en España entre 1928
y 1952. Marcial Pons.
- Mandell, R. D. (1967). Paris 1900: The great world's fair. University
of Toronto Press.
- Vallejo Pousada, R., & Larrinaga, C. (Eds.). (2018). Los orígenes del turismo moderno en España:
El nacimiento de un país turístico, 1900-1939. Sílex.
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